Protección, entre cuatro paredes

Categoría: covid-19
Escrito por Irma Rivera Sánchez
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Guillermo HierrezueloGuillermo luchó contra la Covid-19 ingresado en su hogar, su historia es ejemplo de cómo el apego al aislamiento puede salvar familias

 La última vez que nos vimos, Guillermo se encontraba bien. Su semblante -aunque parcialmente cubierto por el nasobuco- era el de un joven saludable, ninguna expresión física hacía sospechar que pronto estaría sometido a una prueba de fuego. Ni él mismo podía imaginarlo.

Seguramente durante su labor como diseñador gráfico habrá “montado en página” algún escrito o infografía relacionada con la enfermedad que mantiene en vilo al mundo y que en Santiago de Cuba también encontró terreno fértil para transmitirse, pero nunca pensó que estaría narrando su propia historia de lucha. “Uno siempre piensa -a mí no me va a tocar- pero a cualquiera le toca”, confiesa.

Faltaban solo siete días para recibir la tercera dosis de la vacuna Abdala cuando sobrevino el malestar, intenso desde el primer momento. Sin mucho preámbulo, la Covid-19 se hizo notar en todo su cuerpo, en cada articulación, pronto llegaría la fiebre y Guillermo, precavido, no necesitó más advertencias. En espera de la confirmación, asumió un inviolable aislamiento.

“A esos médicos del cuerpo de guardia, hay que ponerles una medalla en el pecho, todos conocemos las carencias, no es secreto para nadie, ellos allí estaban dando el corazón”. En aquellos días, eran recientes las modificaciones al protocolo para el diagnóstico y manejo clínico de pacientes sospechosos y confirmados a la Covid-19, por ello no fue remitido a un centro de aislamiento y continuó el ingreso domiciliario que ya había adoptado.

Tras un primer test de antígeno negativo, en su hogar mantenían las esperanzas de que estuviera experimentando otro proceso, pero en ningún momento descuidaron la necesaria separación, más porque en el apartamento conviven niños y personas adultas con patologías, grupos vulnerables al virus Sars-Cov-2. En medio de la incertidumbre, el resto de la familia se mudó a una habitación, como medida preventiva, esa fue la “suerte” que los hizo salir airosos, pues finalmente Guillermo no recibió el resultado deseado.

“Emocionalmente no me encontraba bien, tengo una niña pequeña y realmente es preocupante. No podía salir del cuarto, mi esposa era la que me atendía, en todo momento pendiente, higienizando, preparando mis inhalaciones”, cuenta que en un primer momento estuvo sin dudas, decaído.

En la tormenta, calma

“Hacía hasta cuatro fiebres al día, que no bajaban ni con dipirona”, ante la falta de aire, dormir boca abajo fue la alternativa para mantener sus pulmones ventilados, en posición decúbito prono, como orientan los médicos. Su principal temor era volver a experimentar las sensaciones que le provocaban las fuertes crisis de asma que tuvo en la niñez.

“Pasar por la Covid me hizo recordar y remontarme a esos momentos del pasado. Estuve calmado, tenía una ventana, la abría para mirar el paisaje, todo lo que la naturaleza podía brindarme y me sedaba”. Así fueron pasando las horas, un día, otro; entre cuatro paredes, lejos de los suyos por su protección.

“Mi pequeña todos los días me da un abrazo y un beso, y no la pude tocar; ella queriendo ver a papi, no podía. Todos los días me hacía un dibujo”. Asegura que es un privilegiado, a pesar del malestar y las preocupaciones, sus seres queridos estuvieron distantes pero más cerca que nunca.

“Este tipo de experiencia modifica la percepción de la vida. Cuando uno acude a un centro de salud ve personas conocidas, algunas que no conoce, pero dan su testimonio de lo que han pasado y no es fácil. Otras familias han lamentado la pérdida de un ser querido y han tenido que presenciar muchas cosas”, rememora.

Para su esposa Yanin, psicóloga de profesión, lograr un ingreso domiciliario efectivo requiere de un clima favorable, donde el paciente no perciba demasiado estrés. “Ciertamente debe estar muy tranquilo, sosegado, tratando de autocontrolarse; sienten palpitaciones, fatiga, que de por sí los ponen nerviosos y posiblemente eso también haga que les suba la presión y colapsen”, ella fue celosa encargada de que todo se cumpliera al pie de la letra, desde los cuidados a Guillermo, hasta el aislamiento familiar.

Poco a poco, recuperando el cuerpo

“Estoy comenzando a reincorporarme a mi vida, secuela no me quedó ninguna, lo que siento es propio de lo que pasé y poco a poco el cuerpo se va recuperando”, al saber que en su hogar no se produjo contagios, Guillermo comprobó que todo su sacrificio había valido la pena; hoy ya cuenta con las tres dosis del inyectable Abdala.

Según expresara este lunes en conferencia televisiva del Ministerio de Salud Pública, la Dra. María Elena Soto, Jefa del Departamento de Atención Primaria de Salud, el mayor porciento de personas ingresadas en el hogar están teniendo una evolución satisfactoria, la enfermedad ha ido evolucionando con las etapas adecuadas y no han tenido complicaciones, pero –aclaró- “este es un proceso que tenemos que seguir fortaleciendo.

“Es una herramienta sanitaria inherente, parte del programa del médico y enfermera de la familia, que la hemos contextualizado por la situación epidemiológica. Lo establecido es que sean visitados diariamente por el personal de salud, para poder constatar su evolución y tomar la mejor conducta en el momento que corresponda”. La especialista indicó que se han ido adoptando un grupo de medidas porque desde el punto de vista práctico, un consultorio puede verse superado por el número de ingresos domiciliarios, esto complejiza la labor médica.

“En este sentido, se ha reforzado con personal preparando para detectar la sintomatología. El que tiene alto riesgo, si no hay condiciones en la vivienda para que se cumpla de manera adecuada el aislamiento, personas con comorbilidades descompensadas: ingresan en una institución hospitalaria”, destacó.

Yanin sabe que para atender a un paciente aislado en el hogar, las medidas de protección deben estar más presentes que nunca. “Después de tocar la puerta, al recibir los platos, llenar los pomos con agua, iba inmediatamente a higienizarme. Nos hemos quedado con la costumbre de usar el nasobuco en la casa, incluso ahora. Los médicos de familia en Cuba por lo general conocen a la población que atienden, por el fondo habitacional y el tipo de familia, conocen quiénes pueden tener ese nivel de atención, eso también puede apoyar al país”, afirma.

Guillermo todavía advierte indisciplina con respecto a las medidas sanitarias, “el virus se puede coger en cualquier lugar”, expresa en relación a su fuente de contagio. “Mi consejo para la familia cubana es que se cuiden; aunque los tiempos sean difíciles, con una mente positiva uno puede sobreponerse mejor a las adversidades”. Para enfrentar los días de tensiones que vivieron, lo principal fue mantener la ecuanimidad -dice- porque al estar serenos, no se cometen errores.