Quizás nos perdimos de la fiesta por la centuria de Lucía Guilarte Matos, el pasado 4 de marzo; sin embargo recibimos el mensaje y sentimos la sensación de que fue en grande junto a sus familiares y vecinos de la carretera que une al poblado de Mayarí Arriba, cabecera del municipio de Segundo Frente, con la pintoresca demarcación de Mícara Militar.
A decir de su hija Ananania Moreira Guilarte, una de las menores entre los 16 hijos de Lucía, de ellos cinco hembras, llegó a sus 100 años de vida con mucha vitalidad, lucidez y salud, aptitudes que se traducen en su permanente alegría y eternas ganas de seguir adicionándole años a su almanaque por estos históricos parajes, escenario de luchas del II Frente Oriental Frank País, a donde llegó para establecerse finalmente hace alrededor de cinco años.
Rememora su infancia, que en nada discrepa con la vivida por los niños y niñas del campo cubano antes del Triunfo de la Revolución en 1959. Fue muy difícil, afirma Lucía, quien desde los ocho años comenzó a trabajar duro para ayudar a la familia, ya sea en los quehaceres de la casa como en los cafetales, campos cacaoteros u otras labores agrícolas, tareas que mucho contribuyeron en esa etapa inicial de la vida para encaminar y llevar adelante su matrimonio con Jesús Moreira y la pléyade de hijos.
Manifiesta, que siempre inculcó a sus descendientes el amor al trabajo como fuente de riqueza y salud, una lección que también me agradecen los 54 nietos, 90 biznietos y 12 tataranietos, quienes no desaprovechan ninguna oportunidad para solicitar a Lucía la interpretación de un armonioso y sabroso nengón, ese contagioso género musical -variante del son- que tiene sus raíces en la ladera sur de la montaña de Imías, en la región de Baracoa, provincia de Guantánamo.
En ocasión de su onomástico, y acompañada a la guitarra de su hijo Sotero Moreira Guilarte, conocido popularmente como Toto, volvió a zarandear las maracas con mucha vivacidad y destreza entre sus manos, mientras su tenue voz repetía el coro “...cógelo para ti nengón.”
Tanto Ananania como Toto, conservan hermosos recuerdos de su madre a quien agradecen el ejemplo como mujer revolucionaria, cederista, federada y campesina, además del desvelo hacia valores humanos como el respeto, la honradez, el desinterés, la solidaridad y el amor al trabajo y la Patria, entre otros.
Reconoce esta centenaria mujer, que su supervivencia ha estado ligada al amor que siempre ha sentido por su familia; sin embargo afirma que desde, que definitivamente decidió vivir con su yerna Yoiri y su hijo Toto ha enfrentado nuevas oportunidades de sentirse útil y deseos de seguir existiendo, de ahí que con emoción y agradecimiento expresó “...quien no quiere a Yoiri no quiere a nadie.”
Ella, afirma que proviene de una familia muy longeva y por tanto no dejará de seguirle los pasos a su hermana de 105 años quien vive en la provincia de Ciego de Ávila, o de su padre que llegó hasta los 101. “Yo aspiro a mucho más y por eso a ritmo de nengón me mantengo”, dijo finalmente Lucía.