Listo para ser padre

Categoría: Especiales
Visto: 2285

padre e hija kaloianUn par de años atrás, César Alejandro, un joven santiaguero como cualquier otro, tenía solo 24 abriles. Aún así, la novia, la madre y la abuela le presionaban con tener su primer hijo.

Argumentaban que ya era un profesional con casa propia y una estable relación de pareja.
A él le aterraba la idea solo de escucharla. Pensaba que todavía no contaba con el desenvolvimiento económico necesario para eso, que era demasiado joven para afrontar tanta responsabilidad y que tenía muchos retos profesionales por delante que cumplir.

Su conciencia le dictaba que no era el momento adecuado. Cuando niño adoleció de falta del cariño paterno y desde entonces se juró que trataría de ser un buen padre, porque aprendió que ese lugar –contrario a lo que muchos dicen– no lo puede ocupar cualquiera.

Se negó una y otra vez ante la propuesta pero el destino, siempre caprichoso, le tendió una trampa: la hermana quedó embarazada y como el esposo estudiaba becado, tuvo que asumir responsabilidades que no imaginó.

César Alejandro debió lidiar durante el período de gestación en más de una oportunidad con las amenazas de aborto de la hermana; estuvo todo un día en la clínica a la espera del nacimiento de la sobrina y fue después de la madre el primero en tener a la bebita en su regazo.

Adquirió habilidad de experto en el cambio de pañales, sus brazos fueron muchas veces él único remedio para el llanto de la “peque” y velarle el sueño se convirtió en su afición.

No podía ocultar su felicidad cuando la niña balbuceó la palabra ‘tío’ por primera vez ni cuando se quedó sentada por sí misma o dio sus primeros pasos. Cada cambio del retoñito calaba muy profundo en él.

Acabado el tiempo de la licencia de maternidad, por decisión familiar la madre retornó a la academia para terminar la carrera. El padre, por cuestiones de trabajo tampoco podía estar a su lado de forma permanente. Estas cuestiones convirtieron a César en algo así como el protector de Laurita.

La sacaba a pasear los fines de semana, todas las tardes al regresar a casa le llevaba golosinas, retozaba horas con ella en su tiempo libre, le contaba historias y le cantaba las canciones infantiles que tanto le gustaban.

La niña crecía y no era indiferente al afecto del tío. Corría hacia él si el papá la regañaba, en las mañanas se metía en su cama para despertarlo, solo con él se cepillaba los dientes sin llorar, se
aferraba a su cuello cuando este debía salir para el trabajo y lo esperaba con un beso cada día a su retorno.

Cesar no quería ser padre pero se comportaba como uno. Cuando Laurita tuvo su primer cólico y aún no hablaba, él fue presa de la desesperación por no saber la causa de su llanto desmedido; se quebró por dentro, la ocasión en que convulsionó y la vio en el hospital
sobre una mesa de operación mojada de pies a cabeza, y cuando se enfermaba rogaba porque sanara pronto y volviera a sonreír como de costumbre.

La sobrina se convirtió en la niña de sus ojos, la cuidaba tanto que no podía evitar sobreprotegerla, la sentía parte de él y por primera vez deseó tener un hijo propio para amarlo y cuidarlo igual que a Laurita.

Sabía que las circunstancias lo hicieron asumir el importante rol en la vida de la pequeña, pero que ella tenía unos padres que la adoraban sin límites como él.

Hoy a sus 26 años tiene claro lo que quiere. Quizás le falte holgura monetaria o encontrar a la persona indicada, pues terminó su relación anterior, pero está listo para ser padre, porque le sobran fuerzas y corazón para criar a su futuro niño.

Comentarios   

#1 Mibiala Sanchez 24-06-2015 19:43
El parecido de este joven a un familiar mio cercano es muy grande por favor si tiene alguna informacion mas sobre el joven del articulo con relacion a su paternidad por favor respondame a esta direccion de correo.
Citar

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar