¡Atentos! Podemos “comernos” las enfermedades
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- Categoría: Especiales
- Escrito por Yanet Alina Camejo Fernández / Fotos: Tomadas de Internet
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¿Es totalmente seguro lo que comemos en la calle o en casa? ¿Tienen todas las medidas higiénicas los productos a la venta? ¿Existe alguna política que vele por la calidad de los alimentos?
A veces pasamos de largo estas interrogantes y solo nos dedicamos a vivir el momento. La necesidad o la premura del diarismo nos obliga a cerrar los ojos, pero sin pensarlo, en ocasiones, nos estamos llevando a la boca microorganismos patógenos causantes de muchas enfermedades.
Indagando al interior de la temática descubrimos que realmente nos falta mucho por conocer. No por gusto constituye un tema reiterativo en nuestros medios de comunicación la importancia de la higiene, del lavado de las manos, de la cocción correcta de los alimentos y de la necesidad de hervir el agua de tomar.
Recientemente en un taller sobre inocuidad y calidad de los alimentos especialistas comentaba que en nuestro territorio se hace necesaria una mayor cultura al respecto, tanto de directivos como de personas en general.
Pero ¿qué entendemos por inocuidad?, partiendo del concepto inocuidad que se refiere al conjunto de condiciones y medidas necesarias durante la producción, almacenamiento, distribución y preparación de alimentos para asegurar que una vez ingeridos, no representen un riesgo para la salud.
Según especialistas, en Santiago de Cuba todavía se hace necesario una mejor gestión de las entidades para mantener sus productos inocuos.
De ahí la importancia de crear condiciones de calidad en los establecimientos que de una forma u otra se ven implicados en la larga cadena de pasos que lleva la alimentación desde su cosecha hasta el punto final, que sería la ingestión del mismo.
Al respecto la Doctora Tayseth Fuente Roja, vicedirectora de Salud Ambiental, del Centro Provincial de Higiene, Epidemiología y Microbiología, comentó que el territorio tiene un estado de proceso de tramitación de Licencia Sanitaria que no es el deseado; que hay entidades con tecnología obsoleta que no pueden de ninguna forma garantizar la inocuidad; hay establecimientos que violan o alteran pasos por los que transita la calidad.
“Poniendo un ejemplo, en la primera etapa algunas industrias tienen un Sistema de Calidad que de alguna forma garantizan que la inocuidad esté presente en los productos que salen, a pesar de contar con algunas tecnologías obsoletas”, puntualizó Fuente.
“Hablamos de los productos cárnicos, lácteos, pesca, frutas conservas, vegetales, enlatados y demás que se venden en los mercados, esos productos si tienen una garantía.
“Sin embargo una segunda etapa pasa por el expendio. Se puede haber hecho un producto con mucha calidad en una industria pero si cuando sale de la industria no posee las condiciones que tiene que tener el producto para el expendio, entonces consideramos que se ha perdido la batalla, porque pierde la inocuidad inicial”, puntualizó.
“Esta segunda etapa no es que sea la más importante pero si es la más definitoria en la presencia de enfermedades o no en el que va a consumir, a partir de que lleva la manipulación añadida al expendio.
“Y precisamente en eso, en el territorio tenemos que ganar muchísimo, porque no es para nadie un secreto que las condiciones de manipulación que garantiza hoy, por ejemplo la esfera del Comercio, no es la que nosotros quisiéramos; hay baja percepción del riesgo por los manipuladores”, puntualizó.
Ejemplos sobran: a simple vista se pueden observar la carencia de pinzas para coger los productos, la mala conservación y refrigeración de los cárnicos, la venta de alimentos en lugares que no tienen las condiciones aledañas correctas como por ejemplo las hechas en la vía pública, y demás cuestiones que afectan el proceso.
Con respecto a las ventas en la vía pública, la Doctora señaló que las mismas son muy riesgosas porque no hay disposición de residuales de lo que se genera en eso lugares que se vende, no hay nada para que los manipuladores se laven las manos, no hay abasto de agua en cantidad y calidad suficiente que son los parámetros comunes que tienen que tener todos los establecimientos para esa calidad.
“No se garantiza un tapado hermético de la disposición de los residuales sólidos, que en la vía pública es muy difícil garantizarlo y si a esto le añadimos que en los lugares que se expende de esta manera no se dispone en alguna medida de baños, entonces estamos diciendo que también se está afectando sanitariamente el entorno”, recalcó.
Según información del Centro de Higiene, el mayor número de enfermedades por ingestión de alimentos que se han dado este año en el territorio, está dado por la mala manipulación en las viviendas que ha provocado brotes incluso en familias completas.
De ahí que la especialista recalcara la importancia de extremar las medidas de conservación, higiene, mantener siempre el lavado de manos y educar a los niños en ese sentido.
También, se debe tener en cuenta que los alimentos necesitados de refrigeración hay que ponerlos en equipos para estos fines, y separar los crudos de los cocinados; no recalentar la comida, porque los patógenos son eliminados cuando la temperatura llega a los 70 grados y desde por la mañana hasta por la noche puede estar ya contaminada.
Aunque sea reiterativo, la salud de las personas está en sus propias manos, tanto en casa como en otros entornos, y en el cuidado que pongan en su gestión, los directivos encargados de vender, cosechar y trasladar los productos. Tener responsabilidad sería lo correcto porque ¡atentos! podríamos llevar a nuestros hogares las enfermedades.

