Covid-19: que no sea un recuerdo de nuestros niños

Categoría: covid-19
Escrito por IRMA RIVERA SÁNCHEZ Y YUNIER SARMIENTOS SEMANAT/Fotos: De los autores y tomadas de Internet
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 Con solo cinco años, a Mia Estefani se le diagnosticó la Covid-19, su historia es un ejemplo de la vulnerabilidad de niños y adolescentes ante el padecimiento

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La muerte de una niña de cuatro años con Covid-19, el pasado mes de abril, sumado al aumento del número de contagios en edades pediátricas en Cuba, echan por tierra la falsa creencia de que los infantes no se enferman con el virus, y de ocurrir, no llegan a estados graves.

Pero una cosa es asumir esa realidad por televisión, a las nueve de la mañana, y otra bien diferente, es saber que tu hija de cinco años ha resultado positiva a un PCR. “En un momento se me vino abajo el mundo”, dice Yusmari Elías Ramírez, una santiaguera, madre de dos niños, que –probablemente- tuvo a finales de mayo los días más convulsos de su vida.

En casa de Yusmari todavía se desconoce en qué momento el virus pudo encontrar en Mia Estefani un huésped para refugiarse. La suerte, según alega, es que nadie más en el hogar dio positivo ni siquiera la abuela, una persona que además de ser vulnerable debido a su edad, padece de las típicas enfermedades crónicas no transmisibles que complejizan la respuesta al coronavirus.

Por si fuera poco, también está el otro hijo de Yusmari, dos años mayor que Mía Estefani, compañero de juegos, de cuarto, y de cama. Él salió ileso y con ello aportó cierta tranquilidad, solo eso, pues la tensión no pudo ser evitada, más porque se conocen los padecimientos respiratorios que acompañan a la pequeña, entre estos, el asma.

Al decir de Yusmari, la niña no tuvo complicaciones durante su estancia en el Hospital Infantil Norte “Dr. Juan de la Cruz Martínez Maceira”, donde el personal sanitario le transmitió la seguridad de una recuperación sin contratiempos, a pesar de las reacciones al tratamiento con interferón.

Desde el 30 de mayo, fecha en que ambas regresaron a casa, la madre no ha notado ninguna sintomatología postcovid que requiera de cuidados especiales, aunque según comentó, en una ocasión Mía Estefani sufrió un intenso dolor en las piernas, y ahora está más pendiente que antes a que se cumplan las medidas sanitarias básicas, el lavado de las manos constante y el uso del nasobuco.

Del cuerpo a la mente

“Ella no se lo quita para nada, y se lo indica a cualquiera que venga -oiga el nasobuco- a su hermano también. Me manda a limpiar con cloro, viene y dice -mamita corre, Durán-”, Yusmari reconoce que estas expresiones despertaron su preocupación por el estado psicológico de la niña después de afrontar la enfermedad, juntas tienen un largo camino por delante en el que distintos especialistas evaluarán la repercusión del padecimiento viral.

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La complejidad epidemiológica que presenta la provincia y su incidencia en menores de edad, supone una prioridad para los profesionales de la salud que implementan estrategias enfocadas en la población infanto-juvenil.  El impacto físico y mental de la Covid-19 en este grupo etario es motivo de gran atención, pues no siempre se manifiesta a corto plazo.

“Es una crisis para cualquier familia, funcional o no, y en niños y adolescentes es más intensa. Algunas  personas piensan que al terminar la pandemia acabará todo, cuando nos recuperemos entonces van a aparecer las crisis psicológicas. En la medida en que seamos más responsables con los niños, saldremos airosos”, aseguró a Sierra Maestra la Dra. Isabel María Sánchez, psiquiatra infantil.

En el análisis ‘Impacto psicológico de la COVID-19 en niños y adolescentes’, publicado en 2021, la especialista resume diversas situaciones de estrés que pueden interferir en el desarrollo psicológico del niño, las enfermedades agudas, ingresos hospitalarios y experiencias de separación, figuran entre los eventos más frecuentes. Por tanto, en estos tiempos, los infantes constituyen un colectivo de especial vulnerabilidad.

