Con el objetivo de confrontar sus experiencias en los talleres que llevan adelante en Santiago de Cuba, personalidades de Cuba y otros países sobresalientes en el arte de cantar en grupo, se reunieron aquí como parte del 33. Festival Internacional de Coros Electo Silva In memoriam.
La acogedora sala de conferencias del Palacio de Computación, en la céntrica calle Enramadas, sirvió como escenario al encuentro, uno de los más importantes del Festival por el alto nivel de profesionalidad de los protagonistas.
Las maestras y los maestros Corina Campos y Beatriz Corona, de Cuba; los mexicanos César Augusto Solórzano y Salvador Cortés; de Italia, Francesco Grigolo, y el norteamericano Frank F. Eychaner enumeraron sus vivencias.
Campos recordó, que su taller ha tratado la música coral hecha por los jóvenes compositores cubanos y destacó la asistencia masiva de nacionales y extranjeros que participan en el Festival.
Mencionó a creadores como Daniel Torres, joven compositor muy talentoso, y Alexis Rodríguez Martínez, premiados en el evento Musicalia, ambos “con obras muy agradecidas. Son muchachos muy jóvenes pero con un gran futuro. Me gusta deleitarme con esa música, tenerla en mis manos y poder hacerla”.
Beatriz, más adelante desdoblada en eficientísima intérprete de Eychaner, explicó que su taller es con estudiantes de música de nivel medio, que dentro de su plan de estudio organizan coros mixto, y con el coro femenino Sirena.
“Estoy haciendo música infantil y para coro femenino. El taller es con los niños aficionados, que no están en la enseñanza artística; cantan a dos voces y con una tesitura cómoda y así son los montajes. Por demás, hay que darle esa oportunidad de crear a los muchachos, que sean partícipes. Estoy muy contenta de darle espacio a los jóvenes, y que quede un repertorio de quienes se inician. Esto sirve para incentivarlos… que no desechen nada; que escriban y se vayan haciendo de un catálogo.”
Sobre el acto de componer y de arreglar, Beatriz recordó que la composición, o sea crear, es un acto inusitado. Reconoció que el arreglista que es compositor tiene alguna facilidad porque el tema está pre hecho.
En otro momento de su intervención se refirió a cuán importante es rescatar la música popular y calificó como un ‘monstruo’ al guantanamero Monier. “Para él arreglar es como levantar una extremidad de su cuerpo. Monier cambió la sonoridad de la música popular para coros; implantó un sello en Cuba y en el mundo.”
El italiano Francesco Grigolo tiene a su cargo el taller sobre música italiana del siglo XIX pero antes de hablar de ese tema agradeció la invitación que gentilmente le hicieron. Dice sentirse por momento ‘trastornado’ ante la cantidad de música de gran calidad que ha conocido, y por la cantidad de músicos de gran valía con los que ha establecido nexos; jóvenes de gran talento. “Yo conocía a Silvio, Pablo… pero es asombroso la calidad, la cantidad, la pasión por la música que he encontrado aquí en Santiago de Cuba, por eso le estoy tan agradecido a la maestra Daria Abreu por haberme invitado”.
Con Grigolo están como 30 jóvenes cubanos y mexicanos; él habló de los grandes maestros de la música italiana del XIX.
El norteamericano Frank F. Eychaner asume en su taller, las nuevas capacidades de ensayo, conducción gestual y enfoques para la interpretación. Asistido por la maestra Beatriz, devenida traductora, Eychaner explicó que en Texas es profesor y trabaja con jóvenes; hizo hincapié en cómo hacer que gestualmente, los coros comprendan inmediatamente qué va a pasar a continuación.
Solórzano, de México, hizo un recorrido en su taller, sobre teoría y práctica del canto gregoriano, sin olvidar que su coterráneo, el maestro Tomás Acosta, ha tratado la rica tradición musical veracruzana.
El maestro Salvador Cortés demostró con sus palabras ser un hombre muy apasionado por Santiago de Cuba; destacó que cuando llegó por primera vez a esta ciudad tuvo un apoyo importante en Gonzalo González, encargado ahora de la atención de la prensa.
Rememoró el mexicano de Tijuana, Baja California, su amistad con el maestro Electo y sus horas en el hogar del eterno director del Orfeón Santiago; se refirió también, al trabajo que en estos momentos realiza con coros infantiles y recordó tiempo atrás, la atención que tuvo de la maestra Magalys Sánchez “que me dio el primer taller y me facilitó trabajar con su cantoría”, y por fin, la posibilidad de estar hoy en el Festival, laborar con Lissette Lucambio, con “Angelus”, y hacer un taller “de lo sacro a lo infantil, algo de mi tierra. El Orfeón cantó mi música en Tijuana; las rondas infantiles… es como hacer la música seria jugando, en dos y tres voces, o al unísono. Es muy bonito este intercambio entre todos nosotros y confraternizar sobre lo que hacemos y recordar como decía Electo, que la vida es cantar pues es así desde la primera manifestación de la voz cuando se nace y del último suspiro de la vida que viene precisamente del diafragma”.
Finalmente, los talleristas coincidieron en las ventajas de estas reuniones de trabajo y la satisfacción que los embarga por estar en una ciudad donde parece que todo el mundo canta solo o en coro.