A propósito de ello, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) considera que la lactancia materna debe ser valorada no solo como un beneficio para los bebés, las progenitoras y las familias, sino también con una inversión en la salud pública y un ahorro para los gobiernos a largo plazo.
Ese líquido, que no es superado por ningún alimento en la primera etapa de la vida, además de aportar los nutrientes necesarios al recién nacido, contiene una serie de compuestos bioactivos que ejercen efectos biológicos.
Sin embargo, hay madres que por determinadas razones no pueden amamantar a sus niños, situación que propició que algunas criaturas acabadas de nacer se alimentaran de la leche extraída de otros pechos.
Esa realidad fue la antesala del surgimiento de los Bancos de Leche Humana (BLH), cuyos orígenes en Cuba se remontan a principio del siglo XX.
Desde esa etapa hasta los años de 1980 se implementaron bancos de leche que empleaban leche cruda o directa del seno materno. Pero, al demostrarse la transmisión vertical del Sida a través de la leche materna desaparece ese modo de actuar.
Por eso, en el año 2006 se construyó el primer BLH de nuevo tipo en La Habana, pero el desarrollo de la Red no ocurrió hasta el año 2011, como parte de la colaboración de la Unicef, la Agencia Brasileña de CooÂpeÂración y el Programa Iberoamericano de BanÂcos de Leche Humana con el Gobierno cuÂbano y el Ministerio de Salud Pública.
A partir de ese momento, el gobierno de esta nación se enfrascó en la preparación constructiva de locales, así como en la adquisición de equipamiento especializado, insumo de laboratorio y mobiliario.
Para orgullo de este país, ya existen ocho instalaciones de este tipo, y se prevén tres más este año, informó recientemente a la prensa el jefe del Departamento Materno Infantil del Ministerio de Salud Pública (Minsap), Roberto Álvarez Fumero.
Los BHL llegaron para revolucionar la lactancia en la isla, subrayó el especialista, teniendo en cuenta el nivel de aceptación y sensibilidad que se aprecia, a partir del incremento de las madres donantes y el volumen de leche recolectada.
Al decir de Álvarez Fumero, las madres que le sobre su leche deben contactar a su médico y enfermera de la familia, para iniciar el procedimiento establecido para conocer la existencia de enfermedades, hábitos tóxicos y consumo de medicamentos.
Luego, tras el resultado de un análisis de sangre, para descartar alguna infección, podrán ser declaradas donantes.
Una vez cumplido esos pasos, pueden pedir el frasco en esos centros, para almacenar la leche extraída, la cual puede guardarse en el refrigerador hasta siete días y luego llevar los pomos a los bancos para su procesamiento con las medidas higiénico-sanitarias establecidas, para evitar la contaminación de las muestras.
Según el directivo del Minsap, esta iniciativa propició la formación de un movimiento, llamado Hermanos de leche, el cual agrupa a un grupo de jóvenes amamantados con el fluido de otras progenitoras, como resultado de la solidaridad.
ANTECEDENTES DE LOS BANCOS DE LECHE HUMANA
En 1909 se estableció en Viena (Austria) el primer Banco de Leche Humana y sucesivamente se crearon otros dos: uno en Boston (Estados Unidos) en 1910 y otro en Alemania en 1919.
Más tarde en 1921 se crea uno en Buenos Aires (Argentina) y en 1943 en Río de Janeiro (Brasil).
La creación de los BLH tomó fuerza en el continente americano hasta el punto que entre los años 1970 y 1980 existían cinco en Brasil y 30 en Estados Unidos.
Sin embargo, en los años de 1980 por múltiples causas como la inserción de la mujer en el mundo laboral, la medicalización del embarazo y el parto, y por el auge de fórmulas artificiales; la lactancia materna pasó a un segundo plano.
También, la epidemia del Sida provocó que muchos bancos cerraran por temor al contagio a través de la leche materna.
Ante esa realidad, Brasil comprobó que con una pasteurización con el método Holter (tratamiento térmico que calienta la leche durante 30 minutos a 62,5 grados centígrados y la enfría rápidamente a cinco grados centígrados), se desactiva el 100 por ciento de los patógenos y el 99,99 de la flora microbiana.
A partir de ahí, con la existencia de protocolos de actuación en cuanto a procesamiento y control de leche humana se evita la transmisión del Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) /Sida y otras enfermedades.


