Santiago de Cuba, / ISSN 1681-9969

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Ocaña Odio: el fotógrafo que retrató a la historia

Ernesto Ocaña Odio

Santiago de Cuba, junio 11.- Fue una suerte para el aprendiz de reportero, llegar en 1969 al periódico Sierra Maestra (editado en esta ciudad clandestinamente desde 1957 y luego del triunfó de la Revolución, oficialmente desde enero de 1959) y encontrar en la redacción del diario a Ernesto Ocaña Odio, el fotógrafo que con su cámara eternizó aquellas imágenes en julio de 1953, apenas dos horas después de comenzar el asalto al “Moncada”, la segunda fortaleza militar en Cuba de la tiranía de Fulgencio Batista Zaldívar.


“Ocaña estuvo en el Moncada cuando lo del 26 de Julio”, se comentó entre los principiantes. Pero ya para ese momento el viejo no fruncía el ceño cuando las bisagras de la doble puerta del “cuarto oscuro”, anunciaban nuestra presencia. Ocurre que Ernesto “descubrió” el interés del novato por conocer “todo” sobre cómo hacer un periódico. Y el avezado fotógrafo sirvió como guía al novato, porque además de maestro de la lente era muy hábil en el laboratorio de revelado y le sabía un mundo a la gestión reporteril.

fidel preso en 1953Tenía el uno en eso de “levantar una imagen” en el papel fotográfico, interponiendo entre este y la luz de la ampliadora con el negativo, las manos entrelazadas, que unía y distanciaba rítmicamente como las lentillas en el interior de la cámara, para dar “golpes de luz” sobre la cartulina sensible.
A veces sacaba las fotos de la cubeta con químicos, o los rollos de los barrilitos, los escurría y les aplicaba aliento de su boca “para ayudarlos”. Y es que Kodak y Agfa, de USA y Alemania, respectivamente, cortaron el suministro y hubo que inventar.
Cuando la época en que uno debía enfocar manualmente el objetivo, Ocaña decía: “Si vas a hacer una foto vertical, primero enfocas horizontalmente y luego giras la cámara”. Así iba trasmitiendo sus habilidades atesoradas en los escenarios más diversos.
Otra cosa era el tabaco con ese el olor penetrante del “cabo” con el que Ocaña disfrutaba mientras trabajaba. Sin tocarlo, lo movía de un lado a otro de los labios, y por momento hasta lo mascaba. Para disuadirlo, una vez le llevó tabacos nuevos:
-- Mira, Ernesto, para que botes el “cabo” ese...
-- Así nuevos son una mierda. Este, chiquito y blandito, es como me gusta.
A pesar de su protagonismo en los acontecimientos del Cuartel Moncada, el fotógrafo no hablaba con frecuencia de estos. Pero sí, fue una realidad su protagonismo, porque debido a él una parte muy importante de la constancia gráfica que atesora hoy Cuba sobre los primeros momentos que siguieron al asalto, y de las jornadas ulteriores se debe a Ernesto Ocaña Odio. Quizás él prefería no recordar.
En otro momento, fue más explícito sobre la muerte de Frank País. Relató Ocaña, que en aquella tarde fatídica, a más de una cuadra del Callejón del Muro, escenario del crimen alevoso del 30 de julio de 1957, un cerco policial no permitía pasar a nadie. La gente se aglomeró y Ernesto estaba allí.
Dijo que se impresionó mucho, cuando desde lejos lo vio el teniente coronel José María Salas Cañizares y le vociferó a sus esbirros ‘Tráiganme al fotógrafo ese’. No recuerda qué tiempo transcurrió hasta llegar junto al connotado asesino, apodado “Masacre” por sus atropellos contra los revolucionarios, la juventud y el pueblo en Santiago de Cuba, quien en un acto de cinismo inaudito, tranquilamente desabrochó la cartuchera, extrajo su pistola 45, se inclinó sobre el cuerpo sin vida de Frank, le colocó el arma cerca de la mano y le dijo a Ernesto: “Mira, tú, tírale una foto y que se vea bien la pistola, que con esa quiso matarme”.muerte de farnk
Para la historia quedó la imagen gloriosa del joven revolucionario asesinado cruelmente junto a su compañero Raúl Pujols. Un mes antes, Ocaña había fotografiado el vehículo en el que fueron abatidos Josué País, Floro Vistel y Salvador Pascual.
Quizás tantas experiencias cruentas como las del “Moncada” y las vividas en las calles santiagueras opacaron un tanto la alegría de Ernesto. Pero nunca se vio un gesto de arrogancia en él. Cuando trataba de explicar algo movía el cabo de tabaco en la boca. En ocasiones hablaba y hablaba sobre cómo fotografiar en el mar, en la tierra, en los fuegos, en los terremotos..., en las circunstancias en que brotaba el arte de su creación, especialmente en los retratos, en imágenes artísticas.
Del “Moncada” en verdad no hacía mucha referencia. Sin embargo, luego del retiro y en la tranquilidad del hogar en el barrio Tivolí, en Santiago de Cuba, la cercanía de la familia y la visión que tuvieron su hijo, Humberto Ocaña Dayar, y su nuera Mirna Caballero Rodríguez se imbricaron para lograr el testimonio de Ernesto sobre los hechos del 26 de Julio de 1953. En síntesis:
“Yo sentí los tiros de madrugada, como toda la ciudad, y me fui a la carrera para el periódico. Allí me encontré con el periodista Pablo Milá Ortiz... nos fuimos para el Moncada a ver qué pasaba. Más tarde también vi a la joven y bella periodista y escritora Marta Rojas, quien me dijo que estaba en Santiago porque deseaba hacer una crónica de los fabulosos carnavales que aquí se daban, pero que al ver lo que estaba pasando ya había cambiado de idea.
“Serían como las 7:30 de la mañana, el tiroteo se mantenía al llegar nosotros al cuartel. Vi soldados muertos y empecé a tirar fotos. Nos metimos en el edificio y caímos presos. Con las manos en alto me condujeron a culatazos y me tumbaron. Me destrozaron la cámara Speed Graphic que yo acababa de comprar. Me había costado 525 pesos... Al ver el lente en el suelo me agaché para recogerlo, y me vuelven a dar de culatazos... me apuntan con los fusiles. En eso llega Chaviano, el jefe del Cuartel. Me hubieran matado ahí mismo si él no grita: ¡Respeten a ese hombre que es periodista! A aquel sujeto le gustaba congraciarse con la prensa, tenía manía de publicidad, de salir en los periódicos, y eso fue lo que me salvó... Entonces nos botaron a Pablito y a mí del cuartel.
“Poco después del mediodía, cerca de las tres de la tarde, un soldado vino a buscarme por orden de Chaviano y me condujo a un despacho donde él se encontraba. Me preguntó que qué yo hacía allí por la mañana, y yo le respondí: Usted lo dijo antes, Coronel, soy periodista. Él insistió: ¿Cómo se te ocurre meterte en una guerra? Si yo no te veo, te matan. Dio órdenes de que me condujeran a otro saloncito... y al poco rato llegó el fotógrafo Panchito Cano, que era muy conocido de Chaviano por haber sido fotógrafo del Ejército.
“Desde nuestro puesto veíamos pasar a los jóvenes detenidos y casi seguidamente escuchábamos ráfagas de ametralladoras. Primero los entraban al despacho del Coronel. Desde allí los bajaban por una escalera que conducía al garaje, y en el patio, a unos escasos metros de donde nos encontrábamos, los asesinaban... Éramos testigos del crimen. Y ya me imaginaba que pronto sería nuestro turno.
“También me pregunté si sería una rebelión entre soldados contra Batista, pero... me convencí de que los atacantes eran revolucionarios. Poco después llegaron otros periodistas... pensé que eso al menos me aseguraba la vida por el momento. Es entonces cuando Chaviano vocifera a la prensa: ¡Vayan para que vean a los que se metieron aquí para matarnos!
“Un oficial nos guió en la marcha: un recorrido espeluznante por varias áreas del Cuartel. Así vi cadáveres mutilados y con uniformes nuevos puestos. Capté... que aquellos eran los jóvenes que hacía unos momentos habíamos visto pasar vivos... y aparecían destrozados... A algunos se les notaba, por el ensañamiento de las heridas, que habían sido torturados ferozmente.
“Yo traía mi cámara anterior, la vieja que me quedaba, montada con doce placas fotográficas de 4 por 5... Tiré las doce fotos y monté otro rollo. Por precaución... guardé el rollo que había utilizado bien oculto entre mis ropas... Nos llevan de nuevo donde el Coronel, quien nos dice: ¡Nada de fotos, entreguen las películas aquí y que sean todas! Con esto nos advertía del peligro de ocultar algunas.

