Mi ciudad está triste. Ya no se escuchan a los trovadores en las esquinas o en los parques. La que antes fuera tan musical, colorida y bulliciosa… para mí la más hermosa de las urbes cubanas, hoy está apagada.
Las personas también andan diferentes: apuradas, como ansiosas y desesperadas. “¿Qué hay aquí? ¿Qué sacaron allá? ¿Y esa cola para qué es?” Y así, como locos, están los santiagueros. Pocas risas, muchas preocupaciones y una pregunta en la cabeza de la mayoría: “¡¿Hasta cuándo será esto?!”
Una respuesta que no sabe nadie pero que está en las manos y en el actuar consciente de todos. Nadie duda que vivimos momentos de mucho estrés, prolongado por casi año y medio desde el inicio de la pandemia de la Covid 19 en nuestro país; sin embargo, he podido percibir un cambio de actitud en los habitantes de esta tierra caliente, y no precisamente para bien.
Así como se acrecienta el rebrote de casos, hay una oleada de incumplimientos respecto a las medidas básicas para evitar el contagio. Seguro usted también lo habrá notado en los últimos días: besos, apretones de manos, nasobucos en bolsillos o en la barbilla, grupos de conocidos conversando en cualquier esquina… como sin nada.
He escuchado frases como: “de todo se cansa uno”, “ya me vacuné”, “no es para tanto, ahora el ingreso es en casa”, “a mí ya me dio y eso no es tan malo”… palabras que realmente me han dejado desconcertada.
Santiago de Cuba se encuentra en una situación muy compleja, presentando a diario cifras de enfermos por encima de los 600 casos, lo que evidencia una elevada transmisión y propagación de este padecimiento que sigue arrebatándonos las vidas de seres muy queridos.
Todavía no estamos nada cerca del control, a pesar de las intervenciones sanitarias con la vacuna Abdala, y todo el arduo trabajo de pesquisa y vigilancia que realizan estudiantes y trabajadores de la salud, además de otros voluntarios de disímiles sectores de nuestra sociedad que hoy están de frente a la epidemia.
Es cuestión de responsabilidad, tanto personal como colectiva. Y en este sentido es preciso llamar la atención a los factores de las comunidades, las organizaciones de masas, los líderes del barrio. Es imprescindible revivir el papel de los CDR, de la Federación, para hacer cumplir allí, en la propia cuadra las medidas de protección, de aislamiento, de higiene.
Los vecinos no pueden tener miedo de llamarle la atención a la familia que permite que los niños estén jugando en las calles; al adolescente que se sienta a conversar sobre las olimpiadas en la esquina, donde generalmente tienen lugar discusiones acaloradas y sin nasobuco; al transeúnte que pasó comiéndose una pizza, y que por tanto no tenía puesta la mascarilla…
Extraño, poder sentarme en el Paseo Marítimo, salir a compartir y a bailar con amigos y familiares; añoro que mi niña corra libre por primera vez en los parques de mi hermosa ciudad… Los estudiantes del primer año han visto pospuestos sus sueños de empezar la universidad; hay quienes quisieran volver a viajar…
Usted también aspira a realizar algo que, por la Covid, ha tenido que aplazar; pero tengamos claro que solo podremos cumplir estos deseos si todos y cada uno de los santiagueros nos ponemos en función de erradicar definitivamente esta enfermedad, y eso solo se logra con conciencia, autocuidado y responsabilidad.