Santiago de Cuba, / ISSN 1681-9969

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Emplazarán en Jiguaní busto del poeta Luis Díaz que donarán artistas de Santiago de Cuba

DIAZ ODUARDOUn busto del poeta Luis Díaz Oduardo, que artistas santiagueros proyectarán y esculpirán, será emplazado en 2017 en un parque de la localidad de Jiguaní, tierra natal del bardo.     

El 19 de agosto de 1947 nació Luis Noel Díaz Oduardo, y según reseña León Estrada en “Santiago Literario”, de la colección La cultura artística y literaria en Santiago de Cuba. Medio milenio, (Fundación Caguayo-Editorial Oriente, 2013):

“En una nota manuscrita de su puño y letra tuve la suerte de leer que en enero de 1959 obtuvo premio en un concurso para niños convocado por la Revista Bohemia acerca del 7 de diciembre, y en efecto, en 1965 se nuclea alrededor del grupo de escritores de Estímulo y viene definitivamente a residir a nuestra ciudad en 1967, año de la creación de la CJEAO (Columna Juvenil de Escritores y Artistas de Oriente).”

Por lo precedente, está claro que desde niño Díaz Oduardo se inclina por las letras; también, que con 20 años llega a Santiago de Cuba, ciudad donde desarrolla la mayor parte de su creación poética y una labor sistemática de promoción de la cultura.

León Estrada señala, además, que Luis participó en la fundación de la CJEAO en 1967; que en 1972 se licenció en Español por la Universidad de Oriente; que en 1965, y fechadas en Jiguaní, aparecen algunas de sus colaboraciones en la revista Estímulo…

“La ensayista Amparo Barrero, quien se ha ocupado de valorar con justicia la poesía de Luis –entre la de otros poetas como Cos (Causse) y Nadereau--  ha dejado escrito: ‘(…) Luis Díaz Oduardo, quien a pesar de no haber podido alcanzar su plena madurez a causa de la muerte anticipada, nos dio un ejemplo de hombría y vitalidad dignos de recordar, pero, ante todo, nos legó una poesía en la que la urgencia por cantarle a la colectividad y a la nueva sociedad no convirtieron su obra en mera propaganda, despojada de valores artísticos, no ahogaron su voz personalísima. (…) que su poesía no escapa a defectos casi habituales en la obra de otros autores surgidos al calor de la Revolución. Pero, por encima de todo, sobresalen la impronta de su autenticidad creadora, su vocación por la poesía y su palabra, inconfundible por su ternura y su diafanidad.’

“Un poeta desparecido –y su obra--  son, por lo general, pasto de olvido --dice Estrada--. Pero Luis no ha sido olvidado, por eso algunos textos, de lo mejor de su poesía, aparecen en una reciente antología de poetas santiagueros, por eso el Taller Cultural –que dirigió--  lleva su nombre, y allí está emplazado un relieve con su efigie, obra del escultor Carlos Parra; por eso lo traigo a este libro, contra la muerte y contra el olvido”.

Exactamente: Luis nunca ha estado ausente. Ese Taller que lleva su nombre se ha encargado de situar su impronta en cada evento que realiza; en cada encuentro que allí se promueve; en cada reunión de artistas; en cada jornada de atención a los niños vinculados a las artes plásticas…

De Adolfo Escalona, entre los fundadores del Taller, se debe haber retomado la propuesta del busto del poeta, algo que inmediatamente abrazó Israel Tamayo, director de esa institución desde hace 29 años, luego de Alberto Lescay Merencio, quien a su vez había asumido la responsabilidad tras la muerte de Luis.  

“Los días 7, 8 y 9 de diciembre próximo realizaremos una jornada cultural con la que festejaremos los 40 años de creado el Taller. El  primer día iremos a Jiguaní en horas de la mañana, para llevar una ofrenda floral a Luis, quien fuera el fundador principal. Para eso hemos invitado a artistas y a familiares del poeta.”

Explicó Tamayo: “Vamos a materializar más adelante, la idea de hacer un busto de Díaz Oduardo, para ubicarlo en un parque de Jiguaní. Esa es una donación que va a hacer el Taller Cultural para esa ciudad. Y para destacar allí, en su tierra natal, el aporte que hizo a la cultura cubana. Eso será ya para el año próximo, y claro, coordinaremos con las autoridades jiguaniceras. Será un proyecto bien bonito y al realizarlo le estaremos rindiendo homenaje a quien tanto empeño puso en favorecer la cultura cubana.” 

Pocos días antes del final nos encontramos con Luis Díaz, exactamente en la confluencia de las calles Heredia y San Félix, a dos cuadras de la sede, entonces, del periódico Sierra Maestra, en Santiago de Cuba.

El poeta estaba “herido” mortalmente. Así lo anunciaban su físico y una sonda introducida en la nariz y sujetada a un lado de la cabeza. Sin embargo, su semblante lucía tranquilo. Habló algo de luchar siempre y se encaminó hacia la Uneac. ¿Cómo lo hacía? Qué espíritu el del bardo negado a darse por vencido. Pero el autor de Redoble por la muerte de los héroes, Balance del caminante, Los avisos del abuelo, Canto mío de amor… esta vez se inclinó. Apenas dos semanas le faltaron para completar el año 1980. El 17 de diciembre, en esta ciudad, Luis Díaz Oduardo viajó a la eternidad. El 18 fue sepultado en su terruño jiguanicero. Tenía solo 33 años y un mundo de sueños irrealizados.  

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