Tenacidad de Diana María sobre “Pueblos de madera y azúcar”

Categoría: Culturales
Escrito por M.Sc. Miguel A. Gaínza Chacón / Foto: Autor
Visto: 1135

DIANA3

Santiago de Cuba, marzo 11.- Perseverancia y mucho sacrificio acompañaron a Diana María Cruz Hernández a lo largo de tres lustros de investigación devenida Doctorado y más tarde libro, “Pueblos de madera y azúcar”, por el cual un jurado bien exigente se inclinó para entregar a su autora el Premio de LA Crítica Histórica José Luciano Franco’ 2017.


Este fue, sin duda, uno de los éxitos editoriales más importantes de la provincia santiaguera en el año, y por extensión para Ediciones Caserón, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) en esta ciudad, lo más sobresaliente conseguido por ese sello.
La Dr. C. María Elena Orozco, en el Prólogo de la obra, resalta el valor científico del libro y su contribución al conocimiento y rescate de la arquitectura maderera, condenada a perecer por el impacto del clima, del tiempo y por el poder destructor del hombre que no siempre es consciente del valor de estas construcciones las que, como elemento del entorno, también forman parte de su identidad.
Y la Dra. C. Tania García Lescaille, profesora e investigadora del Departamento de Historia del Arte, en la Facultad de Humanidades de la Universidad de Oriente, al presentar la obra apuntó “Este libro de 145 páginas de imágenes intercaladas, de fácil y agradable lectura, alcanza hoy una dimensión especial porque hace perdurable la historia y el valor de las comunidades azucareras que hicieron del batey además del espacio habitable, terreno fértil para el desarrollo de la historia nacional. Pueblos de madera y azúcar hará que lo perecedero no quede en el olvido”.
Las referencias precedentes sirvieron como introducción a la conversación con Diana, en el patio acogedor y despoblado a esa hora de la mañana, en la sede de la Uneac, en la calle Heredia.
“Alrededor de 15 años me llevó la investigación, que inicié desde que era estudiante, o sea, desde que yo comencé en la Universidad a trabajar en lo que llamamos trabajos de curso; primero, trabajos parciales en algunas comunidades; luego fueron las tesis de Maestría y de Doctorado, en sí una continuidad de esos temas.
“A finales de los años 80, en la carrera de Historia del Arte, es que comencé a trabajar en esto, porque en aquel momento tuve la oportunidad de acompañar a quien luego fue mi tutor, el Dr. José Vega Suñol, actualmente profesor de la Universidad de Holguín, en unos trabajos que él estaba haciendo para su Doctorado.
“Con él hice un recorrido por las comunidades azucareras, hurgué en los archivos, busqué información para el Trabajo de Curso y luego el de Diploma, específicamente sobre el barrio de los americanos en Banes; luego vino la Tesis de Maestría, en 1999, con este mismo tema pero dedicado a la arquitectura de las comunidades azucareras, la vivienda.
DIANA1“Fue un estudio sobre el área sur oriental de Cuba, porque Vega Suñol había tratado la zona nororiental y aunque él abordaba la arquitectura y la vivienda, su trabajo era más bien etnohistórico; no era desde la ciencia sobre arte ni era propiamente sobre la arquitectura, por eso yo siempre digo que él fue el promotor de este proyecto mío; fue quien más me impulsó a que yo siguiera la investigación.”
El estudio de Diana es mucho más general sobre el sur de Oriente, que en su opinión era absolutamente virgen.
“Ahí no se había hecho nada y las aportaciones de Pepe sobre el Norte de Oriente y los estudios míos junto con él me permitieron hacer la tesis de doctorado sobre la vivienda de madera en las comunidades azucareras del Oriente de Cuba desde 1900 a 1930.”
Explicó la Dra.C., que el período es importante pues en ese lapso se trabaja fundamentalmente la madera, y ya en los años 30 se comienza a trabajar con más fuerza la mampostería por una razón muy sencilla: la madera se relaciona con la provisionalidad de quien llega a un lugar y no sabe si va a permanecer. Y eso pasó con los norteamericanos (el libro trata solo a las compañías azucareras norteamericanas y la vivienda y arquitectura promovidas por estas), aunque en el territorio hubo otras entidades inversionistas francesas, españolas, y cubanas.
Entonces a partir de los años 30 predomina la mampostería por el sentido de pertenencia y de permanencia del capital norteamericano. “Ellos consideraban que iban a permanecer aquí... y la mampostería era mucho más imperecedera”.
En las dedicatorias –que son varias-- del libro premiado, Cruz Hernández pondera a su compañera de trabajo Mónica Cabrera, ya fallecida, arquitecta y profesora de la Facultad de Construcciones de la Universidad de Oriente, quien consagró sus investigaciones al estudio de la arquitectura de madera en Santiago de Cuba. Ella dirige su labor a la ciudad y Diana a los centros vinculados con la producción azucarera.
“Para mí fue muy importante el trabajo de Mónica, y más que eso mi vínculo personal con ella. Como tenía su visión desde las ciencias técnicas, ella me compensaba con lo que a mí me faltaba, porque mi ‘mirada’ era más bien desde la historia del arte; la arquitectura vista como la primera de las artes; todo el background técnico que yo pude ir desarrollando se lo debo a ella. Su labor en Santiago de Cuba me sirvió de mucho, pues además fue un conocimiento general que me permitió demostrarme a mí misma muchas cuestiones que yo me había preguntado. Yo también la ayudé mucho a ella, porque defendió su tesis de Doctorado en 2007 y yo la de Master en 1999 y Doctorado en 2003. La apoyé en todo lo que estuvo a mi alcance.”
