
No era la primera vez que oía leyendas sobre la Biblioteca Provincial Elvira Cape. Primero había sido un custodio, quien aseguraba que por las noches se oían ruidos raros y luego, cuando quería averiguar de qué se trataba, dejaban de oírse. Risas en el segundo piso, pasos corriendo por las escaleras, música de piano...
Otra trabajadora nos comentaba una vez que, en el fondo oscuro de la Hemeroteca, podía oírse el llanto insistente de un bebé. Y los afortunados que tienen acceso a la sala de Fondos Raros y Valiosos, cuentan sentirse intimidados y molestos frente al gran espejo circular que allí se encuentra.
Pero yo siempre pensé que todo aquello tendría una explicación perfectamente natural. Y es que el cubano “siente cosas”. Si un lugar es lo suficientemente viejo, en la mentalidad popular seguro tiene sus fantasmas, sus historias macabras (reales o no), sus “entes” o “energías” flotando en el aire. La actual Biblioteca Provincial no
escapa de ello. Y no es el único sitio.
El Castillo del Morro cumple con todas las características antes mencionadas: es antiguo (yo diría que sobrecumple con eso), tiene más de una historia tétrica en su haber, hubo muchas muertes y dramas humanos entre sus puertas... Un lugar perfecto para que proliferen los fantasmas. Y vaya si los
hay.
Una trabajadora nos cuenta que en lo profundo de las salas más oscuras pueden oírse llantos y voces “raras”. Hay mazmorras tan sombrías que les ponen los pelos de punta incluso a los más escépticos, por no hablar del Calabozo de la Muerte, que tantas leyendas terribles guarda.
Algunos visitantes aseguran haber sentido alientos fríos en la nuca y ver sombras que al voltearse no estaban. ¿Un castillo “embrujado”, o solamente ilusiones creadas por la impresión de estar en un lugar con siglos de antigüedad, donde generaciones de hombres vivieron, lucharon y murieron?
Pero si eso parece increíble al lector, debería llegarse al actual Archivo Histórico Provincial, antes Vivac, antes Real Cárcel. Abierta en 1845, debido al mal estado e insuficiencia de las pocas celdas regadas por toda la ciudad, la Real Cárcel albergaba en su interior al garrote que se usaba para ejecutar a los prisioneros.
Suficiente para que se oigan, supuestamente, quejidos, llantos, rejas abriéndose a horas imposibles, aires fríos y demás. He estado allí y nunca he sentido nada semejante, pero varios trabajadores me han hablado, como quien no quiere la cosa, de varios fantasmas.
Y es que cuando se hace una reseña de esta ciudad, valdría también hablar de nuestros propios sitios “encantados”, “embrujados” y demás, porque eso solo evidencia que nuestra villa, de más de 500 años, guarda tesoros para todos los gustos.
Y si el lector conoce otros lugares de leyenda, solo tiene que escribir a la página de este periódico en Facebook, o dejar sus comentarios debajo de esta publicación. Tal vez, rebuscando un poco en la historia del lugar, podamos hallar una explicación.
Comentarios
Saludos a mis ex colegas del Sierra continúen con la buena noticia, el que esta lejos se lo agradece
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