Un grito de libertad hondamente trabajado

Categoría: Especiales
Escrito por Joel Mourlot Mercaderes
Visto: 2368

Carlos Manuel de Céspedes

Son múltiples las causas que movieron a gran parte de los cubanos, al menos, a partir del trienio 1865-1867, a separar la Isla de la soberanía española.


Muchos, sin embargo, vieron posible dilatar por gran tiempo aquella resolución definitiva, si la Junta de Información –solicitada por miles de firmas de propietarios criollos- y convocada para celebrarse en Madrid desde de diciembre de 1866, daba la luz necesaria al gobierno metropolitano español para acometer los remedios requeridos, y así solventar los males económicos, políticos y sociales por los que atravesaba la Isla con amenaza cierta de un agravamiento progresivo.
Aquel crucial evento, en efecto, resumía las grandes esperanzas de amplios sectores del país de poder enrumbar por buenos cauces la vida de la Isla, incluso aún bajo el pabellón de España, la fe de transitar el camino pacífico de la evolución...
Ya no era posible esperar nada más de España
Pero, el 27 de abril de 1867 –tras 36 sesiones de trabajo en 5 meses de intercambios-, aquel cónclave terminó sin que se concretara ninguno de los objetivos que sus solicitantes se habían propuesto conseguir: esto es: no resolvieron la abolición de la esclavitud, ni de modo progresivo ni inmediato, ni con indemnización o sin ella, prolongando así el imperio de tan cruel y nefasta institución. No obtuvieron, tampoco, la ansiada libertad de comercio; igual, no lograron los propietarios de la Isla el respiro de un más justo sistema impositivo, sino que el Reino los ahogó más, con el mantenimiento de muchos de los tributos existentes y el incremento de otro del 10% sobre la renta líquida, que podía, incluso, ser mayor.
No trajo para Cuba el gobierno autónomo liberal al que aspiraban los comisionados y sus representados, sino, por el contrario, un régimen de mayor supeditación a la Península, bajo el diseño de una administración de mano dura, con el retorno de terroríficos instrumentos represivos, de los que los cubanos creyeron haberse despedido para siempre...
Fue, ni más ni menos, una humillación y una burla insoportables, cuya consecuencia no pudo ser otra que el afianzamiento del independentismo de viejos conspiradores; así como el paso decisivo y abrumador del autonomismo al separatismo, del reformismo a la Revolución.
Murmurar sobre el acontecer político, disentir de los postulados del régimen y censurar sus actos devino moneda corriente en el cuadro del país, y diríase que en la mayoría de los hogares cubanos.
A ellos se unían jóvenes seguidores; todos a sottovoce, pues no era nada fácil conspirar por entonces, en un país donde se premiaba la delación, en el que era temor constante la arbitrariedad de las autoridades y la justicia la volvían a desempeñar las oprobiosas comisiones militares, resurgidas para penar con cárcel, deportación o muerte –y de modo sumarísimo-, no ya un delito cierto, sino por un mero anónimo o por simple sospecha...
Los talleres secretos del Gran Oriente de Cuba y las Antillas (GOCA), surgidos en la Isla desde 1862, con funcionamiento secreto y cuyo objetivo institucional era el de unir y formar hombres capaces de dar respuestas a los grandes problemas sociales del país, a partir de un cuerpo doctrinal revolucionario, sin duda, se pintaron idóneos para conspirar, y así fue. Se crearon las logias Tropical, de Bayamo; Tínima, de Camagüey; Buena Fe, de Manzanillo; Hijos de la Viuda, de Holguín, y otras –especialmente de Santiago de Cuba-, detrás de las cuales crecieron los comités conspirativos contra el régimen colonial; el de Bayamo primero, el 14 de agosto de 1867, desde donde partieron comisionados a Santiago de Cuba, Holguín, Las Villas y a La Habana, a fin de ampliar y coordinar los trabajos preparatorios de la revolución.
Camagüey, en tiempo coincidente con la zona más oriental de la Isla, también creó su propia junta revolucionaria y dio curso a su movimiento conspirativo, alrededor de las figuras de Manuel Ramón Silva, Carlos Varona de la Torre, Napoleón Arango y Agüero y Salvador Cisneros Betancourt.
Si hay verdad en que las revoluciones se hacían primero en la conciencia de los pueblos, como algún historiador aseguró. La de 1868 en Cuba, ya había ocurrido desde un año antes...


