En un sitio inusual: casi en el centro histórico de esta ciudad, fue quemado el Diablo, y por lo tanto quedó expedito el camino hacia el Festival del Caribe número 36, en julio de 2016.
Inusual el sitio de la ceremonia, porque tradicionalmente la quema de Lucifer –uno de los ritos populares más arraigados en la Fiesta del Fuego– ha tenido lugar a pocos metros de las aguas de la bahía santiaguera, en un punto de la Alameda Michaelsen, hoy en remodelación.
Desfilaron las representaciones de los países asistentes al festejo caribeño, las mismas que en horas del mediodía de este jueves clausuraron en el Teatro Heredia, el Coloquio El Caribe que nos une, espacio de reflexión que esta vez cubrió todos los días del Festival, excepto la jornada inaugural, el 3 de julio.
Esta tarde, en el Parque Céspedes, Juan Martén Portuondo, alias Wancho, sacerdote de Ifá, entregó la Mpaka a Reinaldo García Zapata, presidente de la Asamblea Provincial del Poder Popular (Gobernación), y otros atributos mágico religiosos que igualmente contienen “todo lo bueno del festejo”, a Lázaro Expósito Canto, primer secretario del Partido Comunista de Cuba en la provincia de Santiago de Cuba, y a Tania Fernández Chaveco, directora de Cultura en el territorio.
Para ver el cierre del evento dedicado a la Mancomunidad de las Bahamas, miles de santiagueros se reunieron en ambas aceras de la céntrica calle Aguilera para ver desfilar a las delegaciones extranjeras y a los grupos portadores cubanos, la mayor parte de estos de la región santiaguera, por los 500 años de la fundación de la villa.
Todos brillaron por el esplendor del espectáculo, pero en verdad, la delegación de la Mancomunidad de las Bahamas rebasó los cálculos por su belleza y ritmo, y así fue la ovación que recibió del público agolpado en el entorno del “Céspedes” y sus calles aledañas.
Los talleres de oralidad, teatro, artes pláticas; los encuentros de comunicadores Caribe 2000 y De Poetas del Caribe y el Mundo Jesús Cos Causse, el Curso Taller Internacional de Religiosidad Popular, además de las presentaciones artísticas en más de 40 sitios de esta ciudad completaron la agenda del Festival anual de más larga data en Cuba. Ese que en cada celebración, aumenta su prestigio al unir más y más a los pueblos y las culturas de la región caribeña.