El tesoro más grande: LA VIDA+ Vídeo

Categoría: Especiales
Escrito por Mayte García Tintoré
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vida1Quién dijo que todo está perdido, le escuché decir a una joven coqueta, esbelta y repintada que desandaba con muletas por la barriada de El Tivolí; para entonces, todos comentaban su historia, lo difícil fue entender cómo nada le apagó su sonrisa. (Vídeo)

"Conocí la muerte -me dijo- una nube negra se posó delante; solo sentí un grito ¡Cuidado! y ahí estaba yo, tirada en plena calle a unos pocos metros de mi casa, con una pierna destrozada, pero segura de que mi niña estaba a salvo.

vida"Un carro parqueado se vino cuesta abajo al perder la emergencia, eso escuché entre tantos gritos de ¡Auxilio! y manos solidarias que buscaban la manera de llevarme hacia el Hospital Militar, el más cercano. Mi pierna iba soltando los pedazos y yo, dejaba el alma en cada uno.

"Lloré, lloré y mucho: al oír que debían de amputar para salvarme, tras cada cura, a la hora del baño, cuando intentaba moverme en la cama, en las primeras sesiones de recuperación; no puedo negar que fueron horas amargas, de mucho dolor en el cuerpo y en el alma.

"Fue el 28 de enero de 2012. Aquel accidente me cambió la vida, mutiló mi cuerpo, pero no mis sueños, menos mi sonrisa", dijo Misleidis García Zamora, quien ahora lleva en su pecho dos medallas, alcanzadas tras su participación en campeonatos para discapacitados.

vida2"Un buen día Yunier, profesor de Atletismo de la ciudad deportiva, me visitó pues le habían hablado de mí; me propuso empezar a practicar deporte; la respuesta fue Sí, y desde entonces quedé atrapada.

"Me incorporé al deporte para discapacitados en la especialidad de Bala, Disco y Jabalina -por dos años-, luego incursioné en el Levantamiento de pesas y también en el Voleibol sentado.

"Lo siento como un hobby, pero en verdad ha sido un relajante muscular y mental; después del accidente me aferré a la vida; días, meses y años rehabilitándome, no tengo con qué pagarles a los médicos, técnicos y fisiatras del Hospital Militar por tanta dedicación y entrega.

"Ahora tuve una rehabilitación para andar sin muletas con la prótesis, aunque no he podido lograrlo -al menos fuera de casa- sé que es un reto y que más temprano que tarde va a suceder, porque le estoy poniendo ganas.

“A Bertha Ileana, fisiatra de ese centro hospitalario le debo mucho, con ella también aprendí manualidades, a coser, y ahora le doy al pedal tan rápido como cualquier costurera profesional; es fabuloso oír el ruido de mi máquina de coser, todo el que me ve se asombra de lo diestra.

"Empezar a tener resultados me inspiró, me hizo soñar en grande, cosas inimaginables hoy se descubren ante mí como realidades. Medallas, reconocimientos, nuevas amistades, un universo de posibilidades esperando. Por fortuna en el Inder mi vida cambió, se habían cerrado  puertas, ahora se abren miles.

“Tras el accidente mi esposo me abandonó, le faltó amor para enfrentar la realidad, ¡sin una pierna!, figúrese usted -qué cobardía verdad- mas ahora tengo un hombre que me acompaña, que no me tiene lástima, que no siente pena de andar con una mujer discapacitada, porque no me considero inválida, para nada, le he demostrado al mundo y me he probado yo, que todo es posible. No creo en barreras, las derribo con tesón. 

vida3“No pienso en el pasado, todavía duele; la gente a veces mira con indiscreción, pero a todo uno se acostumbra. La sociedad tiene que prepararse mucho más para asumir a los discapacitados como personas normales. Desafortunadamente aún son incontables las barreras arquitectónicas, y muchas  barreras mentales, personas que creen que  porque te falta una pierna, un brazo, eres débil visual, ciego, sordo o con  limitaciones físicas, no podrás asumir una responsabilidad, desempeñar un oficio; queda mucha batalla por ganar.

“Soy una mujer feliz, aprendí lo bueno de lo malo y eso me ha hecho grande. Tengo a Erika y Enmanuel, mis dos hijos que adoro; poseo el don del amor, porque amo y soy correspondida; tengo la fortuna de vivir en un país donde las personas como yo gozan de iguales derechos y son prioridad; y ahora  también cuento con un futuro por delante en el deporte para discapacitados, tengo, sobre todas las cosas, el tesoro más grande: la vida.

 

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