Periódico Sierra Maestra

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Hubiese querido un hijo como Fidel

melba peña santiago de cuba fidel periódico sierra maestraLos recuerdos en Melba Peña se entremezclan. Más de ocho décadas de vida, una familia numerosa y una devoción a la Revolución Cubana, por saber y estar al tanto de todos sus momentos más importantes, justifican algunos deslices que pueda tener en la memoria.

Pero la pasión y el amor por el Comandante en Jefe, ese sí no ha variado. Por eso, hoy es una de las miles de personas que lloran desconsoladamente su desaparición física.

Entre las grandes lamentaciones de su vida está no haber presenciado, el primero de enero de 1959, el primer discurso de Fidel Castro en el antiguo ayuntamiento de la urbe. Tenía razones de sobra para no estar ese día.

“Ese día yo estaba acostada en la cama de mi cuarto. Había dado a luz a mi hija más pequeña el 29 de diciembre, y en esa época las mujeres permanecíamos cinco días en cama”

“El día primero de enero, a primera hora, muy tempranito, fui la primera paciente en salir de la Clínica Los Ángeles, se decía que Batista había huido”, asegura Melba y se apresura en decir “pero estaba en la cama, en la casa, pegada al radio escuchando todo el tiempo”.

“Mis dos hijas pequeñas corrían a ver a los rebeldes, yo quería que los viera, sospechaba que iba a ser un momento histórico y quería que ellas lo recordaran después. Yo escuché el discurso de Fidel entero, pero en realidad después recordaba poco. Pero sí hay una cosa que él dijo que me impresionó muchísimo. Exactamente no recuerdo, pero él dijo algo así como que la “lucha comenzaba ahora”, y la verdad es que después de toda la lucha clandestina y en la sierra, yo pensé para mis adentro, “cómo es que Fidel dice eso ahora si yo pensé que de ahora en adelante íbamos a tener paz y tranquilidad con él”, pero efectivamente continué escuchando y me di cuenta que iba a ser una batalla distinta. Él tenía razón, como siempre”, acota Melba Peña.

“Te cuento que durante el discurso había mucho silencio y tranquilidad. Después la gente estaba enloquecida, estaban contentas las personas, todo el mundo apoyaba a Fidel. La gente estaba tan feliz que digo yo que la gente no tenía ni ganas de trabajar ese día”, detalla y añade que “yo siempre he sido muy fidelista, desde el principio, y estaba sufriendo muchísimo no poder ver lo que pasaba en Santiago de Cuba. Mi esposo, al ver mi estado, me trajo hasta mi cuarto, hasta los pies de mi cama, a un rebelde, para que me hablara, y yo pudiera hacerle preguntas. Él, que no recuerdo cómo se llamaba, me dijo “y por qué no nombras a la niña pequeña Vilma o Celia”, la verdad es que en ese momento ya la había inscrito, lamenté no poder nombrarla así”.

Fidel Castro despierta los más diversos sentimientos como personas existen en el mundo. Para Melba, fue uno de los hombres que más ha admirado, junto a sus familiares. Hoy lo llora igual que hizo cuando falleció, hace ya muchos años, su padre y abuelo.

“No tuve la bendición de un hijo varón, aunque adoro a mis tres hijas hasta donde se puede querer a alguien, pero si hubiese tenido un hijo varón, me hubiese gustado que fuera como él”.

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