asesinados por batista
“Yo revelé mis placas en mi taller del Diario de Cuba. También revelé las de Panchito Cano, que había guardado igualmente doce fotos. Él había hablado ya por teléfono con el director de Bohemia, y le había dicho que tenía fotos del Moncada. Me dio a entender que las iba a vender allá en La Habana. Miró mis negativos y se sorprendió. Me pregunta: ¿Y tú que vas a hacer con las tuyas?
“Yo sabía que no las iba a poder publicar en Santiago. Recordaba la cara siniestra de Chaviano... y le dije a Panchito que las guardaría. Entonces él me las pidió para llevarlas a La Habana. Yo no tenía posibilidad de escapar con vida en caso de publicarlas en Santiago, también tenía a mi familia que me necesitaba. Se las entregué y me enteré que se había ido con Marta Rojas esa misma tarde, y que ella había guardado los rollos entre sus ropas.
“Luego vi muchas de mis fotos junto a las de Panchito, bajo su crédito, y así han seguido.
“Cuando aparecieron las fotos en la prensa habanera Chaviano me mandó a detener. Me increpó con furia y me preguntó si me había quedado con alguna fotografía. Por supuesto, le dije que no. Entonces me dijo que Panchito le hizo una jugarreta y que lo iba a matar. Me advirtió que tuviera cuidado y que procurara que ninguna de esas fotos fueran mías. Entonces me soltó.
“Enseguida llamé a Carlos Nicot, el presidente de la Asociación de Periodistas Locales y le conté lo sucedido. Este llamó a Quevedo a La Habana, para que Panchito tomara las medidas... y no se apareciera más por aquí.
“Al correrse la voz en el Diario de que llevaban a Fidel al Vivac... no perdí tiempo y salí corriendo para allá... pues yo trabajaba a solo dos cuadras... Rápidamente me puse a tomar ángulos para mis fotos. Había en aquel joven una personalidad muy fuerte. Lo vi así. En un momento, por casualidad, lo colocaron junto a un cuadro de Martí que había en la pared y le tiré esa foto conocida que ha recorrido el mundo, junto a otras más. Pensé que de verdad eran el maestro y su discípulo. ¡Qué aplomo y qué valentía la de este muchacho tan joven!; pensaba mientras lo fotografiaba.”
CASI UN SIGLO CON ERNESTO
Ernesto Ocaña Odio nació el 11 de noviembre de 1904 en la calle Santa Rita esquina a Barracones, en la zona baja del barrio Tivolí, en Santiago de Cuba. Eran cuatro hermanos y los padres José de la Paz Ocaña y Felipa Odio que formaban parte de las clases más bajas de la sociedad cubana de entonces.
De niño, Ernesto vivió en una zona rural de Guantánamo con un tío fotógrafo que lo inicia en la especialidad de la que el familiar abre un negocio en la ciudad santiaguera. Allí Ocaña es empleado.
Trabaja en varios negocios fotográficos y adquiere más habilidad; labora en Palma Soriano, en Holguín, y en 1929 entra como auxiliar de fotógrafo en el Diario de Cuba.
En 1933 ya es oficialmente reportero gráfico y sus fotos graban sucesos como: Kid Chocolate en Santiago de Cuba, ras de mar en Santa Cruz del Sur, la lucha contra Machado, el sepelio de América Lavadí... A mitad de la centuria ya Ernesto es un connotado fotógrafo de prensa.
Desde 1956 es profesor con Diploma de Honor en la Escuela de Periodismo Mariano Corona, en los altos del edificio de Heredia y San Pedro, luego taller del pintor, el maestro Ferrer Cabello.
La opinión pública se estremece en 1957 con su foto de mujeres santiagueras vestidas de luto y una tela enorme: CESEN LOS ASESINATOS DE NUESTROS HIJOS. MADRES CUBANAS
En su biografía aparece que en la madrugada del 2 de enero de 1959, en el Ayuntamiento, frente al Parque Céspedes, en Santiago de Cuba, Ocaña es el primer periodista en entrevistar al Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.
Desaparece Diario de Cuba en 1959 y comienza a circular oficialmente el “Sierra Maestra” surgido en la lucha clandestina en 1957. Ernesto es fotógrafo del rotativo oriental. Con su cámara deja para la historia el tema campesino, la firma por Fidel de la Ley de Reforma Agraria, la entrega de títulos de propiedad, las cooperativas, la transformación del campo, el Servicio Médico Rural, las comunidades mineras, el trabajo voluntario, las zafras del pueblo, la Campaña de Alfabetización... El 25 de enero es fotógrafo de la boda del Comandante Raúl Castro y Vilma Espín Guillois.
Luego pasa al laboratorio de revelado e impresión hasta que se jubila en Sierra Maestra, en 1971, aunque continúa sus actividades políticas, sociales y culturales.
Ernesto Ocaña Odio, el célebre Fotógrafo del Moncada, el hombre que legó al periodismo cubano un ejemplo imperecedero de consagración y fidelidad a la profesión, muere de forma natural y ciego, el 5 de septiembre de 2002 en el mismo barrio donde había nacido 98 años atrás.

DE LOS PREMIOS Y RECONOCIMIENTOS
1949 Mejor Fotografía Periodística del Año. Otorga el Alcalde
1951 Mejor Fotografía Periodística del Año. Otorga el Alcalde
1952 Mejor Fotografía Periodística del Año. Otorga el Alcalde
1955 Mejor Fotografía Periodística del Año. Otorga el Alcalde
1956 Mejor Fotografía Periodística del Año. Otorga el Alcalde
1956 Primer Premio de Información Gráfica. Otorga Gobierno
Provincial de Oriente
1957 Primer Premio de Información Gráfica. “Clamor de Madre”.
Otorga Gobierno Provincial de Oriente
1957 Mejor Fotografía Periodística del Año. Otorga el Alcalde
1970 Diploma de Honor por el Día Internacional del Periodista
1980 Medalla Juan Manuel Márquez como fundador de la UPEC
1982 Distinción por la Cultura Nacional, del Ministerio de Cultura
1983 Orden Félix Elmuza, de la UPEC

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