Estar en la Zona Roja: orgullo y deber del Dr. Ale

Categoría: covid-19
Escrito por M.Sc. Miguel A. Gaínza Chacón
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FOTO ALO 11Cuando a finales de la década de los años 90, Ale correteaba por el verdor de la finca Los Olivares, loma arriba a un lado de la vía férrea en las afueras del pintoresco poblado de El Cristo, en Santiago de Cuba, lo más cercano que el muchacho tenía de la Medicina eran los galenos que visitaban la comunidad o los que veía en el policlínico de la localidad.

Como niño al fin, lo que sí despertaba su curiosidad era ver cómo aquellos seres con batas blancas se empeñaban tanto en quitarles el dolor a las otras personas. Y así, y aunque nada familiar lo vinculó nunca con la Medicina, Alejandro se graduó como médico en 2019 y su primera tarea como facultativo en servicio social la asumió precisamente en un entorno montuno en verdad, con nombre pintoresco: Bruñí.

FOTO ALO 2En el monte firme está Bruñí, unos cuatro kilómetros después de dejar atrás el poblado La Caoba, barrio montañoso a unos 40 kilómetros de San Luis, bien arriba en el lindero con el municipio de Segundo Frente.

“Sí, me gusta el monte. Es un ambiente sano, natural... es donde mi familia tiene sus raíces.”

Ahora, a finales de este agosto de 2021, cuando se torna tan difícil el combate contra la pandemia de la COVID-19, el joven Dr. Janelver Alejandro Lemous Olivares aprovecha un momento de sosiego en su delicadísima labor en el hospital de campaña, en la zona de Veguita, entre la ciudad de Santiago de Cuba y El Caney, y repasa mentalmente lo vivido y expresa:

“En Bruñí encontré un sitio de gente humilde y muy cariñosa. Como no es lugar de tantos habitantes, un día más que otro, después de cumplir lo previsto en el programa del Consultorio y del ´terreno´, me iba al surco con los campesinos, a ´echarle´ una mano en el campo.

“Con ellos se aprende de todo: sobre crianza de animales, cómo cultivar y sacar más de la tierra, y lo mejor: sobre la medicina verde, que en eso nadie supera a los campesinos.”

Lemous Olivares no llevó hasta el sanluisero Bruñí otro objetivo que no fuera ´el bien y la salud de los enfermos´ como enseñaba a sus discípulos Hipócrates, Padre de la Medicina, figura genial que desmontó que las enfermedades fueran obra de espíritus diabólicos... y que fue el primero en organizar las dolencias en agudas, crónicas, endémicas y epidémicas.

Como fiel cumplidor de los preceptos hipocráticos, Alejandro no dudó un instante en incorporarse al Hospital de Campaña, en Veguitas, cuando llegó al Policlínico 30 de Noviembre, después de vencer su período en Bruñí y Dos Caminos.

“Tan pronto caí en Santiago de Cuba fui para Veguitas. Ahora estoy por quinta ocasión, consecutivamente, en este hospital. Ya sabe: 14 días de trabajo sin salir de este lugar; luego la cuarentena, y pasadas dos semanas en casa, otra vez movilizado. Siento que soy útil; que estoy ayudando a vencer la COVID-19 y eso me estimula a pesar del peligro y de nuevo vuelvo al combate.”

Aun su juventud -nació en el antiguo Centro Gallego, el 29 de diciembre de 1994, y creció en El Cristo- Ale, como le dicen en el medio familiar y de amistades, ya tiene para contar, especialmente cuando crezca la criatura que espera su compañera, la Dra. Adriana; le relatará su tiempo de niño en Los Olivares y de alumno en la Escuela Primaria Roberto Rodríguez Sarmiento, en El Cristo; su paso por la Secundaria Básica Luis Siejas Echemendía y por el Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas Antonio Maceo Grajales.

“Cuando tuve plena noción de lo que deseaba estudiar, escogí la medicina porque es una profesión que se basa en la atención a las personas; que te ayuda a superarte cada día, y a ser más humano y sentir por todas esas personas que uno atiende.”

El joven galeno tiene también sus argumentos sobre la COVID-19:

“... es una enfermedad que nos compete a todos enfrentar; ha llegado en un momento difícil y pienso que, además, nos ha enseñado a todos, a una gran parte del mundo, que lo primero es la salud y el bienestar de las personas, por encima de cualquier cosa material.

“Hemos visto la solidaridad de nuestro país para ayudar a otros pueblos y en reciprocidad, hemos recibido la solidaridad de muchos Estados y personas de buenos sentimientos en un momento de tensión de la Patria; hemos visto agigantarse al personal de la Salud a lo largo y ancho de nuestro archipiélago y situarse en la vanguardia en esta lucha por contrarrestar la pandemia; aun y cuando afrontamos carencias... es cuando más ha crecido la disposición de los médicos, enfermeros, técnicos, científicos; la del pueblo para atenuar esas carencias y que prevalezca la calidad en la atención de los pacientes.

“En Zona Roja estamos mis colegas y yo. También estamos aprendiendo de esta enfermedad. Por ejemplo, las dos primeras misiones que hice junto con mi compañera, la Dra. Adriana, transcurrieron bien; la tercera, bien; pero en la cuarta ya cuando terminaba el ciclo, me infecté.

“Me preocupé como cualquiera pero me mantuve casi asintomático; recibí el tratamiento adecuado y todo transcurrió sin complicaciones.

“Ya Ud. sabe: la familia y muchos amigos enseguida comenzaron a llamarme y en realidad ya a los cinco días resulté negativo. Ese contratiempo no me ha limitado en nada y ya ahora transcurre para mí la quinta ocasión en el hospital de campaña de Veguita.”

Y de la enseñanza y la experiencia recibidas, Ale también opinó:

“Como médico le digo a nuestra población que debe seguir todas las medidas orientadas por el personal de la Salud y las autoridades de cada territorio y que tanto repiten los medios de difusión del país; es muy importante lavarse las manos insistentemente, usar el nasobuco, y respetar el distanciamiento físico. Es mucho mejor, además, permanecer en el hogar, y ante cualquier síntoma acudir a su médico.

“Quiero alertar sobre algo esencial: es que para cuidar a los niños debemos cuidarnos también nosotros, que somos los padres, los familiares; debemos enseñarles a ellos que cada día son más inteligentes, cómo lavarse las manos, usar el nasobuco... porque la familia es su primera escuela.”

Del tiempo en la Zona Roja, el joven médico Alejandro Lemous Olivares dijo finalmente:

“Mi familia en general y mi madre en especial, siempre están atentas por mi salud y mi bienestar; también están orgullosas igual que yo, porque con mi trabajo estoy enfrentando la pandemia, algo que considero un deber y un honor para cualquier médico cubano.”