Elpidio Mancebo Pérez es uno de esos peloteros que, sin importarle el paso de los años, rememora con un chasquido de dedos, las hazañas que protagonizó en el rectángulo de bateo como integrante de las novenas de Orientales, Mineros y Cuba.
Considerado como uno de los inicialistas con más fuerza al bate que ha transitado por las series nacionales cubanas, la mayoría de los amantes del béisbol lo recuerdan por su memorable actuación en el Mundial del ‘71, cuando su bate y los lanzamientos del zurdo Santiago “Changa” Mederos, catapultaron al conjunto antillano al primer lugar del certamen, luego de derrotar a la selección de Nicaragua, dos carreras por cero.
Ante la invitación de evocar esas historias que engrandecen al mayor espectáculo nacional, “Pillín” ‒como le conocen sus allegados‒ no vaciló, y entre álbumes, recortes de periódicos y una conversación de casi dos horas, escudriñó en las más diversas facetas de su prolífica trayectoria deportiva.
-Su padre no aceptaba que sus hijos practicaran ningún deporte por considerarlo “un oficio sin futuro”, ¿cómo asumió esa disyuntiva?
-Vengo de una familia humilde de la barriada santiaguera de Los Hoyos, con nueve hermanos y una crianza férrea por parte de mi padre, que nunca aceptó que ninguno de nosotros se acercara al deporte, pues para él la prioridad eran los estudios, cosa que también hice; pero fue inevitable mi acercamiento a la actividad del músculo.
Empecé en el voleibol y la lucha libre, pero me incliné finalmente por el béisbol, que era lo que más me gustaba, y desde los 13 años comencé a jugar en los barrios de Moncada, así como en los equipos de Cristo Rey y la Escuela de Artes y Oficios.
-¿Qué significan para usted los nombres de Edildo Hernández y Francisco Salfrán?
-En el caso de Edildo, él fue mi primer entrenador, quien me solicitó para que fuera parte de la novena juvenil del reparto Sueño, donde tuve la oportunidad de ir formándome y donde comenzaron a verme como un pelotero con proyección. A él le debo esos primeros momentos y la paciencia que tenía para conducirnos, no solo a mí sino al resto de los compañeros, por el buen camino de la disciplina y la constancia deportiva.
Por otra parte, Francisco Salfrán, que tenía contratos como profesional en México y los rechazó para enseñar los fundamentos de la pelota en Santiago de Cuba, fue el que me llevó a desarrollarme y a esforzarme como bateador.
Son dos grandes hombres a los que tengo una alta estima, aunque trabajé con otros entrenadores como Roberto Ledo, ‘Pepín’ Carrillo, Juan Delís y otros que me enseñaron lo que debía hacer un pelotero en el terreno de juego.
-En 1963 debuta en series nacionales como miembro del equipo Orientales. A partir de entonces participó en 17 temporadas, ¿cómo resumiría su paso por nuestros clásicos beisboleros?
-Se dice fácil, pero fueron momentos llenos de alegrías y momentos no tan buenos. Siempre fue un honor representar a la región oriental del país, llenar estadios y recibir el aplauso de los aficionados.
Nuestro primer campeonato fue luego de las cinco series, porque las cuatro anteriores las había ganado Industriales, y en la primera edición se impuso Occidentales, pero nosotros tuvimos nuestro momento a partir de la llegada al banquillo de Roberto Ledo, uno de los mejores managers de nuestra pelota.
De ahí en adelante me mantuve como primera base, aunque también jugué en los jardines. Como tercer bate de los equipos de mi provincia tuve la posibilidad de ganar varios campeonatos con Orientales y Mineros.
-Nunca cedió ante las ofertas monetarias que intentaban empujarlo a la pelota profesional, ¿lo considera como una victoria más en su trayectoria deportiva?
-Ese fue mi mayor honor. Saber que tantos entrenadores y dueños de equipos de nivel profesional me querían en sus filas y decían que yo valía esto o valía aquello, pero nunca traicioné mis ideales y menos aún a mi Patria, además de los grandes deseos que tenía de representarla de la mejor manera posible.
Incluso recuerdo que la primera vez que fui al ‘Cuba’, cuando tenía 21 años, en unos juegos por invitación que tuvimos en México y que los ganamos todos, tuve propuestas para integrar equipos profesionales de la Liga de ese país, y mi respuesta siempre fue un rotundo no. Ese elenco lo integraban peloteros como Roberto Valdés, Justino Gavilán, Felipe Sarduy, Vicente Díaz, Manolito Hurtado, entre otros. Considero que esa era mi gran alegría, jugar a la pelota con esos grandes compañeros y portar la camiseta de mi provincia y mi país.
-Además tuvo la oportunidad de compartir con grandes dirigentes de nuestro país, ¿cómo recuerdo esos momentos?
