Santiago de Cuba no solo alberga un amplio espectro cultural en las más depuradas muestras artísticas, deportivas, culinarias...otra profesión, tan necesaria como el propio hombre, resalta por aquellos baluartes, humanos y materiales, que hacen de la ciudad caribeña un paradigma para la Salud Pública mundial.
La doctora Silvia Carlota Justiz Hernández, pediatra y neumóloga, con 57 años de trabajo, profesora de mérito, y una de las primeras en brindar atención médica infantil en la provincia tras el triunfo de la Revolución Cubana. Por ello, Sierra Maestra se dirigió al Hospital infantil norte “Juan de La Cruz Martínez Maceira”, conocido popularmente como La Ondi, para conversar con esta mujer que tanto ha aportado a la medicina cubana.
“Yo me gradué en el año 1962, en la Universidad de La Habana, la única que existía en el país en aquel entonces. Poco tiempo después, otros recién graduados y yo nos trasladamos hacia la antigua provincia de Oriente, donde ejercimos como médicos y profesores. Fui una de las primeras profesoras que impartieron docencia en la Universidad de Ciencias Médicas de Santiago de Cuba, que recién comenzaba. Desde el inicio me enfoqué hacia la lucha contra la tuberculosis en el niño, algo bastante nuevo para el sistema de salud.
“A petición del Dr. José Ramón Machado Ventura, Ministro de Salud Pública en aquel momento, asumimos la jefatura y toda la actividad que tenía que ver con esta enfermedad que afectaba a un gran número de infantes quienes tenían que ser trasladados al Hospital Ángel Arturo Aballí, en la capital, el único en todo el país que atendía este padecimiento. Y fue en ese momento cuando solicitaron mi estancia permanente acá por la escasez de médicos que había.
“El grupo arribó a Santiago el 21 de abril de 1962, y algunos nos hemos mantenido para cumplir con nuestra Patria y la humanidad. Estar donde era necesario, apoyando la Revolución que recién comenzaba a echar raíces. Para todos nosotros era muy significativo estar en una provincia donde tantos ofrecieron su vida para lograr este espacio, en que nuestros niños puedan gozar del mejor sistema social que pudieran tener, protegidos, amparados, atendidos por el gobierno, al punto de ser la prioridad en todos los ámbitos.
¿Cómo ha logrado enlazar la profesión de médico con la de ser madre?
“Gracias a la comprensión de mi familia, que se trasladó junto conmigo de La Habana, recibí mucha ayuda en la crianza de mis hijos. Mis padres fueron muy necesarios en este sentido, ellos siempre estuvieron apoyándome, haciendo posible que mis hijos siempre estuvieran atendidos lo que me permitió realizar todas las actividades que demandaba la profesión y que ocupaban casi todo mi tiempo. En aquel tiempo yo era residente de pediatría en horas de la mañana; jefa de servicios de Neumotisiología en la antigua sala de niños con tuberculosis en el Hospital Ambrosio Grillo; y jefa del Sanatorio de recuperación antituberculosa, en Punta Gorda, para dar seguimiento a todos aquellos niños que habían padecido la enfermedad pero que aún no podían exponerse pues era considerada muy transmisible. También, era subdirectora facultativa del Hospital Infantil Norte.
Como médico, ¿qué valor le otorga usted al factor humano en el trato a los pacientes y sus familiares?
“Trabajar con los niños, con sus familiares, es algo especial, y ha aportado mucho a mi carrera. Trabajar con ellos fue lo que nos permitió aprender de verdad. La familia, con su agradecimiento ha hecho muy satisfactorio nuestro quehacer porque, cuando un médico ve al niño recuperado y a un padre que da las gracias, se percata que la profesión le ha permitido cumplir un rol humano extraordinario.
¿Por qué es importante el trabajo docente en la medicina?
“Bueno, en todas las profesiones, oficios, y especialidades, el trabajo docente es fundamental. En mi caso, me permitió aprender a devolver la salud, a cuidarla, y a promocionarla. Sin una buena metodología de aprendizaje no puede haber una adecuada atención. Un ejemplo sencillo, si nosotros, los que trabajamos con neonatos, no conociéramos la composición de la leche materna, no pudiéramos pedirle a una madre que ejerza la lactancia para la alimentación de su hijo pues, esto ayuda a inmunizar al niño; algo sumamente necesario.
“Hemos recibido estímulos contantes de nuestras organizaciones políticas, de masas, y administrativas, quienes han puesto su fe en nosotros, en el equipo que aún se presenta ante las adversidades. Llevamos 55 años en Santiago y han sido diversos los reconocimientos por el trabajo docente y práctico. En este sentido, hace poco recibimos la Orden Jesús Menéndez, que otorga la Central de Trabajadores de Cuba. También, las medallas por medio siglo de fundada la Universidad de Ciencias Médicas; pero, más grande que eso es la alegría, el cariño, y el reconocimiento de los médicos que hemos graduado y que llevan un pedacito de nuestra devoción en su vida”.