Descubriendo las Religiones del Atlántico Negro

Categoría: Especiales
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J. Lorand Matory proLa presencia de J. Lorand Matory en Santiago de Cuba, especialmente en tiempos de Festival del Caribe, resulta un privilegio -que se puede tornar frecuente- para los habitantes de esta ciudad, quienes ya podemos disfrutar de su libro Religiones del Atlántico Negro.

El texto, publicado en el año 2014 por la Editorial Oriente y la Casa del Caribe, se presentó oficialmente en la actual edición de la Fiesta del Fuego. Para descubrir sus esencias les propongo un pequeño diálogo con el autor, quien funge como profesor catedrático de Antropología Cultural en la Universidad de Duke (en Estados Unidos de Norteamérica) y es Director del Centro de Estudios Africanos y Africanos-americanos.

Religiones del Atlántico Negro trata de las relaciones entre las culturas africanas y de inspiración africana alrededor del perímetro atlántico, por ejemplo entre el Candomblé en Brasil, la religión de la santería o la ocha en Cuba y los yoruba de África Occidental, aunque también participan en la conversación culturas y religiones de varias naciones europeas, incluyendo a Inglaterra, Francia y Portugal, colonizadores de estos países.

“Los ingleses en cooperación con el pueblo yoruba generaron un sistema para escribir la lengua yoruba. Después de un período de cooperación intensa hubo un aumento del racismo porque la medicina tropical mejoró para que más ingleses pudieran ir a África Occidental y ocupar puestos en la iglesia, las empresas y en los establecimientos coloniales ingleses, que habían ocupado anteriormente los yoruba letrados y occidentalizados, quienes al experimentar la discriminación racial articularon una nueva idea de la grandeza de su civilización en términos comparables a los que los ingleses usaban para caracterizar su historia, su realeza, su religión, etc.

“Los documentos de este renacimiento cultural y su literatura llegaron a Latinoamérica gracias a los esfuerzos de viajeros afro-brasileños y afrocubanos que viajaban entre África Occidental, Brasil y Cuba en los finales del siglo XIX. Y resultó que estudiosos como el cubano Fernando Ortiz y el brasileño Jaymundo Minas Rodríguez aprendieron de la cultura yoruba por los esfuerzos de eruditos negros, y de periodistas y autores en Lagos. Poca gente sabe de estas conexiones continuas entre África y América Latina, después del término del tráfico de esclavos, conexiones que manifestaron el poder del africano e influenciaron el modo de pensar de los europeos sobre África.

“El libro también habla de varias religiones y movimientos políticos que influyeron en la reproducción de las religiones que frecuentemente se suponen tradicionales, y es solo una supervivencia de una memoria de una África prehistórica o de una África que antecedió al tráfico de esclavos. Mi argumento es que hay una interacción continúa que hace que todas esas religiones formen parte del mundo moderno y sean reacciones, respuestas a condiciones contemporáneas y no solo memorias de un pasado que sigue desapareciendo”,explica Matory.

Usted defiende la tesis de que los procesos de intercambio, préstamos de identidad, y de transmisión de las creencias, costumbres y tradiciones que llegan de África con el tráfico de esclavos han tenido un proceso de continuación, ¿cómo es posible que éstos se hayan mantenido?

“Mi argumento es que la resistencia cultural o la manutención de lo pasado se adopta. En muchos casos la cultura africana o la cultura haitiana sirven como modos simbólicos para generar alianzas y para la construcción de comunidades de personas que se necesitan. Incluso, a veces personas ajenas a esta tradición, como algunos blancos en Brasil y en Cuba notaron la belleza y eficacia de una práctica africana y llegaron al lado de los líderes negros diciendo Yo también quiero participar.

“Había más comunicación de lo que se supone, dígase las tradiciones orales en la santería y en la comunidad de Ifá, más los viajeros que continuaban el ir y venir de África y otros que llegaban como personas libres después del tráfico de esclavos. Asimismo, existía un tráfico grande de productos como aceite de palma rojo y nuez de cola entre Brasil y Nigeria y encerró también a Cuba en ciertos momentos y a ciertas personalidades.”

¿Qué tiempo le ha tomado esta investigación?

“Muchos años, yo me enamoré de la cultura yoruba conscientemente en la universidad, cuando tenía 21 años e investigaba primero la revuelta de los malís. Eran esclavos yorubas musulmanes en Bahía que protagonizaron la mayor revuelta en la historia de Brasil y yo leía sus escritos árabes, pero es evidente que eran africanos y más letrados que sus dueños, y para mí fue muy, muy interesante. Después me interesaban los orishas y al descubrir que la fiesta mayor en Brasil era para Yemayá, quería estudiar primero a Yemayá en Nigeria.

“A partir de 1982 viajé a Brasil y Nigeria en busca de una comprensión de lo que unía a los negros alrededor del perímetro atlántico y descubrí también muchas cosas que nos desunen, por ejemplo los negros norteamericanos se preocupan por la raza, orgullosamente decimos que no existe mulato, todos nosotros somos negros, un ejército unido contra la opresión racial. Hay con certeza discriminación de la tez en otros países, unos se sienten mejores que el otro.”

“Agradezco mucho a la gerencia de la Casa del Caribe, especialmente a Orlando Vergés, Julio Corbea y Nancy Stevens que han ayudado mucho en el proyecto de publicación, fue su idea. Creo que el libro sirve por lo menos a dos propósitos sumamente importantes: aumenta la comunicación entre nuestras comunidades cubana y norteamericana de eruditos, y nos abre a una nación con una conciencia muy criolla y de identidad mestiza o mulata. El intercambio entre sociedades que experimentan diferentes condiciones e ideas siempre fertiliza a los interlocutores.”

Me despido de Lorand Matory con la satisfacción de haber conocido una parte de las Religiones del Atlántico Negro, misteriosas, apenas descubiertas y sobre todo exponentes de nuestra cultura caribeña. La invitación entonces se la hago a usted, no pierda la oportunidad de leer tan interesante libro.

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