Obstáculos importantes adicionales para la insurrección


Pero no era factible insurreccionar a Cuba sin antes conseguirse un concierto básico para la acción, al menos, por parte de los comités revolucionarios de buen número de las comarcas de la Isla. Pero hasta esa unión elemental presentaba obstáculos importantes, adicionales a los que suponían el del espionaje y la difidencia del régimen. Díganse, por ejemplo: cuestiones de regionalismo, de opción por el método para hacer la guerra que debía iniciarse; de ver esta como medio de presión política para obtener concesiones de España, o como insurrección cabal, para separar la isla de la metrópoli; de hacer la independencia como medio para buscar la anexión a los Estados Unidos, o para el logro de la soberanía plena para los cubanos.
Problema, además, de posición ante el problema de la esclavitud, y no solo de si abolirla completamente o no, con o sin indemnización, de inmediato o a mediano plazo, sino acerca de qué hacer con los miles y miles de libertos que traería tal derogación; o sea: si dejarlos al gobierno para que este los aprovechara a su antojo, o tomarlos, corriendo el riesgo de que, en el proceso de la guerra, se igualasen a los libres o pretendieran, incluso –es lo que más desazón causaba-, igualarse a los blancos.
Finalmente, el punto de cuándo comenzar el pronunciamiento armado, pues unos querían ya, de inmediato, y otros para largo, cuando se contasen con los recursos necesarios de guerra.
Resolver todos esos puntos, o llegar siquiera a un entendimiento prudencial acerca de ellos, requirió un continuo y trabajoso diálogo y no pocas polémicas, con la secuela, es la verdad, de fracciones y enemistades creadas.


Las juntas revolucionarias que precedieron al 10 de Octubre


Las reuniones o juntas revolucionarias celebradas como paso previo a los alzamientos que redondearon el grito separatista fueron tantas -tan solo entre agosto y octubre de 1868- que resulta imposible, hoy día, relacionarlas todas. Es más, las de suma importancia en ese trimestre podemos fijarlas en doce (12); desde San Miguel Rompe, el 4 de agosto de 1868, hasta la de la casa de Rodrigo Tamayo Cisneros, tras el alzamiento de Céspedes.
Se incluyen entre tales: la de la Puerto Príncipe (Camagüey, 6/agost/1868), la de la Finca Muñoz (Tunas 3/ sep.), El Tejar (Holguín, mediados de sep.); Majaguabo (partido de Maroto, ídem), la de Santa Gertrudis (Manzanillo, 2/oct.), El Ranchón de Caletones (Manzanillo, 3/oct.), Sabanazo o El Mijial (Holguín, 4/oct.), El Rosario (Manzanillo, 6/oct.), Buenavista (Bayamo, 7 de oct.), San Miguel de Eseibas (Tunas, 9/ oct.) y la de la Casa de Rodrigo Tamayo (Bayamo, 11/oct.)
La primera de estas juntas, de la cual partió el proceso final de la conspiración general revolucionaria fue la Convención de Tirsán o Junta de San Miguel el Rompe (Las Tunas), el 4 de agosto de 1868, a la cual asistieron Francisco Vicente Aguilera, Pedro Figueredo, Francisco Maceo Osorio, por Bayamo; Carlos Manuel de Céspedes e Isaías Masó, por Manzanillo; Vicente García y Francisco Muñoz Rubalcaba, por Las Tunas; Belisario Álvarez Céspedes, por Holguín, así como Salvador Cisneros Betancourt y Carlos Mola, por Camagüey.

Francisco Vicente Aguilera
Allí se acordó fundar la Junta Revolucionaria de Oriente, cuya directiva quedó integrada por Aguilera, como presidente; vocales Figueredo y Maceo Osorio, este último también secretario. Y efectuar otra reunión el 2 de septiembre para determinar la fecha de alzamiento, toda vez que en esta fue imposible por la disparidad de criterios al respecto, sobre todo de Cisneros y Mola, negados a aceptar una fecha anterior al año de 1869. La junta fue efectuada en la finca Muñoz y, al cabo, tampoco logró acuerdo en la fecha de alzamiento.
La trascendencia de la Junta de Majaguabo estriba en que es la única muestra existente de la conspiración a nivel popular, con participación masiva, además, de las llamadas personas de color.
Sobresale, sin duda, la Junta de El Rosario, con fecha 6 de octubre, porque implicó el desconocimiento de la Junta Revolucionaria de Oriente y de la figura de Aguilera como presidente de esta, donde los manzanilleros, presididos por Céspedes acordaron alzarse para el 14 de octubre, redactaron una declaración de independencia y acordaron una Junta Gubernativa y eligieron a Céspedes presidente y capitán general del ejército revolucionario que habría de fundarse.
En El Mijial (Holguín), el día 4 de octubre, los más exaltados decidieron alzarse 9 días después; pero el 7 de octubre, en la de Buenavista, cerca de Bayamo, desaprobaron lo acordado en El Mijial, por falta de recursos de guerra, lo que no hizo desistir a Donato del Mármol, Luis Figueredo y Francisco Vega, entre otros, en su meta de alzarse el 13.
Pero el régimen espiaba, y así el 9 de octubre, el conjurado Agustín Valerino alertó que no podía se podía esperar más, pues, el capitán general Lersundi ya había trasmitido la orden de apresar a todos los conspiradores, noticia que el telegrafista Ismael Céspedes dio a conocer a su primo Carlos Manuel y a otros.


