Para el doctor Arza no hay adiós

Categoría: Especiales
Escrito por Indira Ferrer Alonso / Foto: Guibert
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A quienes conocimos al especialista en Urología, doctor Gilberto Rafael Arza Álvarez, fallecido la víspera en su natal Santiago de Cuba, nos queda –más allá de la tristeza por su deceso- la sensación de haber formado parte en algún momento de la vida de un ser humano extraordinario.


Alegre, divertido y enamorado eterno de la belleza femenina, como el más auténtico de los cubanos, Arza fue un trabajador incansable que hizo de la medicina una filosofía de vida para estar siempre al servicio de los demás, aún a costa de su bienestar.
Arza fue uno de los jóvenes que siendo casi un niño se fue a las montañas a enseñar a leer y a escribir a los campesinos cuando en 1961 Fidel Castro convocó la Campaña de Alfabetización; fue empleado de obras públicas, dirigente estudiantil universitario y en 1973 logró su sueño de graduarse de la carrera de Medicina.
En 45 años de ejercicio, su desempeño constituyó un baluarte para el sistema de Salud, pues fungió con eficiencia en altas responsabilidades dentro y fuera del entorno hospitalario.
En su última entrevista, concedida en febrero a Sierra Maestra, recordaba:
“Tras el servicio social, fui ubicado en el Hospital Clínico Quirúrgico Ambrosio Grillo, donde hice la especialidad en Urología y asumí -además de la asistencia- diversas responsabilidades. Allí fui vicedirector de Urgencias, vicedirector Facultativo y vicedirector Técnico; además fungí como secretario organizador del Sindicato por muchos años y me hice militante del Partido por elección de las masas. Todo esto con buenos resultados de trabajo. Junto con el doctor Jorge Isaac Rondón fui fundador del servicio de Urología.”
El internacionalismo fue otro de sus méritos: entre 1980 y 1981 cumplió trabajó en África Subsahariana, y a su regreso al país, le fue encargada una misión con la que ganaría el respeto y reconocimiento de la comunidad médica santiaguera: crear y dirigir el departamento provincial de la Cruz Roja.
Durante 23 años, organizó, capacitó y aunó voluntades en Santiago de Cuba, en torno a un movimiento que promueve solidaridad, desinterés, apoyo y respeto a las personas, sin importar su raza, religión, condición social o ideología. No pudo hacerse mejor elección para aquella esa tarea: Arza era una persona con profunda ética y un espíritu humanista admirable.
En ese período vivió jornadas muy intensas: el aseguramiento de actos multitudinarios, a muchos de los cuales asistieron líderes mundiales; las movilizaciones del pueblo por el regreso de Elián González y las misiones de la Defensa Civil ante la ocurrencia de fenómenos naturales y otras situaciones de emergencia, por solo citar algunas.
Quiso el azar que el precursor de la Cruz Roja santiaguera falleciera el 8 de mayo, Día Internacional de esta organización.
Arza era especialista de segundo grado en Administración de la Salud, y en casi 40 años fue profesor de varias generaciones de médicos cubanos y extranjeros. Ostentaba la categoría de Profesor Asistente en Urología de la Universidad de Ciencias Médicas.
En los últimos ocho años el doctor Arza había laborado en el Hospital Clínico Quirúrgico Juan Bruno Zayas Alfonso, donde fungía como jefe del grupo básico de Urología y realizaba la consulta de Cáncer de próstata, incluso después de jubilarse en 2013.
Arza decía: “Lo primero que tiene que hacer un médico es atender a sus pacientes como le gustaría que lo atendieran a él. Si quiero el bien para mí, tengo que darle a mis pacientes el bien que quiero para mí. Segundo: hay que ser complaciente en el sentido de escucharlo, saber qué quiere, qué siente el paciente, es la única forma de conocer su vida y lograr un tratamiento efectivo. Mi lema es que el 50% del tratamiento se logra con atención, cariño y psicoterapia.”
Arza creía haber hecho poco, aún cuando a los 72 años, ya jubilado y aquejado de cáncer de pulmón y de colon con metástasis en el hígado, continuaba atendiendo a sus pacientes e impartiendo clases.
La doctora que lo trataba me contó que durante 15 días postergó una intervención quirúrgica que se hacía urgente ante el deterioro cada vez mayor de su salud, por la necesidad de mantener en funcionamiento la consulta de Cáncer de Próstata. No olvidaré lo que Arza respondió en aquella ocasión:
“Yo he vivido para mis pacientes, hago mi trabajo en función de ellos y me siento satisfecho. ¿Me ves así, como estoy? Cuando me pare de aquí –dijo refiriéndose a la cama del hospital- voy a volver a atender a mis pacientes y a impartir la docencia... porque yo sé que me necesitan...”

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