Para la cantidad abrumadora de periodistas –la mayor parte mujeres– reunidos en la conferencia de prensa en el salón de protocolo de la flamante Empresa de la Música, no quedó la menor duda: un por ciento muy importante de la fama y la popularidad del cantante salvadoreño Álvaro Torres descansa no solo en su voz que es todo melodía o en los textos de sus canciones que son himnos al amor sino, además, en la simpatía que irradia.
A lo sumo habían transcurridos dos minutos del inicio del diálogo, y ya el cantante “tenía en el bolsillo” al auditorio.
Álvaro Torres se presentará mañana a las nueve de la noche en el anfiteatro Mariana Grajales, y repetirá la función el domingo a la misma hora.
Este será el primer encuentro de Torres con el público santiaguero.
Sonrisas, delicadeza al responder cada interrogante son atributos de este salvadoreño que lleva décadas haciendo suspirar a un Continente.
En la conferencia de prensa, desarrollada casi al mediodía de hoy, al vocalista le preguntaron de todo y habló de todo: del padre que le trasmitió los genes de la música; de sus amores juveniles, de la posibilidad de hacer un disco que se titularía Homenaje a Cuba; de cómo sabe sobre el carisma del público santiaguero y de que él es alguien muy popular en esta ciudad musical cubana.
Agradeció el presente de la Fábrica de Instrumentos Musicales de esta ciudad, cuyos trabajadores le enviaron una guitarra en miniatura. Y la elogió.
Muchas veces ocurre: Álvaro es músico empírico y eso lo convierte aún más en leyenda.
Porque el intérprete más conocido de El Salvador y uno de los íconos románticos de América es leyenda para varias generaciones de seres humanos que se enamoraron con Acaríciame, Sencilla y bella, Si estuvieras conmigo, Hazme olvidarla, Cambiando de tema…
Aún y sin hacer la primera actuación ya dijo que desea volver, y los santiagueros están felices de tener aquí, paseando por la calle Heredia, en El Cobre, por Garzón, o cantando en el Anfiteatro Mariana Grajales… al rey del romance, a Álvaro Torres.