Valorar su respuesta ante una enfermedad con características de contagiosidad y letalidad como las que presenta la Covid-19, implica varios factores: el desarrollo cognitivo del menor, la severidad con la que haya sido afectado, las características terapéuticas aplicadas y el significado del padecimiento, para ellos y sus familiares.“El proceso depende de los mecanismos que posean para afrontar la situación, mecanismos que les brinda la familia”, recalca la psiquiatra.

Trastornos del sueño y el apetito, dificultad para atender, hiperactividad e irritabilidad, se incluyen entre los efectos directos. En escolares pueden presentarse síntomas de angustia, asociados habitualmente a procesos somáticos, así como señales depresivas. La regresión emocional y conductual es frecuente en preescolares y niños pequeños, pero también ocurre en la adolescencia, describe el estudio.

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Según su experiencia, Sánchez advierte que las alteraciones psicológicas como consecuencia del aislamiento y los cambios en las rutinas son muy frecuentes, incluso sin que llegue a producirse una infección por Sars-CoV-2.De igual modo, repercuten negativamente a nivel cognitivo, emocional y comportamental.

“Manifiestan miedo a contagiarse, a la gravedad que esto implica, los hijos de personas que han trabajado en zona roja -principalmente-muestran el temor a que sus padres se infecten. Algunos lo expresan, generalmente después de los 10 años, los más pequeños, que aún no lo saben identificar porque su nivel de desarrollo no lo permite, lo exteriorizan con la alteración de necesidades, horarios y hábitos.

“Los niños y adolescentes están todavía desarrollando una serie de recursos para confrontar nuevas situaciones, pueden adaptarse a los cambios, pero esto depende del entorno en el cual se desenvuelven”, explicó la doctora. Anticipar el impacto de la pandemia en infantes y disminuir los efectos posteriores a un contagio, requiere indiscutiblemente que se les proporcione un sistema de apoyo dinámico.

Para recuperar la sonrisa

Aun no tiene la edad necesaria, pero Mía Estefani ya quiere aprender a leer, insistentemente expresa su deseo de volver al círculo infantil, allí –cuenta su madre- todos se interesan por el estado de la niña; el regreso dependerá de las consultas programadas para su seguimiento y de que la hemoglobina, finalmente, pueda estabilizársele.

Aunque deben evaluar su condición neurológica y descartar alguna complicación relacionada con el soplo cardiaco que posee desde su nacimiento, el caso de Mía Estefani -por suerte- no constituye un ejemplo de la severidad con la que el virus puede atacar a los más pequeños. Según la literatura médica,en niños y adolescentes contagiados se han manifestado, con cierta repercusión, complicaciones inflamatorias sistémicas.

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Resulta difícil prever con exactitud algún contratiempo, esto depende de diversos factores y comorbilidades, lo cierto es que presenciamos un contexto epidemiológico en el cual la evidencia científica se encuentra en construcción constante. La Dra. Isabel María Sánchez indica la aparición de trastornos post traumáticos de larga evolución, aun cuando el menor rebase el virus sin mayores inconvenientes, por ello –refiere- es recomendable su observación en el entorno familiar.

“Es importante prestar atención a variaciones en rutinas y necesidades básicas, como el sueño y el apetito, pues en ocasiones los niños no expresan sentimientos pero los manifiestan en el comportamiento”, al respecto, destaca el papel del sistema creado para seguir sistemáticamente a la población infanto-juvenil afectada, en el que convergen distintas especialidades.

El saberse acompañados durante este proceso no elimina las angustias de padres y familiares cuando un menor de edad enferma de Covid-19; bien lo sabe Yusmari Elías. A pesar de que su niña evoluciona satisfactoriamente, teme que algún órgano resulte afectado a largo plazo, “toda precaución es poca, para lo que puede pasar, mientras que uno está afuera, todo está bien, pero cuando te sucede, cambia hasta la forma de pensar”, confiesa.

Ciertamente esta experiencia los ha cambiado, son una familia más consciente, más  cuidadosa.La prioridad es que Mía Estefani recupere su vitalidad y mantenga la sonrisa, que sus rutinas educativas vuelvan a ser las mismas, que todo lo vivido se convierta en un mal recuerdo.