Prisciliana Sánchez Vázquez, a sus 103 años, tiene 15 hijos, 53 nietos, unos 57 bisnietos y de los tataranietos han perdido la cuenta, aunque su hija calcula más de diez ya. Todas esas contundentes y asombrosas cifras no son nada al lado de las mil historias que podrían contarse de ella.
Parece ser que en su natal Mangos de Baraguá se encuentra la Fuente de la Juventud, porque su esposo falleció a la increíble edad de 111 años. Prisciliana padece del corazón, sin embargo sigue ahí, con una permanente sonrisa en el rostro. A pesar de que los años han ido oscureciendo la mente de esta longeva señora, toma las manos del visitante y lo mantiene muy cerca de sí. Escucha atentamente, aunque no puede evitar repetir las mismas preguntas. Sin embargo, la paciencia surge con facilidad en el corazón de los afortunados de conocerla.
Porque Prisciliana escucha con atención, se preocupa, busca la compañía de otros, acaricia suavemente, no quiere soltarse del abrazo, sonríe. No importa cuánto haya perdido, el amor y la dulzura parecen sustituirlo todo. Su hija la atiende con presteza y ternura conmovedoras. “A los hijos no hay que obligarlos a cuidar a los padres”, me dice, mirando con una mezcla de tristeza y devoción a su madre. “Los padres deben ser acogidos pensando en el cuidado y la educación que les debemos. Nos dieron la vida. A mi madre hay que quererla como un tesoro”.
Prisciliana ayudó a los rebeldes en su casita en el campo. Los escondía en el sótano, les daba comida. Ella y el esposo mandaban a los niños a jugar al frente de la casa o al patio, para que el enemigo no notara nada raro. Nunca aprendió a leer, pero educó a su descendencia en valores y principios, y se preocupó a conciencia por su instrucción.
Efectivamente, pasar un rato en compañía de esta abuela es un tesoro inolvidable. Al regreso, las palabras sobran. Uno ha visto todo lo que debía ver. El tiempo, como dice la canción, no perdona, no se detiene, quita al mismo tiempo que da. Pero hay una fuerza más grande, una solución al alcance de cualquier mano. Simplemente el amor.