De recorrido por la carretera que une a esta ciudad -capital de la provincia homónima- con los poblados de San Juan y Martínez y San Luis, es posible percibir casi todo el año el olor peculiar del veguerío de tabaco.
A ambos lados de la vía asoman las parcelas y en el fondo los sitios llamados de 'curación' (para secar de forma natural las hojas), escena típica de Vueltabajo, como se conocía antiguamente esta parte de Cuba.
No faltan en los campos la yunta de bueyes y el arado americano, aperos usados para surcar la tierra antes de cada fase de siembra.
Cubiertos con sombreros, pantalón y camisa de mangas largas, los guajiros -campesinos- prefieren realizar esas labores 'con la fresca' (temprano en la mañana) y en ocasiones al atardecer, cuando el sol castiga menos.
El café recién colado acompaña como trago espiritoso a los cultivadores, quienes desde centurias pasadas bebían un licor llamado guayabita, por obtenerse de la frutilla de igual nombre.
Un viaje por los campos pinareños resulta encuentro casi ineludible con la tradición tabacalera del lugar, cultivo iniciado por los aborígenes y fomentado luego por inmigrantes canarios.
Abundan por doquier anécdotas de famosos vegueros como Alejandro Robaina, otrora embajador de los Habanos.
La finca El Pinar en Cuchillas de Barbacoa, San Luis, es visitada cada día por decenas de viajeros, tanto cubanos como foráneos, para acercarse a los secretos del cultivo y a la fama de ese agricultor.
Surcos, aposentos y labriegos, un paisaje que distingue a la campiña en este extremo de Cuba, el cual tributa casi el 70 por ciento de la producción nacional tabacalera.
La venidera campaña (2017-2018) comenzará en septiembre con el riego de los semilleros distribuidos en casi la totalidad de los municipios de esta provincia.
