
Aún recuerda este sencillo hombre de campo cuando llegó hace alrededor de siete décadas a esta demarcación de La Jabilla, en el municipio de Songo-La Maya, atraído por el amor de una mujer con quien forjó una hermosa familia, conformada por nueve vástagos –seis hembras y tres varones- que le ratificaron el paso firme y seguro hacia un amor eterno a la vida.
Con esa convicción Fernando Lambert Alcántara, celebró el pasado miércoles sus 101 cumpleaños –nació el 29 de mayo de 1917--, en compañía de sus familiares, vecinos y amigos, entre otros, quienes curiosamente se acercaron para compartir y disfrutar de cerca su vitalidad, lucidez, sabiduría y el por qué no de su filosofía acerca del trabajo, la educación, el respeto y el amor a la Revolución.
Siente orgullo de haber nacido y crecido en el campo, exactamente en la zona de Jarahueca, en el actual municipio de Songo-La Maya, y formar entonces una estirpe de 16 hermanos, de los cuales era el segundo de los mayores del matrimonio de Pedro y Benita. Ellos, me enseñaron desde pequeño que el trabajo forja al hombre en todos los sentidos de la vida, afirma con voz firme y clara este hombre que reiteradamente se levanta con el “cantío” del gallo.
Siempre sonriente y animado al diálogo está presto Fernando, quien rememora que al llegar a esta zona del consejo popular La Sabana, se integró al corte manual de la caña para comenzar a sustentar a su naciente familia. En esa campiña nacieron y se criaron Ángela, Rosa Miriam, María Esther, Berta Luisa, Mabel, Fernando, Rigoberto y Reinaldo, quienes compartieron su memorable onomástico, junto a una representación de sus 21 nietos y otros 24 bisnietos.
La entrega al trabajo, sentido de pertenencia y el amor sin límites a la tierra, enaltecieron la virtud de Fernando, quien transmitió esos valores morales, humanos y sociales a sus hijos.