-Sí, compartí con grandes dirigentes de Cuba que apoyaban nuestro movimiento deportivo revolucionario. Uno de esos grandes momentos es haber dialogado con el Comandante Fidel Castro, nuestro deportista mayor. Además, intercambié con otros grandes líderes como Juan Almeida Bosque y Raúl Castro. Fueron capítulos relevantes de mi trayectoria y los conservo no solo en mi álbum, sino también en mi corazón.

-Fue el primer pelotero oriental en lograr el título de líder de los bateadores en una gran porfía con Antonio Muñoz, ¿cómo enfrentó ese momento?
-Fue algo maravilloso, y más si se tiene en cuenta que fue frente al llamado “Gigante del Escambray”. Nosotros estuvimos discutiendo el liderato hasta el último día, si yo bateaba me iba por encima de él, pero lo gracioso es que después de estar por encima de él, fallé el próximo turno y en el último fue que gané el “champion bate” del año 1972, con 327 de average. Pero no solo me llevé el liderato de los bateadores, sino que además esa noche ganamos el campeonato frente al equipo de Henequeneros.
-El Mundial de La Habana 1971 lo consagró definitivamente como una de las piezas claves de la selección cubana, ¿qué representó para usted este torneo?
-Fue fundamental, incluso algunos dicen que fue mi mejor actuación en eventos internacionales, en lo que coincido completamente. Lo recuerdo como un momento muy grande, ese juego frente a Nicaragua fue decisivo porque ambos elencos estábamos invictos, y esa victoria nos llevó finalmente a coronarnos campeones mundiales, además en el orden individual pude integrar el Todos Estrellas. Ese día ‘Changa’ estaba más que fino, y yo creo que ofensivamente le eché una mano.
Luego, pude representar a Cuba en otros nueve certámenes internacionales, entre ellos eventos en Indonesia, Aruba, Curazao, México y Panamá. Además, recuerdo los Panamericanos de Canadá, así como otros torneos como el de las Universiadas Mundiales, celebradas en Italia en el año 1970.
-¿Cómo fue su amistad con Fermín Laffita?
-Laffita fue uno de los mejores jardineros centrales que ha jugado en nuestra pelota, además de que tenía una fuerza extraordinaria. Nosotros llegamos a ser una de las duplas de tercero y cuarto bate, en ese orden, más temidas de la década del 60’-70’. Deportivamente siempre nos entendimos y fuera del terreno fui un gran amigo de ese grande que pasó a la historia como “El Satélite Oriental”.
-Con 34 años decide retirarse de las series nacionales, ¿por qué tomó esa decisión?
-Me retiré pronto, pero no fue porque quise, sino por algunas exigencias que se me hicieron que estaban mermando mi rendimiento, porque ya acumulaba cierta experiencia, y en mi caso que me gustaba trabajar para mi equipo y para mi público, no pensaba empañar mi historial con cosas que ya no podía hacer. Creo que fue la mejor decisión que tomé en ese momento.
-¿Qué importancia le concede a la disciplina en un terreno de béisbol?
-La disciplina es la base en muchos aspectos de la vida, y en el caso del deporte mucho más, porque es fundamental para el logro de cualquier resultado relevante. Actualmente vemos como muchos de nuestros atletas no acatan las órdenes de sus entrenadores, le faltan el respeto a los árbitros, en fin, una serie de comportamientos que deslucen la trayectoria de cualquier atleta.
-Luego de su retiro de nuestros terrenos de béisbol, cumplió a plenitud con el deseo de su padre de darle prioridad a su formación y superación personal. Cuénteme sobre este particular.
-Sí, de hecho, yo creo que lo hice antes. Previamente a jugar béisbol en los equipos de mi provincia yo me había hecho mecanógrafo y taquígrafo. Luego me gradué de delineante arquitectónico por exigencia de mi padre, que exigía que sus hijos tuvieran un oficio. Ya luego de retirado de la pelota, tuve la posibilidad de trabajar muchos años en el Ministerio de la Construcción, e incluso me puse a pie de obra en muchos campos de béisbol de Santiago de Cuba como el de Cayo Granma, el del Campamento de Pioneros y el cercano a la playa Siboney; todos estos esfuerzos me fueron gratificados con la condición de Vanguardia Nacional, lo que es otro de mis mayores orgullos.
Más tarde, también me desempeñé como comentarista deportivo en las emisoras radiales CMKC Radio Revolución y CMKW Radio Mambí, sobre todo de béisbol que es el deporte que tanto me apasiona.
-¿Qué hace actualmente Elpidio Mancebo?
-Últimamente me he dedicado a realizar libros de béisbol, donde trato de llevarle a los nuevos talentos los conocimientos que adquirí en mi etapa como jugador. Por ejemplo “El difícil arte de batear”, “Clases de bateo”, “Conferencias de bateo”, y otros que tengo en mente para dentro de poco tiempo. El béisbol es mi pasión y siempre desde mi posición lo voy a dar todo para el desarrollo de la pelota en Santiago de Cuba, y sobre todo para que nuestra provincia regrese a los planos estelares de antaño.