Médicos cubanos mejoran el rostro de la pobreza
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- Escrito por Nalena Jares Rivero
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Ser pobre tiene la cara fea; no tener qué dar de comer a los hijos, estruja el alma de los que carecen; no contar con hospitales ni escuelas gratuitas para el servicio público o poseerlos muy malos, es un problema del que adolecen millones de personas en el mundo.
Cuba es, igualmente, un país tercermundista y no escapa de carencias y necesidades, producidas mayoritariamente por el bloqueo impuesto por los Estados Unidos. Sin embargo, este país se impone al déficit y garantiza a su pueblo satisfacer las necesidades básicas y elementales.
Además, esta es una tierra premiada con hombres y mujeres de bien, bendecidos por los sentimientos solidarios.
Desde este terruño salen los de la bata blanca a colaborar en otras latitudes; hasta otros lares llegan con el principio de la hermandad y como primera premisa: la vida.

Haití, nuestro vecino cercano, cuenta con 606 colaboradores cubanos que prestan ayuda en los 10 departamentos del país.
En ocasiones atraviesan sitios intransitables para llegarles a los pobladores con su ciencia y el corazón.
Allí, donde las enfermedades extrañas se hacen cotidianas, los galenos cubanos se empeñan en curar y salvar vidas.
La Dra. Yiany García es pediatra santiaguera y presta ayuda en esa tierra extranjera. Hoy vi algunas fotos y un escrito que la elogiaba. Decía y cito textualmente: “Gracias a sus conocimientos y habilidades se pudo salvar la vida de un recién nacido. Hoy sus padres la miran con ojos de agradecimiento...”. Sentí orgullo de ella, de las cubanas y de los cubanos, de la solidaridad...
Como Yiany, otros tantos extienden sus brazos, su fe, su sapiencia, su buena voluntad y sus ganas de curar, para en un vuelo por la humanidad mejorar el rostro de la pobreza.


