Una Casa evoca muchas cosas, tiene muchos significados. Puede ser el sitio protector donde crecimos y al que siempre regresamos. Puede ser el rincón donde reencontrar nuestras almas sin máscaras ni afeites. Puede ser matria y patria al mismo tiempo. Puede ser lugar de reposo y fe, el recinto donde imaginarnos y construirnos. Justamente es esta Casa la que nos propone Estudio Teatro Macuba, obra teatral inspirada en la Casa de Bernarda Alba de Federico García Lorca. La Casa se convierte así en metáfora de la cubanidad contemporánea anclada en las firmes raíces de la cultura popular tradicional cubana. La Casa de Macuba, se halla en cualquier barrio del país, lugar donde late la cotidianidad de la vida y espacios donde se crean las riquezas que dan forma a nuestro actuar y explican quiénes somos en la relación identidad-conflicto-sociedad.
Durante largos años, la valía de la propuesta idioestètica de Macuba, radica en mostrar el gran aporte de la oralidad y la sabiduría tradicional popular dentro del corpus cultural cubano. A través de lo lúdico y ritual, la poética de Macuba nos ha acercado al abanico cultural, social, político y étnico de nuestro país. Muchas cosas de nuestra historia sociocultural han sucedido dentro de límites que establecieron una dicotomía entre lo culto y lo popular. Macuba y su poética teatral nos advierte que no hay piso cultural deshabitado;todo tiene historia, leyenda y relato. Voces que hacen memoria y dan vida.Seres maravillosos y hombres de carne y hueso,héroes e indignos, historias de indios, negros, mulatos y cristianos,ritmos y lenguajes de tambor y danzas, y endiablados, y santos y vírgenes patronas que dan coherencia a nuestras realidades. Ellos no son resultado de la casualidad imaginativa porque han creado sentido, sino todo lo contrario,su originalidad debe entenderse en su capacidad para generar sentidos sociales y políticos de manera propia a lo largo de los años que nos unifican en la lucha por definir nuestra razón de ser como pueblo. Generan cohesión social, pero también disensos. Comunican aspiraciones y visualizan el ideal social de un proyecto donde conviven las diversas “cubanidades” que nos modelan.
A partir de estas certezas, Macuba no habla por el teatro, sino habla desde el teatro a partir de las categorías y los sentidos omnipresentes en nuestro acervo cultural desplegados en la cotidianeidad. La expresividad del espectáculo nace de la amalgama de diálogos y recursos escénicos de intenso valor simbólico en vestuarios, danza, música, canciones, colores, luces y sombras, volúmenes, movimientos que en su composición estructural garantizan, en su conjunto la comunicación con públicos de muy diversos niveles de recepción.
La Casa de Macuba, comparte con el clásico de García Lorca la necesidad de hablarnos de la conducta humana, del rechazo que se debe desplegar contra los prejuicios, la intolerancia. Avisa sobre cuánto pesa aún sobre nuestras almas, conciencias y las valoraciones que realizamos los moldes de una sociedad patriarcal y machista que produce y reproduce seres humanos llenos de cegueras culturales. Las femenidades que interactúan y se despliegan en la obra son un buen ejemplo de ello, apresadas entre el “deber ser”, el “querer ser” y la “necesidad de ser”. Bien se sabe que una casa es como un caldero que pare vidas. La Casa de Macuba, trae al mundo una propuesta que nos enfrenta a nuestros propios olvidos, intransigencias y esperanzas y nos llama la atención de cuánto nos falta por hacer y de la responsabilidad social que todos tenemos para con los hijos futuros de la sociedad cubana. Previene de la imprescindible necesidad de escuchar como único modo de saber andar, como bien nos propone el senegalés, Birago Ismael Diop, Gran Premio Literario de África en 1964 en un fragmento del poema “Soplos”:
Escucha más a menudo
las cosas que los seres
La voz del fuego se oye,
oye la voz del agua,
escucha en el viento
la breña que solloza.
Es el soplo de los ancestros,
el soplo de los ancestros muertos,
que no partieron,
que no están bajo tierra,
que no están muertos.
Los que están muertos nunca partieron,
están en la sombra que se aclara
y en la sombra que se espesa,
los muertos no están bajo la tierra:
están en el árbol que se estremece,
están en el leno que gime,
están en el agua que corre,
están en el agua que duerme,
están en la cueva, están en la multitud:
los muertos no están muertos.