De la pasión por el arte hacia el amor a sus helechos Manuel García Caluff, califica el transcurso de su vida como fundador y director del Jardín de los Helechos de Santiago de Cuba, institución que cumple 40 años de fundada.
Según comenta Manolito, como cariñosamente le dicen, este jardín surgió en las montañas de Baracoa, en el 1961 cuando participó en la campaña de alfabetización en los centros de Duaba Arriba, en la provincia de Guantánamo.
“Era un lugar muy intrincado de vegetación natural donde habían muchos helechos, orquídeas y plantas, y quedé fascinado con ese entorno”, explicó Caluff.
“En mi diario de campaña, que conservo todavía, escribía sobre las bellísimas orquídeas, de los helechos, los árboles, y de todo lo que me llamaba la atención. Esa fue la primera vez que me despertaron el interés el mundo natural.
“Pasaron muchos años y estudié en la escuela de artes plásticas, siguiéndole los pasos a mi madre, allí me gradué de diseñador, pintor y escultor.
“En 1968 me gradué y pasé a trabajar en el taller de divulgación del Ministerio de Comercio Interior, donde diseñábamos actividades políticas, vidrieras y carrozas de carnaval.
“Trabajé en el carnaval santiaguero durante 22 años y gané 21 primeros premios. Además de que trabajé en Tropicana como diseñador escenográfico durante 6 años, paralelo al trabajo que hacía en el jardín de mi casa.
“Recuerdo que en esa etapa diseñé una carroza cubana para el carnaval de Toronto que ganó el primer premio en 1993 y luego me dediqué por completo al jardín, entendí que no podía hacer tantas cosas a la vez.
“Este jardín se inició en 1976, cuando pasé a integrar el grupo de aficionado a la botánica de esta ciudad. Me llevaron a allí la Dra. Deysi Reyes, Héctor Ferrer, cofundador de este jardín y el Dr. Clemente Couzo.
“Mi papá era comerciante y pertenecía a un grupo llamado Humboldt, de la Universidad de Oriente, que era de aficionados a la naturaleza. Hacían expediciones todos los fines de semana al campo, visitaban la Gran Piedra y yo participaba con ellos. Allí redescubrí lo que de verdad me gustaba y decidí estudiar biología.
“Por mi edad avanzada y por algunos problemas burocráticos nunca la pude estudiar, así que me decidí a hacerlo didácticamente. Todo era en inglés y tuve que aprender ese idioma, la biología la estudié autodidactamente, leyendo y escribiéndole a los especialistas cubanos y extranjeros, buscando información, mirando y así fui aprendiendo”, dijo.
“Este jardín en sus inicios tenía cerca de mil plantas diferentes, de algunas que yo ni sabía, eran helechos que me gustaban, los traía y los sembraba. Además comencé a hacer un Herbario personal, que en esos momentos llegó a tener 600 ejemplares.
“La Academia de Ciencias se interesó por el trabajo que se estaba haciendo aquí y vino María Herrera, la directora entonces del Instituto de Ecología y Sistemática, visitó el jardín junto a otros compañeros y se encantaron y me propusieron convertir el lugar en un centro de estudios de los helechos cubanos.
“Como esta era una casa privada, consulté con mi familia y mi padre que era un hombre muy revolucionario, inteligente, a quien admiró y me ayudó toda la vida, me dijo que adelante y entonces de forma verbal le doné a la Academia las plantas y el herbario.
Acto seguido se me asignó un trabajador que era un guajiro de la Sierra Maestra de 72 años, quien conocía a la perfección de nudos, amarres y del entorno, eso me ayudó mucho e hicimos tremenda amistad, hasta que enfermó y falleció”, expresó Caluff.
Hoy en día trabajan 10 personas, seis jardineros especializados y cuatro investigadores científicos, aunque ninguno de ellos son botánicos de oficio, se formaron al calor del trabajo diario; pero tienen en común su amor a la naturaleza.
En 1999, la entonces ministra de ciencia Rosa Elena Simeón, en una de sus acostumbradas visitas planteó la necesidad de que este jardín perteneciera a una institución.
“A través de un abogado del Partido en el territorio elaboramos un documento donde yo donaba el 25 % del terreno y la colección de helechos, para la Academia, el resto de la propiedad continuaba siendo de mi familia”, agregó.
“En este sitio nació el jardín botánico de Santiago de Cuba y ahora continuamos teniendo esta condición porque aquí vienen escuelas, alumnos universitarios y demás visitantes de todas partes del mundo.
“Nuestro trabajo es muy complejo e intenso, porque hacemos en primer lugar ciencia, investigaciones científicas de los helechos de las Antillas, no solamente de Cuba”, destacó Manolito.
Entre los méritos de este Jardín se encuentra que poseen un Herbario muy bien organizado con casi 10 mil ejemplares, en estos momentos uno de los más importantes herbarios de helechos en el Caribe.
Además cuentan con unas dos mil plantas, por un inventario realizado en 2015. De ellas hay 400 especies de helechos, la mayor colección de América a cielo abierto y la tercera colección de orquídeas más importante del país, con casi 350 especies.
En el mundo existe un aproximado de 10 mil, mientras que en Cuba hay cerca de 800 taxones.