Una de las primeras acciones como parte del programa profesional y literario de la 28. Feria del Libro en Santiago de Cuba, fue la intervención del notable escritor y poeta espirituano-santiaguero Reynaldo García Blanco, premio Casa de las Américas en poesía, en 2017.
A Rey lo precedió Camila Valdés León, directora del Centro de Estudios del Caribe de Casa de las Américas, quien se refirió a las seis décadas de esa institución fundada por Haydée Santamaría Cuadrado, y esa trayectoria hermosa que nació a pocas semanas de haber triunfado la Revolución Cubana, en 1959.
Entonces, quienes poseían el programa impreso de la Feria, esperaron con sumo interés, la intervención de García Blanco, no solo porque hablaría de su libro premiado sino porque la conversación con este poeta, depara siempre una satisfacción especial. Qué dijo esta figura galardonada de las letras cubanas, si conocíamos de antemano el título de sus palabras: Una Casa. Un Disco. Un Libro.
Lo primero fue que agradeció a los organizadores de la Feria la posibilidad para de algún modo tributar y colaborar en los reconocimientos a Casa de las Américas por sus 60 años de vida. Y continuó:
“Ya he contado en otros sitios, que en mi adolescencia viajaba muy a menudo de Sancti Spíritus a La Habana. Eran asuntos de hospitales. Las consultas médicas generalmente eran en las mañanas en pleno Vedado habanero. Si bien recuerdo en F y 29. De ahí era bajar raudo y veloz a la Casa de la Cultura Checa y luego a Casa de las Américas ¿Motivos? Discos y libros.
“No recuerdo con exactitud el primer tocadiscos que tuvimos en casa. Lo que si viene a mi memoria es que discos y libros me han acompañando desde entonces. Mudanzas, permutas, ciclones, desapegos minimalistas no han sido barreras para que esas furtivas compañías hayan sido un sucedáneo a la par de una taza de café o té y una hoja en blanco. Nada como leer unas páginas de La montaña de los siete círculos (Editorial Suramericana. Colección Horizontes, Mayo 1950), de Thomas Merton mientras que mortificado por una aguja de diamante, en un viejo RCA Víctor, gira Tito Rodríguez y su Orquesta que hacen la delicia de mi padre.
“No he negado que muchas de mis primeras lecturas nutricias fueron libros de poesía premiados en el Casa. Estoy pensando en Un arcoíris para el occidente cristiano, de René Depestre, Canto ceremonial contra un oso hormiguero, de Antonio Cisneros, Oíd Mortales, de Víctor García Robles, Taberna y otros lugares, del dilecto Roque Dalton y Para un cordero blanco, de Reina María Rodríguez por solo citar unos pocos que vienen a la memoria.
“Por esos días seguían los libros y los discos. El mundo comenzaba a girar a más de 33 revoluciones por minutos y la aguja de diamante a duras penas hacía un surco en la historia donde Nikita Jruschov
acariciaba a una perra llamada Laika y un tal Joaquín Sabina,
abrumado por el humo de las amapolas, confundía a Lennon con Lenin y yo a Carlos Marx con Groucho Marx. En la televisión dejaron de poner el Acorazado Potenkim y 17 instantes de una primavera. Entonces escribí:
LOS QUE AYER CANTÁBAMOS YESTERDAY
Los que ayer cantábamos Yesterday
Hoy nos hemos reunido a recordar
El té Flor de Oro
Las cebollitas búlgaras
Y la solana política con que decíamos adiós al siglo.
Los que ayer cantábamos Yesterday
Estamos asomados al veril
Y una fina protesta cae a nuestros pies
Como si fuera lluvia ácida
Como si fuera un maná desechable y transgénico.
Los que ayer cantábamos Yesterday
Seguimos cantando. Seguimos.
“Y así de a poco fue naciendo Esto es un disco de vinilo donde hay
canciones rusas para escuchar en inglés y viceversa.
“Ahora voy de año en año a La Habana. La Casa de la Cultura Checa ya no existe. Pero un poco más abajo, al borde del mar hay una casa. La Casa de las Américas. La Casa donde una vez entré a buscar un disco de Paco Urondo y un libro de Roque Dalton. Una Casa que cumple 60 años y yo me uno a su Cumpledía.”
El aplauso y las felicitaciones a Reynaldo fueron el reconocimiento a quien ya inscribió su nombre en la historia de una institución histórica.