Santiago de Cuba, / ISSN 1681-9969

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Reverencia ante la Reina CELESTE

FOTO CM 1En el año 1958, las victrolas dominaban el ambiente sonoro de Cuba, en escenarios tan diversos como cabarets, clubes nocturnos, bares y bodegas donde predominaba la música.

FOTO CM 2Paralelamente, se desarrollaba una fuerte competencia entre las firmas discográficas en el archipiélago, y como resultado surgían diferentes voces y agrupaciones musicales que a partir de sus grabaciones, se empeñaban en ocupar sitios preferenciales dentro de la popularidad en un público tan musical como el cubano.

Para la ocasión, Guillermo Álvarez Guedes, popular humorista de la radio y la televisión y conocido por Guillo, se unió al músico, compositor y director de orquesta Ernesto Duharte, y lanzaron al mercado la firma disquera GEMA que debutó con éxito, al producir grabaciones de un importante elenco artístico en el que sobresalía la figura del santiaguero Fernando Álvarez quien se convirtió en una de las revelaciones del momento.

Los éxitos de Fernando conjuntamente con los de Rolando Laserie, colocaron a GEMA a la altura de disqueras establecidas como la RCA Victor, Panart, Puchito...

Lamentablemente, la unión de Guillo y Duharte no duró mucho, pues Ernesto decidió establecer su propia firma: Discos Duharte, y dentro del elenco contratado aparece la vocalista santiaguera Celeste Mendoza, quien ya hacia incursiones en el canto, con un estilo interpretativo en el que mezcla el bolero y el guaguancó, cualidad que la nutrió de muchos seguidores, especialmente consumidores de música victrolera.

“Que me castigue Dios”, título del bolero-ranchera del autor mexicano José Alfredo Jiménez llevada al estilo de la cantante, fue el primer tema que dio a conocer a la intérprete dentro de este ambiente de la farándula, y el inicio de su carrera triunfal.

A partir de este momento, la solista santiaguera se convierte en imprescindible en los espectáculos de los cabarets habaneros, y también en la programación televisiva; además, muchos países conocieron del arte de ella y su alcance discográfico fue amplio pues logró grabar más de una decena de LP.

De su vida en Santiago de Cuba, puedo añadir que mi padre, quien tuvo una estrecha relación con la familia de Celeste, me explicó que durante su adolescencia, ella ya bailaba rumba en actividades que se realizaban en diferentes lugares de la ciudad, siendo pareja de uno de los rumberos más populares de la época, Erisberto Bell Estable, más conocido en el ambiente popular y folclórico por “El Morito”.

A principios de los 50, con parte de su familia la intérprete se traslada a la Habana. La historia recoge que a su llegada fue captada por el famoso coreógrafo Roderico Neyra -Rodney-, a la sazón director artístico del Cabaret Tropicana y que es allí donde ella da sus primeros pasos como profesional.

En 1979, como organizador en esta urbe de la primera Semana de la Cultura, que fue dedicada al Santiaguero Ausente, me dirigí a La Habana con el objetivo de invitar oficialmente a un grupo de personalidades que nacidas en Santiago, serían homenajeadas en la celebración. Dentro de ese grupo estaba Celeste, quien con alegría y muy atenta, recibió la invitación.

En el parque Céspedes, la presentación de la cantante en el espectáculo de clausura de aquella Semana de la Cultura fue sensacional. Luego de su actuación esperábamos que se sumara a quienes estábamos allí pero desapareció por arte de magia. En aquel momento no sabíamos si verlo como algo simpático o misterioso. A los tres días la vieron por la calzada de Crombet, montada en una carretilla de tracción animal, con un supuesto viejo amigo.

Al cabo del tiempo nos volvimos a encontrar y ante mi pregunta de lo ocurrido en aquella ocasión me confesó que la emoción y la alegría de verse actuando para su pueblo en el parque Céspedes, la enajenó y con un grupo de amistades que la aclamaban, salió a celebrar el momento, olvidándose de hotel y el boleto de regreso.

Celeste Mendoza (Santiago de Cuba, 6 abril 1930-La Habana, 17 noviembre 1998) ha sido una de las artistas santiagueras que alcanzó más popularidad; reinó en los cabarets y en el mundo discográfico; fue bien llamada la “Reina del guaguancó”, como la calificara Rita Montaner y acuñara también la prensa de la época.

“Al fin veo una verdadera artista cubana que expresa en lo vocal y en lo coreográfico con espontaneidad, sin dobleces, nuestra música popular y folclórica”, dijo Rita.

El pasado 6 de abril, Celeste hubiese cumplido 90 años. Entonces, sirva esta crónica como un sencillo homenaje a quien siempre enarboló y colocó en alto la cultura santiaguera, y por ende la cubana.

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