Santiago de Cuba, / ISSN 1681-9969

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Para Mayra el oro prometido

mayra molina madre de ismael borrero santiago de cuba

No era una tarde de domingo cualquiera en la barriada santiaguera de Los Cocos. Uno de sus ídolos, el grequista Ismael Borrero Molina, debutaba en Juegos Olímpicos, en la división de los 59 kilogramos, y todos esperaban su victoria.

La expectativa era alta, ya que el muchacho de apenas 24 años llegaba con el aval de haberse titulado campeón del mundo el pasado año en la ciudad norteamericana de Las Vegas. Sin embargo, Borrero había sufrido algunos percances en su preparación previa a la magna cita, debido a una lesión que amenazó con poner en peligro el esfuerzo de tantos años.

“Cuando me enteré de la dolencia arranqué para La Habana a ver cuál era la situación real. Me entrevisté con el médico, aclaré todas mis dudas y siempre me garantizaron que la recuperación no pondría en peligro la participación de Ismael, en plenitud de forma, en la Olimpiada. Y quedó demostrado que llegó en un excelente estado”, confesó Mayra Molina Figueredo, madre del atleta.

Entre lágrimas, por la emoción del momento, dijo también que: “Él me llamó desde Río de Janeiro y me aseguró que se sentía bien, que estuviera tranquila que me iba a traer mi medalla, y no me defraudó”.

Consciente que no podía quedar mal que su mamá y con sus hermanos (Amado e Ismayda), el indómito salió como un trueno al colchón de la Arena Carioca 2.

En su camino a la gloria, y luego de quedar bye en la primera ronda, el pequeño fajador tuvo que sudar la camiseta para tumbar al kirguiso Arsen Eraliev (3-1). Luego paseó ante el chino Lumin Wang, al que despachó por superioridad (8-0), y en semifinales dispuso 4-1 del peligroso uzbeco Elmurat Tasmurado. Por el oro no dio respiro al japonés Shinobu Ota, a quien sometió por superioridad técnica (8-0).

Había cumplido Ismael, su madre desbordaba emoción y alegría enfrente del televisor, ubicado en la sala de su modesto hogar.

“En ese momento me vino a la mente sus primeros pasos en el deporte. Un niño de apenas ocho años que quería ser pesista, porque esa fue su primera especialidad, hasta que el profesor Julio Rodríguez lo convenció de cambiar para la lucha, por su somatotipo. Sus hermanos y yo siempre lo apoyamos incondicionalmente, como lo debe hacer una familia en la formación y educación de un atleta”, aseveró Mayra.

Con respecto al cambio de disciplina deportiva de Ismael explicó: “Fue algo curioso. El que siempre practicó lucha fue mi hijo mayor Amado Yunier. Incluso, fue él quien comenzó a llevar a Ismael a los entrenamientos cuando hizo el cambio. Son de esas vueltas que da la vida, Amado dejó el deporte, e Ismael...bueno, ya ustedes ven”.

Para Mayra el oro prometido. Para Borrero la gloria eterna, esa que muy pocos han logrado: conquistar en un año las coronas mundial y olímpica. Tal vez él nunca imaginó, cuando cambió las pesas por la lucha, que estaría iniciando su camino hacia la inmortalidad.

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