Vísperas de la celebración por el Día Internacional de los Trabajadores escuchando la radio una noticia me estremeció profundamente, dejaba de existir Bertha la Pregonera.
Berhta Lidia Hechavarría Heredia había muerto en su casa de El Caney, poblado de Santiago de Cuba. Nació en la Ciudad Héroe en el seno de una familia humilde el 23 de abril de 1930. Al morir tenía 86 años de edad.
Ésta mujer de voz estridente, sencilla, afable, jaranera y dicharachera, tenía siempre una respuesta a flor de labios ante cualquier pregunta con respecto a sus pócimas curativas.
Se trasladaba, todos los días, desde El Caney hasta la céntrica calle Enramadas con una enorme cesta a la cabeza llena de frutas y mejunjes caseros, pregonando sus productos de una manera picaresca y con su intencional doble sentido como sólo ella lo sabía hacer.
A pocas horas de su partida, se siente su ausencia, las calles extrañan su pregonar que evocaba lo más autóctono de esta tierra como las mundialmente conocidas frutas de El Caney.
Ella recibió el Premio Memoria Viva, por decisión del Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello, que la reconoció como símbolo de la continuidad cultural africana del Caribe, Mpaka, también fue merecedora del Premio Internacional Casa del Caribe, multipremiada en los Carnavales santiagueros y en los festivales del pregón.
Bertha la Pregonera o simplemente Bertica quedará en la memoria popular por su legado cultural.