Una ovación desde el alma
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- Categoría: Culturales
- Escrito por INDIRA FERRER ALONSO
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Lo llamaron “El bárbaro del ritmo”, un genio de la música cubana, una voz capaz de inmortalizar letras y melodías, un cantante que a 54 años de su desaparición física continúa subyugando corazones con el embrujo de su talento… todo eso era Benny Moré. Este 24 de agosto habría cumplido 98 años el sonero mayor, y aunque no es una efeméride muy conocida entre los cubanos, hasta los más jóvenes admiran sus legendarias interpretaciones.
Cuentan que era sencillo, un negro procedente de familia pobre, descendiente de esclavos, al que la fama y el dinero no consiguieron trastornar, como a veces ocurre con las estrellas. En una ocasión en que Bohemia entrevistara a Celeste Mendoza, la popular cantante lo definió en pocas palabras: “Era un tipo barbarísimo.”
De boca en boca, de generación en generación, han ido propagándose las anécdotas sobre su alto concepto de la amistad. Solía dar dinero a sus amigos cuando más lo necesitaban y su filosofía de vida era, tal como lo cantó, vivir el momento feliz, gozar lo que pudiera gozar porque a fin de cuentas “la vida es un sueño, y todo se va.”
Cuando se hurga en los textos que prestigiosos musicólogos han dedicado a Bartolomé Maximiliano Moré y Martínez –que era su verdadero nombre-, afloran alusiones a su origen. No pocos coinciden en que, criado en el seno de una familia en la que se practicaban rituales afrocubanos, la musicalidad innata del cienfueguero se enriqueció con los cantos, toques y bailes religiosos en que participó desde su infancia.
Lo cierto es que por aptitud natural y por sus influencias, el Benny logró desarrollar un amplio repertorio: cantó guajiras, guarachas, chachachá, merengues, sones y boleros con su Banda Gigante. Era tan peculiar y fascinante su manera de interpretar la música, tanto brillaba su picardía criolla que logró no solo el aplauso de los avezados, sino la simpatía y el cariño del pueblo cubano.
Todavía hoy, como ha ocurrido durante décadas, es un paradigma para los músicos de este país. Entre los homenajes a su obra se hallan discos, versiones musicales e interpretaciones de temas icónicos de su repertorio.
A la memoria del Maestro inigualable, el eterno hijo de Santa Isabel de Las Lajas, van estas modestas líneas de Sierra Maestra como una ovación desde el alma.

