Él siempre ha sido mi héroe, y por lo que conozco de su vida y su historia, también ha sido el de muchos, pues los jóvenes que lucharon en la Sierra Maestra junto a Fidel Castro, fueron libertadores de miles de cubanos.
Mi abuelo militó en la juventud ortodoxa, fue luchador clandestino, de los que ponían petardos y banderas a favor del Movimiento 26 de Julio; recopiló armas, medicamentos… todos destinados para el Ejército Rebelde.
En una ocasión, después de la Huelga del 9 de abril le avisaron que su vida estaba en riesgo y dejó su casa, familia y su pueblo allá por Moa, antigua provincia de Oriente y subió para la montaña. Se incorporó a un grupo que dirigía Ofelio González, de la columna 19 del II Frente Oriental.
“En mi imaginación, como joven al fin, iba con la idea de que cuando vas para la guerra te dan uniforme, botas, mochila, pero cuando llegué a la Sierra, después de una caminata larga y agotadora, no había nada… y así me pasé un largo tiempo con mi misma ropa y con zapatos mocasines, así que te podrás imaginar cómo fueron los primeros días”, recuerda José Emilio Camejo Acosta.
“Como tenía conocimiento, porque me crié en las minas de Cayo Guan, me dieron la misión de buscar máquina herramienta, es decir tornos, taladros, para montar una fábrica de explosivos y todas las bombas grandes y pequeñas utilizadas en la lucha, fueron fabricadas por nosotros.
“Posteriormente me pasan de la columna 19 para la Fuerza Aérea Rebelde y allí estuve en Soledad de Mayarí hasta el final de la guerra. Nosotros teníamos armamento y aviones bien potentes y pilotos muy excelentes, recuerdo a Luis Alfonso Silva Tablada, que posteriormente murió en Girón.
“Como estaba en el II Frente Oriental tuve el privilegio de conocer a Raúl Castro, un hombre muy inteligente, audaz, de carácter, afable y cariñoso con los combatientes. Y Vilma Espín iba mucho al campamento de nosotros. Siempre estaba con los rebeldes, era una ingeniera química que nos aportó mucho conocimiento. Ella fue la primera persona que nos llevó uniforme verde olivo”, comentó Camejo.
Los últimos días de la guerra los recuerda muy bien, y no deja de mencionar la figura de Fidel, pues en una de las tantas misiones que cumplió lo mandaron para Palma Soriano, donde se encontraba el puesto de mando central.
“Cuando vi a Fidel, ese día supe que ya casi estaba ganada la guerra, pues su imagen era como la de Maceo, caminaba de un lugar a otro, firme, seguro, dando órdenes… yo me puse muy contento porque había visto al Jefe, al líder de la tropa, y eso me llenó de seguridad”, destacó.
De regreso a su campamento mi abuelo iba en un caballo y justo el 1 de enero de 1959, como a las 10 de la mañana, una campesinita lo llamó y le dijo ¡Rebelde, Rebelde, huyó Batista!, ¡La radio lo está diciendo! Ese también fue su triunfo. Ese día también se convirtió en héroe, mi héroe aunque yo no pensaba ni nacer.
De la alegría que sintieron todos sus compañeros sobran las palabras para describirlo, su mirada y su rostro así lo reflejan. Júbilo, aún aunque hayan pasado ya 60 años.
Después de esa fecha, mi abuelo continuó para La Habana, como integrante de la Fuerza Aérea Rebelde, y allí conoció al Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque, con quien trabajó hasta el día en que murió.
“Yo vivo agradecido de haber estado bajo la guía de Fidel y Raúl, y la Revolución es la obra más hermosa. Ahora en estos 60 años pienso en todos los compañeros que cayeron y no pudieron ver toda esta obra.
“Es verdad que los combatientes tenemos necesidades igual que el pueblo, pero nos llena de satisfacción esa parte espiritual, digamos por ejemplo cuando uno ve la avenida Patria, cuando va al cementerio y ve a todos los próceres juntos, uno de verdad se emociona. Además uno contempla Santiago y la ve tan distinta a como era en 1959, nuestra ciudad es hermosa y eso a nosotros nos llena de satisfacción”, exclamó.
Mi abuelo Camejo fue, además, combatiente de Angola, y sé que luchó muchas batallas, en su vida profesional, espiritual, en la crianza de sus hijos, de sus nietos y ahora de dos bisnietos.
Su historia no es la de un animado, es la nuestra, la de Cuba, la de la Sierra Maestra, esa que vio a muchos jóvenes forjarse en la lucha y ser después héroes de pueblo. Como mi abuelo, sé que en Cuba hay muchos héroes favoritos.