“Pueblos de madera y azúcar” es el primer libro de Diana, aunque en su currículo aparecen numerosos artículos en publicaciones periódicas, en revistas, en eventos, publicados en CD, y también otros sobre temas de las artes plásticas, esencialmente sobre el grabado.
“Pero este es y será el más importante aunque haga otros libros, porque es el que se erige sobre la investigación que más tiempo me ha llevado; que más sacrificio me costó: implicó moverme a muchos sitios del Oriente de Cuba, a casi todos los centrales, y hacerlo con mis medios, con mis recursos, y en un período muy difícil: en los años 90. Por eso siempre lo voy a recordar y también por eso soy muy agradecida. Necesitaría como tres cuartillas para los agradecimientos por la cantidad de gentes que me apoyaron, personas que me conocían y otras que nunca me habían visto y me abrieron sus puertas y me tendieron la mano, sobre todo esos habitantes de las comunidades que uno llega a sus casas y sin saber quién es te dejan entrar y te atienden. Eso siempre lo voy a agradecer. Y por supuesto a los especialistas que me revisaron el texto, que me dieron una consulta, que me ayudaron a conseguir una información; a los archivos en Guantánamo, en Las Tunas, en Holguín, en Granma, en Manzanillo... gente que me dio cobija en su casa en esos días. Fue un trabajo muy difícil.”
Diana María Cruz Hernández no es santiaguera; nació en 1969 en la ciudad de Holguín, en La Quinta, un día esplendoroso para venir al mundo: el 14 de febrero.
“Mis padres eran profesores; estudié la primaria en la escuela Raúl Cepero; la secundaria, en la “Lidia Doce”; el preuniversitario, en la Escuela Vocacional José Martí, donde me gradué en 1984; en 1985 ingresé en la carrera de Historia del Arte en la Universidad de Oriente, hasta 1990 cuando me gradúo... soy de la tercera graduación de esa carrera, que antes solo se estudiaba en La Habana, y tuve la suerte de poder venir para Santiago y graduarme aquí cuando se instituyó el Título de Oro... y me lo gané.”
Los dos años de servicio social los hizo Diana en Holguín, como profesora de la carrera de Educación Plástica y Educación Musical, en el Pedagógico de Holguín; en 1993 retorna a Santiago de Cuba y desde entonces forma parte del claustro de Historia del Arte, y durante todos estos años ha sido jefa del Departamento, profesora de Arte Latinoamericano, jefa de la disciplina de investigación y crítica de arte, profesora titular y presidenta de un tribunal de cambio de categoría y últimamente, además, de Metodología de la Investigación.
Con un diálogo fluido y exacto, Cruz Hernández va imbricando magistralmente las tramas de su vida estudiantil, profesional, de investigadora, familiar... Habló de cómo tuvo que desmontar de su tesis, el andamiaje metodológico para finalmente llegar a “Pueblos...”.
“Ganar un premio siempre es un regalo, da mucha alegría y es un reconocimiento a esta labor que ya expliqué cuán difícil fue realizarla. Es mi primer libro y no lo hice para obtener nada sino con el objetivo de perpetuar esta investigación y quería socializarla, porque siendo solo un trabajo de doctorado se limita un tanto el acceso a la información y yo quería que fuese un texto que llegara a todo el mundo; intenté en el libro ahondar en la relación entre la vivienda y su habitante, es decir no ponderar solo la arquitectura sino el hombre que vive en ella y desarrolla allí una serie de hábitos, costumbres, rituales en su vida diaria, que poco a poco han ido conformando el hombre junto con el batey, junto con su entorno, junto con la producción... lo que se conoce como la cultura del azúcar.
“Eso me interesó en un momento en que coincidentemente, al finalizar la investigación, está teniendo lugar ya la reorganización de la industria azucarera en Cuba, situación que trajo muchas consecuencias no siempre buenas, y que ha generado muchos cambios en el batey y en la gente. Ha sido una feliz coincidencia la publicación del libro ahora, porque de algún modo es un aporte a la memoria histórica, que es lo que me interesa; mucho de lo que había allí, y hay, se va a perder, mucho se ha perdido ya. Y el libro va a ayudar a conservar esa memoria histórica.”
Sobresale el hecho de que un tribunal de historia evaluara una obra esencialmente referida en sí a la historia pero más bien sobre arquitectura, sobre la vivienda, en fin: con una mirada diferente de la historia.
“Premiar al libro ha sido muy importante para mí y quiero aprovechar y dar las gracias a Ediciones Caserón, y pienso que también es muy importante para la editorial porque ellos nunca habían obtenido un premio como este.”
Ahora Diana está empeñada, si sus responsabilidades universitarias le dan cobertura, en terminar dos proyectos: una compilación de trabajos sobre un evento realizado en Santiago a finales de 2012 que se llamó Gráfica, con apoyo de un proyecto con Canadá, dedicado al grabado, y el otro, que se llama La ciudad impresa, sobre el grabado santiaguero en los últimos 40 años.
Después habló la otra Diana, con varias dedicatorias: “... a mis padres porque el tiempo que vivimos juntos fue el mejor de mi vida; tengo un hermano que reside lejos pero no importa... para mí la familia es lo principal; a mi hijo Miguel Antonio, un hijo muy amoroso; a Miguel Ángel Lobaina, el padre de Miguel Antonio, que tanto me ayudó, que financió este proyecto y siempre me impulsó a seguir adelante; también, de algún modo, a toda mi familia que es fundamental; a la viejita Primitiva, un sostén para mí, y a todas las personas que viven a mi alrededor, me acompañan y me apoyan”.

Comentarios   

#11 maguiz 15-03-2018 10:09
Muchas felicidades a la doctora Diana por su libro Pueblos de madera y azúcar donde contribuye al conocimiento, rescate de la arquitectura maderera de las comunidades azucareras, divulgación y educación de nuestro patrimonio , preservando la memoria histórica de la tradición azucarera de nuestro país.
Citar
#10 aymara 15-03-2018 10:02
Felicitaciones para esa Dra que ha sabido plasmar en tre líneas toda una historia rica y llena de investigaciones.
Citar
#9 zafra 14-03-2018 16:50
muchas felicidades a la doctora Diana, ahora esperamos con ansias que los trabajadores del sector azucareroa tengan la dicha de poder disfrutar de este libro fruto de su investigación en el sector
Citar
#8 Franz 14-03-2018 13:33
Merecido reconocimiento a la Dra. Diana, con su libro va a ayudar a conservar esa memoria histórica.
Citar
#7 alz 13-03-2018 20:49
Importante publicación para mantener viva nuestras tradiciones.
Citar
#6 Rosa-INICA 13-03-2018 11:01
Ante todo mis respeto para esta mujer que ha sabido plasmar en una tesis de doctorado que la caña no es solamente azúcar, sino es también arte y cultura. Felicitacione
Citar
#5 Báguanoz 13-03-2018 08:39
Qué bueno apreciar la dulzura en el rostro de esta mujer cubana, y saber que ha dedicado una buena parte de su vida a investigar sobre una de las principales ramas de la economía cubana, la cual, además, forma parte de las raíces y la identidad de nuestro pueblo y nación.
Citar
#4 zakura 12-03-2018 16:18
Es de reconocer el sacrificio realizado por esta compañera para poder realizar esta importante investigación para poder obtener los resultados necesarios para la edición de este libro que para los trabajadores azucareros es de mucha importancia ya que su trabajo y logros serán de conocimiento para esta juventud que hoy despunta.
Citar
#3 Zania 12-03-2018 16:04
Es más que meritorio el trabajo de la Dra Diana, nuestras felicitaciones y ojalá le de cobertura sus responsabilidades universitarias para que materialice los proyectos que se está proponiendo, pues no podemos permitir que se pierda la historia.
Citar
#2 Zamora 12-03-2018 15:47
Estuvimos presentes en varias de las consultas de la Dra Diana, siempre estuvo presente en nuestros eventos de patrimonio, dando su valioso aporte con conferencias magistrales, se merece este título a su libro, felicidades
Citar

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar