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Prodigioso bailarín Carlos Acosta orgullece e impresiona en Cuba

La Habana, 15 abr (Prensa Latina) Carlos Acosta sigue siendo un gran bailarín, de esos que colman la escena con su sola presencia, acaba de demostrarlo en su Cuba natal, donde una vez más lo ovacionaron en Don Quijote.

Algunos creían que solo era un rumor o una mentira piadosa que bailaría semejante clásico a sus casi 46 años de edad y tras haberse retirado de ese estilo danzario en 2015, pero Acosta ha sobrevivido retos mayores en la vida.

Volvió a calzar las mallas blancas de antaño, con su elegancia acostumbrada y la sonrisa intacta; volvió a ser el gran partenaire de siempre, deleitó a los admiradores con giros y un manege (círculo de saltos) sorprendente a su edad, pero sobre todas las cosas se metió en la piel de Basilio, fue un artista brillante.

Los triunfos para Acosta se ampliaron pues además de aplaudirle a él, el público del Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso se encantó con su versión coreográfica de Don Quijote, un clásico para nada desconocido en esta plaza y que la compañía Acosta Danza defendió con decoro.

Solo fue posible mostrar unas escenas de la pieza estrenada por el Royal Ballet de Londres en 2013, pero bastaron para entusiasmar, transmitir frescura y dejar al auditorio con ganas, especialmente el cubano, tan apasionado a esta obra y este bailarín.

Precisamente en Don Quijote, la fusión entre danzantes clásicos y contemporáneos se notó menos que en otras propuestas del repertorio. Como director, el artista ha procurado reunir artistas de diversas formaciones académicas y la mezcla en escena, por lo general, no alcanza homogeneidad.

Hay que reconocer el enorme esfuerzo de los bailarines contemporáneos de la compañía por desenvolverse en obras clásicas muy características, un desafío elegido por Acosta para demostrar su apuesta total por la danza toda; mas, los estilos del ballet se recienten.

El danés Augusto Bournonville en el siglo XIX y el inglés Kenneth MacMillan en el XX crearon modos típicos de expresarse con la técnica que cuestan bastante a los profesionales en clásico asimilarlos con la calidad adecuada y Acosta Danza no trabaja constantemente estos lenguajes pues privilegia los vocabularios modernos.

También sufrió la interpretación del Majísimo, de Jorge García, una pieza que a los 54 años de estrenada sigue representando una carta de triunfo para los bailarines cubanos y merece ser cuidada.

Un dueto del británico Frederick Ashton, Voces de Primavera, marcó la diferencia por la fluidez con que Laura Rodríguez y Alejandro Silva asumieron cada detalle, ella espléndida en todo sentido y él un partenaire de lujo, preciso, solícito.

Lástima dos imprecisiones de Rodríguez al final del adagio de Don Quijote, a veces los nervios traicionan en los momentos de mayor tensión y bailar junto a Acosta traumatiza a cualquiera, aunque ella tiene talento y técnica para apabullar si quisiera.

El espectáculo concluyó con un hermosísimo tributo a dos grandes maestros de Acosta: el británico Ben Stevenson y la cubana Ramona de Saá, quienes compartieron en escena la gloria merecida del discípulo.

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