Para llegar a los 100 y más…
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- Categoría: Especiales
- Escrito por Lucía Montes de Oca Fusté
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Ella tiene la sabiduría y la experiencia de los de antaño, me recibió sentadita en un balance con una bella sonrisa, como si me conociera desde hace tiempo.
No tiene manos temblorosas aún, pero muestra con orgullo una cabellera blanca que habla mucho del paso de los años.
Una memoria envidiable trajo hasta mí recuerdos de cuando planchaba tabacos allá en Guisa, su pueblo natal, de cuando vivió en “un lugar nombrado La Tabla en Tercer Frente, donde había una farmacia, cinco tiendas y a donde un médico iba una vez a la semana”.
“De ahí me mudé para Santiago, primero viví en San Carlos, cerca de donde estaba el Sierra Maestra y luego para aquí, en la calle Princesa”, me cuenta.
Yo, para corroborar lo certera de su memoria le pregunto que si todavía hace algo en la casa, y con la pasividad de su voz, pero como quien da un regaño me dice: no mi vida si yo estoy ciega.
-Algo que me había comentado desde que entré, cuando no pudo ver mi rostro frente a ella-.
Con Graciella y su hija Ana María estuve conversando cerca de media hora y la plática se puso tan amena y tan común que me preguntó si yo tenía hijos, -sí, un varón que se llama José Eduardo, tiene 18 meses y se porta mal cantidad-, le respondo.
“No digas eso de mi nieto -me dice ella-, si todos los niños cuando tienen esa edad se portan así. Yo recuerdo una vez que vestí a mi niña con una bata azul, lazos azules en la cabeza y zapatos blancos, la perdí de vista por un momento y cuando me di cuenta tenía toda la cara y la ropa pintada de maquillaje”.
“Yo quiero mucho mis nietos y a mis bisnietos, tengo hasta una tataranieta ya, y ellos me quieren a mí, todos ellos me dicen Mamá”.
Eso quiere decir que usted los malcriaba mucho verdad -le pregunto-. “Así es. Una noche tarde como a las 10 ó más, una nieta mía a la que le gusta mucho el café quería tomar, y yo cogí una latica y puse agua y se lo colé, y mi hijo me dijo, ¿pero mamá usted está en eso?, y yo le dije, pero si ella quería tomar tengo que hacerle un poquito.
Todos los niños se portan así, ¿verdad abuelita?, “sí mi vida, todos. Así que no digas que se porta mal, cuando te pregunten tú dices, ¡ay mijo se porta más bien!, y se ríe...
Al terminar la conversación le doy un beso y le aseguro que para el próximo cumpleaños yo iré a la fiesta. Ella me toma las manos, me acerca a su rostro y me dice: “cuando veas a José Eduardo le das este beso y le dices que se lo manda una abuela de 100 años”.
Graciella Tasé tiene este sábado, 100 años, 1 mes y 11 días de vida.

