No creo que nuestro gigante podría haber recibido un mejor homenaje que esa nueva creación tuya, Tin. Tuya y de tus infantes y tus colaboradores, los que escogieron las imágenes desde que era un muchacho espigado, luego el joven atractivo, el militar corajudo, el estadista brillante, el amigo atento, el orador carismático , en fin el líder indiscutible de nuestro país y para muchos, el hombre más trascendente del siglo XX en el planeta Tierra.
Fue una hora de emociones crecientes, con las imágenes exactas de fondo y tus niños empezar con nuestro Martí hasta llegar a Fidel. La música cubana palpitó en cada número, porque tú no puedes hacer otra cosa que derrochar talento.
Brillante, como siempre, el maestro que contrataste, ese Eusebio tan leal como su apellido, y a Omara la Portuondo octogenaria , pariendo con su era un corazón a capella Y Pancho Amat desgranando notas en su tres.
Lograste Tin unir la ternura, la alegría con la sencillez y la calidad en espectáculo que apeló todo el tiempo a nuestros corazones, los de los asistentes al teatro y los que vimos la televisión. El teatro vibró de nuevo con el nombre de dos sílabas que está ligado a la historia de Cuba.
Gracias por ese cumpleaños que organizaste con tu colmena y en el nombre de millones de hombres y mujeres de todos los continentes para los que ver un segundo a Fidel, es tener un instante más de esa vida tan corta que vivimos en esta tierra, aun patas arriba que siempre recordará al muchacho nacido en Birán, noventa años atrás.