Pululan los alzamientos en Oriente


Así pues, además de Francisco Muñoz Rubalcaba, alzado en Guaramanao (Tunas) desde semanas atrás, con unos 60 hombres; de Luis Figueredo, levantado en armas desde agosto con casi 100 seguidores en El Mijial; otros líderes conspiradores tomaron camino de la manigua, especialmente en Manzanillo, desde antes de las fechas convenidas. Tales fueron los casos de Pedro de Céspedes y Castillo, hermano de Carlos Manuel, en que tiroteó Vicana y montó campamento en La Caridad de Macaca; Ángel Maestre y Juan Fernández Ruz, que salieron a los montes de La Esperanza, 4 km de la ciudad, y Manuel Titá Calvar; todos en los predios e la jurisdicción manzanillera.
De manera que, cuando Carlos Manuel de Céspedes protagonizó el alzamiento en su ingenio Demajagua, ya tenía el soporte de esos que le antecedieron en el gesto, en consorcio con él, y a todos los cuales citó para Demajagua, donde protagonizó el glorioso grito de independencia.
Sabido es que, en la noche del día 11 de octubre, salió Carlos Manuel de la Demajagua con 130 hombres y llegó a Palmas Altas, donde, aprovechó el caudillo para hacer varios nombramientos. Incluso, se dice que fue aquí donde leyó la Declaración de Independencia y dio la libertad a sus esclavos.

10 de octubre 1868 cuba
Se dirigieron a tomar el poblado de Yara; pero armados con 45 escopetas, 6 trabucos y algunos machetes. La acción resultó una desagradable sorpresa, pues ese mismo día entraron al caserío 50 infantes y 15 de caballería, de fila, quienes, juntos a los guardias civiles del lugar, malograron el plan insurrecto, dispersando su fuerza, al punto de que solo quedaron con Céspedes 11 más.
De Yara, salió este para el Zarzal, donde encontró a Luis Marcano y a Jaime Santiesteban con 300, y todos se fueron a la sierra de Nagua, a reorganizarse, con la pericia de Marcano, oficial que había sido de la reserva dominicana...


Reacciones en contra y en pro de Céspedes


Un día después de la derrota de Yara, Carlos Manuel escribió a Perucho Figueredo y, por mediación de este a todos “los amigos” de Bayamo para que acudieran a encontrarse con él a la altura de Barrancas. La Revolución moría sin el apoyo de todos los complotados...
Pero algunos, por considerar el gesto de Céspedes prematuro, que podía malograr todo el plan revolucionario general; también, por juzgarlo que había desconocido a la Junta Revolucionaria de Oriente, y a su presidente Aguilera, censuraron el gesto de Carlos Manuel de Céspedes y sus manzanilleros. Pero la oposición quedó deshecha, cuando varios decidieron acompañar a Céspedes “a la gloria o al cadalso”, como se afirma, dijo Perucho.
Donato del Mármol, en efecto, se alzó el 13, y tomó los poblados de Santa Rita, Baire y Jiguaní; Vicente García, Rubalcaba, Varona, Ortuño y Vega atacaron a las Tunas en esa propia fecha, y Perucho y Aguilera fueron con sus respectivos seguidores a donde Céspedes, reconociéndolo General en Jefe de la rebelión.
Ya Carlos Manuel había atacado y tomado Barrancas, el 14 de octubre, e iba a por Bayamo, ciudad que tras 3 días de intensas acciones, cayó en su poder el 20 de tan glorioso mes para Cuba.


Otros alzamientos


Los citados hasta aquí, no fueron los únicos levantamientos en armas en las jurisdicciones orientales. También, los hubo en Mayarí Arriba, con Nicolás Pacheco y Silverio del Prado, el 14 de octubre. Por igual fecha, los hermanos Raymundo y Justo del Mármol lo hicieron en todo el partido de GuaninicumLleonard; seguidos del de Majaguabo, probablemente el 16 de octubre.
Se levantaron en armas, el 13 de octubre, Manuel Hernández Perdomo y un grupo de seguidores, Julio Grave de Peralta con 120, al día siguiente; ambos en Holguín. Desde esa jurisdicción, ese día 14, salió Luis Figueredo rumbo a Cauto Embarcadero-Cauto el Paso, a los cuales atacó, y de ahí a Baire. En el Camagüey, el 11 de octubre, Manuel de Jesús Valdés Urra y Bernabé Varona se alzaron, con algunas decenas de partidarios; y Fernando Agüero Betancourt hizo lo propio en la misma fecha. Igual hicieron los hermanos Ángel y Martín Castillo en los ingenios Unión y Santa Isabel, y José Borrero, en La Fe, todos los cuales se anticiparon al de Las Clavellinas, el 4 de noviembre.
Tales hechos de amas se tradujeron en el espaldarazo que hizo posible que la gesta iniciada por Céspedes, en vez de fecha luctuosa para los cubanos, fuera de recordación, de cómo un pueblo, casi sin recursos, pudo arrinconar por más de 9 años a un gran imperio como el español de entonces, y coquetear con una victoria plena, que solo las veleidades propias escamoteó...

Comentarios   

#1 Denia Nico matos 13-10-2017 15:31
Mi abuelo un gran gigante lacabeza de la familia aunque paresca mentira pero esta en pleno juicio q Dios me lo siga bendiciendo .
Citar

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar