Luis Leonel Moya Castañeda ofrece voluntariamente el plasma de su sangre cada 15 días desde hace 25 años. Empezó como donador de sangre total en el Banco Provincial “Renato Guitart Rosell”, cuando apenas entraba en sus veinte años. Hoy a sus 55, suma ya 430 donaciones.
“Comencé por una tradición familiar: mis hermanos todos son donantes igual que yo, aunque algunos ya se han retirado porque tienen más de 60 años. Seguí su ejemplo y analicé que mi sangre podía ser útil para el tratamiento de algunas personas.
“Mi grupo sanguíneo es AB-, y la dirección del Banco me solicitó ser donante especial para utilizar el plasma para realizar vacunas y medicinas. Accedí de inmediato, porque la labor sería mucho más transcendental todavía”, afirmó Moya.
Los donantes especiales pertenecen a un grupo menos conocido pero igualmente importante. El plasma que se adquiere a través de la máquina de aféresis, va destinado a la industria farmacéutica, para la producción de medicamentos, por lo que estas personas tienen diferentes clasificaciones.
Por un lado, los donantes de plasma normal, que se utiliza para hacer albúminas, y algunos componentes para las terapias; los que donan plasma hiperinmune anti hepatitis B, para hacer todo lo relacionado con contrarrestar esta enfermedad; así como los donantes de plasma hiperinmune anti-D, del que se extraen los reactivos necesarios y las vacunas que hacen falta para este programa tan útil en embarazadas.
En tal sentido, los donantes de plasma tienen un valor importante para la salud pública de una manera indirecta. En la provincia de Santiago de Cuba, existen alrededor de 350 donantes especiales, y Luis Moya es uno de ellos.
“Donar plasma no es más difícil. Es verdad que tenemos que hacerlo cada 15 días pero nuestro cuerpo se va adaptando a ese sistema. Eso sí, hay que cuidarse: alimentarse bien, no fumar, no excederse con la bebida, realizar ejercicios de vez en cuando...
“Me siento muy bien donando y lo haré hasta que mi cuerpo me lo permita. Creo que estos productos, la sangre y el plasma en mi caso particular, son muy preciados para los niños, ancianos, gestantes, y para cualquiera que lo necesite en un momento determinado. Entiendo que yo contribuyo de esta forma como ciudadano cubano a nuestra sociedad”, argumentó.
Luis Leonel se encuentra actualmente al frente de una brigada de las fuerzas de la ECOA 57. En el año 2011 tuvo la oportunidad de cumplir misión internacionalista en Venezuela como constructor, y por allá ante la petición de las autoridades pertinentes, también donó su sangre junto a un grupo de sus compañeros.
Vecino del Edificio 20 de Carretera de Punta Gorda, este humilde y laborioso santiaguero, tiene solo un “sinsabor” en su vida: siente que en su CDR pasa desapercibido como donante, lo que limita sus aspiraciones de obtener algún día el Sello 28 de Septiembre, que debe ser propuesto desde la base de esta organización de masas.
Sin embargo, el gesto altruista que ha llevado a cabo durante la mitad de su vida, lo realiza sin ningún interés. En más de 25 años como donante, Luis Moya nunca ha pensado en cuántas personas están vivas gracias a su acción voluntaria.
De cualquier manera se siente contento, orgulloso y halagado de participar con su sangre y su plasma, aunque de manera anónima, en la felicidad y el bienestar de otras personas; su satisfacción se encuentra en ser útil para los demás, pues como expresó la Madre Teresa de Calcuta: “El que no vive para servir, no sirve para vivir”.