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Hibakushas contra la Operación bandeja de plata

contra el holocausto nuclearLa Habana, 10 jul (ACN) Cuando el 17 de julio arribe a la Terminal de cruceros, de esta capital, el Barco de la Paz, sobrevivientes de los bombardeos atómicos a Hiroshima y Nagasaki que viajan a bordo revivirán sus denuncias sobre las imágenes imborrables de aquel holocausto de hace 73 años.


Desde la primera en 2000, esta será la visita número 18 a La Habana del Peace Boat, una organización no gubernamental con base en Japón que tradicionalmente toca puerto cubano en sus travesías, de acuerdo con el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP).
La institución anunció que el buque emprende su viaje 98 y entre los 25 puertos en que anclará figura el de La Habana, a donde por tradición trae una preciada carga: hibakushas o sobrevivientes y algunos descendientes de aquella barbarie, aprobada por el presidente norteamericano Harry Truman (1884-1972) el 24 de julio de 1945 contra Hiroshima.
Un Foro por la paz constituye uno de los principales actos de los viajeros en esta capital, con el propósito de retomar las narraciones de sus vivencias de aquella inexplicable masacre, como no sea la de un chantaje atómico al mundo, denunciado por el Comandante Ernesto Che Guevara, quien 15 de julio 1959 estuvo en Hiroshima y Nagasaki, la segunda urbe consumida por el hongo nuclear.
Hasta su propio nombre, Operación bandeja de plata, es peyorativo y revelador del desprecio hacia las víctimas del primer aniquilamiento a las 08:15 horas del seis de agosto de 1945, cuando el Coronel Paul Warfield Tibbets, en su fortaleza volante Enola Gay, lanzó el artefacto en su condición de jefe del equipo.
Un hecho demostrativo de la abyección hacia Estados Unidos del entonces coronel Fulgencio Batista Zaldívar, consumado golpista desde 1933 y autonombrado jefe del Ejército Constitucional de Cuba, se puso de manifiesto cuando instalaciones cubanas sirvieron de entrenamiento al sacrificio masivo por el estallido masivo de las dos primeras bombas atómicas de la historia.
En sus Revelaciones a 50 años de Hiroshima y Nagasaki, publicado en el periódico Juventud Rebelde, el colega Luis Hernández Serrano reveló que las tripulaciones de los bombarderos B-29 practicaron en Cuba en virtud de dos pactos militares secretos, firmados con el consentimiento de Batista Zaldívar y otros personajes.
Cuenta Hernández Serrano, considerado cazador de curiosidades, que las tripulaciones norteamericanas radicaron en la base aérea de San Antonio de los Baños, construida por los propios yanquis, y utilizaron también la de San Julián, en Pinar del Río, y una pista de aterrizaje en Camagüey.
Todos los simulacros de bombardeos a grandes alturas y sobre tierra y mar fueron fotografiados, filmados y enviados con urgencia al general Curtis Le May, entonces jefe de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, quien repentinamente lo trasladaron de Europa hacia el sur del Pacífico, añade el veterano periodista.
Aclara que aunque Batista Zaldívar no llegó a conocer el fin de aquellos complejos entrenamientos, aceptó la entrega del territorio nacional, bajo el siguiente vergonzoso pretexto:
“Que nos defiendan los norteamericanos, nosotros haremos lo menos posible o pelearemos con sacos de azúcar”.

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