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LA “SEÑO” MILAGROS

Categoría: Especiales
Escrito por Indira Ferrer Alonso
Visto: 2015

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Milagros Caballero Rodríguez, como la mayoría de nuestros educadores, es una persona sencilla que anónimamente pone lo mejor de sí para cumplir las responsabilidades que entraña su profesión.


Esta santiaguera labora con niños desde 1970, y aunque pudiera pensarse que a los 64 años ya no se tienen todas las capacidades para enfrentar exitosamente los rigores del magisterio, su quehacer en el círculo infantil Félix Bravo, de la comunidad de Chicharrones, es muestra fehaciente de que se puede, incluso, brillar entre los mejores.
Su vitalidad le ha permitido ejercer la profesión durante casi cuatro décadas tras jubilarse en 2008. Sobre las razones por las que regresó al trabajo solo seis meses después del merecido retiro, comentó:
“Esta es una profesión que exige mucho sacrificio y una entrega sin límites; hay que prepararse muy bien para trabajar con niños, para orientar a la familia en beneficio del desarrollo de sus hijos, y siempre supe que reincorporarme implicaría continuar esforzándome como lo hice desde que me gradué de Maestra Primaria en 1969.
“Volví por varias razones, incluso de índole económica, sí, pero lo que más me impulsó fue el amor por mi profesión. Quería mantenerme activa: la quietud de la casa y la rutina de las labores domésticas jamás podrían sustituir esa alegría inmensa que sentimos los maestros cuando vemos cómo aprenden los niños, cómo se van transformando con lo que les enseñamos y cómo incorporan lo aprendido a su modo de actuar.”

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Máster en Educación Preescolar, esta maestra de sexto año de vida, tiene el cariño y reconocimiento no solo de su colectivo, sino de las familias con las que logra una estrecha relación.
“He tenido experiencias muy positivas. El ejercicio como educadora me ha demostrado que la familia es fundamental para lograr que el niño adquiera los hábitos, habilidades y conocimientos propios del año de vida por el que transita.
“He tenido algunos que han llegado al grado preescolar sin vencer determinados objetivos y he logrado, junto a las demás educadoras, que al final del curso egresen del centro con todos esos hábitos, habilidades y conocimientos. Y eso no es algo que se consiga de un día para otro, requiere una labor ardua. Tenemos las actividades conjuntas, que son una herramienta muy importante para orientar a la familia sobre cómo pueden contribuir al desarrollo de sus hijos; pero a veces hay que hacer más, y he tenido que visitar los hogares de los pequeños en horas de la tarde o de la noche, cuando sus padres llegan del trabajo; y eso implica dejar de dedicar tiempo a las responsabilidades que una tiene en su casa.”
Como Milagros, miles de maestros y educadores en Santiago de Cuba, realizan una labor admirable. En ocasiones los trabajadores de Educación se sobreponen a dificultades, cumplen con exigencias y sacan de sí un “extra” para seguir poniendo voluntad, amor y mucha dedicación, a pesar de pequeños sacrificios diarios que ningún salario podría pagar.
Cuando se le pregunta sobre las satisfacciones que le han reportado sus casi cinco décadas de trabajo, la “seño” dice sentirse orgullosa porque entre sus victorias está haber sido maestra de muchas generaciones; que le alegra encontrarse en la calle a jóvenes que la abrazan porque la recuerdan con cariño y a veces le ha tocado enseñar a los hijos de esos antiguos alumnos; o que al llegar al policlínico la atendió un médico al que enseñó las vocales cuando apenas tenía cinco años.
De personas así solo puede hablarse con respeto y admiración, pues la vida de cada uno en esta sociedad -en la que todos recibimos educación- es, en parte, resultado del amor y del esfuerzo de nuestros maestros.

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