
Según se informa en algunos materiales sobre el origen de la caña de azúcar y de cómo llegó a nuestro país, hemos encontrado documentos donde se señala que es originaria de Nueva Guinea y que los antiguos navegantes la llevaron a India, desde donde se extendió a China y a otras regiones de Oriente.
Igualmente la historia recoge que en el año 642 a. C. los persas invadieron la India, de la que adoptaron el cultivo de la caña y los soldados del rey se referían a ella como: “esa caña que da miel sin necesidad de abejas”.

Se dice que con su llegada al continente europeo se usó para condimentar toda tipo de alimentos y los farmacéuticos la utilizaron en la preparación de pócimas y medicinas, además, la recomendaban para curar toda clase de males, incluido el mal de amor.
Con el descubrimiento de América llegó el cultivo a nuestro continente y se expandió por toda la zona. Y en el caso de Cuba, Cristóbal Colón, en su segundo viaje al archipiélago, trajo de islas Canarias las raíces de la caña de azúcar.
Con el tiempo se fue incrementando su cultivo, hasta nuestros días, creciendo los cañaverales y la producción de azúcar de caña, muy demandada en el mundo, convirtiéndose en un renglón decisivo en la economía cubana.
Entre los derivados de esta prodigiosa planta se obtiene el refrescante y rico guarapo (jugo de caña) que a su vez se convierte en alcohol y surge el aguardiente que luego de un proceso de destilación da origen al conocido mundialmente ron cubano.