Marie Thérèse Anton, una historia de genuino amor por Cuba

Categoría: Nacionales
Visto: 1071

maria teresa antonEncontrar fuera de Cuba a alguien que la ame tanto, es una sensación infinitamente gratificante que aumenta cuando esa persona vive a varios miles de kilómetros de la mayor de las Antillas. Así sucede con Marie Thérèse Anton, una ciudadana francesa que quiere y admira profundamente a la nación caribeña. Hace varias décadas inició una estrecha relación con este país, la que mantiene hasta hoy.

Anton compartió con Prensa Latina acerca del vínculo entrañable que la une a Cuba.

PL: ¿Por qué fue a trabajar a Cuba?

MTA: Los motivos son varios. Recién graduada y joven militante en París, empecé a ejercer mi profesión de trabajadora social, pero me di cuenta rápidamente de que ese concepto de servicio social no era la solución para arreglar los problemas de nuestra sociedad capitalista.

Acabábamos de vivir los acontecimientos de Mayo de 1968; se hablaba del Che, de Fidel Castro y de la Revolución. Tenía mucho interés en conocer el proceso revolucionario cubano, ya que me parecía que correspondía mejor a lo que yo buscaba. Entonces quise ir a ese país, conocer, participar, en fin, vivir la experiencia cubana.

Me dirigí entonces a la Embajada de la isla, precisando mi condición de bilingüe debido a mis raíces paternas españolas. Al poco tiempo un compañero me informó que la Agencia Informativa Prensa Latina estaba buscando traductor español-francés.

Inmediatamente me di de baja en mi trabajo de la Prefectura de París y firmé -por dos años- un contrato de traductora con Prensa Latina.

Así fue como, a principios de 1971, llegué a La Habana, con una sola maleta, en un avión Britannia de Cubana de Aviación, y empezó una nueva etapa de mi vida. Todavía no sabía que la experiencia duraría 10 años.

PL: ¿Cómo fue esa etapa en su vida?

MTA: Hoy, mirando atrás, y mirando el mundo, puedo decir que fue una, sino la más importante, etapa de mi vida.

Estaba descubriendo y viviendo en un país libre, soberano, independiente, donde todo el mundo se sentía a la vez orgulloso y responsable de la sociedad que se estaba construyendo, una sociedad más justa, donde se aseguraba comida y techo, donde cada cual tenía acceso -por derecho- al trabajo, al estudio, al deporte, a la cultura, a la salud, etc.

Entonces, mi integración a la vida cotidiana se hizo naturalmente. Fui acogida con mucho cariño -característica del pueblo cubano- y participé con gran entusiasmo en todas las tareas que implicaba la construcción de esa nueva sociedad donde el ser humano tenía el rol fundamental.

El trabajo diario de traducción en Prensa Latina me interesaba mucho, y en seguida participé en todas las actividades.

Participé en todos los trabajos voluntarios, en la agricultura - recogiendo café, tomates en Güines y también en varias microbrigadas de Prensa Latina, donde se expresaban la fraternidad y la modestia ante un trabajo muy duro y donde cada cual aprendía de los demás. Allí me hice í"azulejeadora"!

Y también, como cualquier trabajador cubano, tuve la oportunidad de estudiar Periodismo en la Universidad -y me gradué. Simultáneamente, alcancé un diploma de portugués en la escuela Abraham Lincoln.

Esas actividades múltiples no me impedían participar en las deportivas, culturales o festivas: practicaba judo y tiro en la Universidad.

Asidua de la Cinemateca, descubrí la riqueza del cine de los países socialistas, mientras que no dejaba de asistir a una representación del Conjunto Folklórico Nacional, donde mi amigo Rogelio Martinez Furé cantaba en lengua Yoruba.

Aprovechaba todas las oportunidades para reunirme con los amigos y bailar en Río Cristal o en la Polar y pasear en la magnífica ciudad de La Habana.

En fin, fue una etapa donde traté de poner mi piedra en la construcción del edificio cubano, donde mi sentí útil, y donde también aprendí mucho.

PL: ¿Qué fue lo que más la marcó de esa etapa en Cuba?

MTA: Siempre es difícil escoger entre tantos acontecimientos, que me parecen todos de mucha importancia.

Estar viviendo en un país en Revolución, un país donde los niños tenían al Che como referencia, donde el pueblo expresaba fraternidad y respeto mutuo, era para mí excepcional.

Así me sentía a la vez orgullosa y con gran responsabilidad cuando hacía la guardia de los Comités de Defensa de la Revolución, con mi uniforme de miliciana, del que guardo todavía la camisa y las botas.

Me impresionaba ver cómo todos los compañeros participaban en el trabajo voluntario, una actividad formadora iniciada por el Che para ayudar a la producción e inconcebible en mi país -Francia- donde se cultiva el individualismo.

Me marcó el histórico XIII Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba, donde se discutió el papel del sindicato en un país socialista.

Recuerdo que todas las mañanas, nosotros, los traductores, esperábamos al compañero Fidel quien, imponente en su uniforme, llegaba por una puerta trasera del teatro Lázaro Peña, y vino un día saludarnos. íQué feliz me sentí ese día!

También me impresionaba ver cómo toda propuesta de ley se sometía, de manera muy democrática, a la discusión y aprobación del pueblo, así como el enorme trabajo de la Federación de Mujeres Cubanas para reconocer la igualdad de la mujer y su papel en la sociedad, hoy ejemplo para muchos países llamados "desarrollados".

PL: Después de varias décadas, ¿qué significan para usted Cuba y su pueblo?

MTA: No se puede decir en unas palabras, pero creo que las palabras resistencia, valentía, dignidad, solidaridad, humanidad, caracterizan a Cuba y su pueblo.

Su historia y cultura testimonian varios siglos de luchas. Y desde hace tres generaciones el pueblo cubano defiende con valentía su soberanía y las conquistas de la Revolución frente al criminal bloqueo impuesto por su potente vecino americano quien, a pesar del restablecimiento de relaciones diplomáticas entre los dos países, mantiene la misma política económica y los mismos objetivos en contra de la isla.

Hoy el país está frente al desafío quizás más importante de su historia, o sea, el desarrollo económico en el cual está implicado cada cubano. Las esperanzas y las dificultades se conjugan en la construcción de una sociedad siempre más justa, más humana, y más independiente.

Cuba, con sus dirigentes, sigue siendo ejemplo de resistencia y de lucha para muchos pueblos, no solamente con sus conquistas sociales como la salud y la educación, sino también con su ejemplo de preservación del patrimonio y del medio ambiente.

Dentro del duro contexto mundial, muchas veces hostil para Cuba, su pueblo, artesano de su propio destino, sigue siendo un pueblo acogedor, cariñoso.

Han pasado muchos años desde que viajé a Cuba por primera vez. Hoy, con los avances de la técnica, podemos decir que las distancias se acortan, y con mis viajes frecuentes a la mayor de las Antillas debido a mi trabajo en turismo, puedo decir que ese territorio no me parece tan lejano.

Claro, después de más de 30 años, el mundo ha cambiado y en Cuba también han cambiado muchas cosas.

Se puede lamentar la pérdida de ciertos valores, pero la experiencia vivida y compartida intensamente en ese país único, me incitan a guardar confianza en esa Revolución que demuestra siempre su valiente capacidad en cuestionarse, en reconocer sus deficiencias y en tratar de encontrar soluciones.

Más que nunca, íCuba merece toda nuestra solidaridad!

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar