Arriesgarse por una causa noble. Voluntarios en la Universidad de Oriente (I)

Categoría: covid-19
Escrito por Irma Rivera Sánchez/Foto: Cortesía de las entrevistadas
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Sierra Maestra recoge testimonios de dos jóvenes voluntarias en el centro de aislamiento de la Universidad de Oriente

universidad de oriente santiago de cubaDesde que comenzó la pandemia, muy pocas cosas han permanecido inmutables. En la Universidad de Oriente no se respira el ajetreo juvenil en busca de saberes, tampoco el intercambio constante entre profesores. Pero ciertamente, el compromiso de quienes se encuentran en Alma Máter oriental sigue siendo el mismo.

En la residencia estudiantil de la sede Antonio Maceo, el trabajo no cesa. Tras ser convertida en centro de aislamiento para pacientes sospechosos de la Covid-19, estudiantes y trabajadores de la institución colaboran voluntariamente con el personal médico, para devolver la esperanza a quienes más lo necesitan.

Marlen Carrasco y Reynileidis Blez TorresAsombra su juventud y la disposición con la que deciden ingresar, a pesar del riesgo. Las estudiantes de periodismo Marlen Carrasco y Reynileidis Blez-Torres, dan muestras de ello. Cursan el segundo año de su carrera y han sido voluntarias en dos oportunidades. Bien saben lo que es asumir retos.

Me aferré a mis miedos

Reynileidis contó con el apoyo familiar, pero afirma que no todos tomaron su decisión de la mejor manera. “Yo sentí la necesidad de ayudar a mi país, se precisaba fuerza de trabajo y los estudiantes debíamos estar allí.

“El miedo comenzó al cuarto día, cuando se detectaron los primeros casos positivos en esa rotación, fue ahí cuando empecé a evaluar lo que estaba haciendo. Pensé en mi familia, en qué podía suceder con ellos si me contagiaba, percibí que debía extremar las medidas de protección.

“Nunca pasó por mi mente desertar, al contrario, me aferré a mis miedos y seguí trabajando por devolverles la sonrisa a los pacientes, por ayudarlos a superar ese momento”. Con tan solo 20 años, asegura que estaría dispuesta a colaborar donde se le necesite.

La enfermedad se siente cerca

Marlen reconoce que los protocolos de seguridad son muy estrictos: “Además del frecuente lavado de las manos, el uso del nasobuco, y la desinfección de las superficies, hay que ser muy riguroso con la manipulación de los alimentos, la limpieza de los cuartos y mantener la distancia a la hora de prestar el servicio. Todo debe realizarse correctamente.

“Nadie está exento de contagiarse, pero cuando estás en un centro de aislamiento, la enfermedad se siente cerca. Trabajas con personas que han sido contactos de pacientes positivos, con grandes posibilidades de serlo también. Temes de principio a fin, por tu salud y la de tus compañeros. Decidí arriesgarme por una causa noble, por esos valores humanistas que me inculcaron y que caracterizan a los cubanos”, explica.

Aunque significaba estar nuevamente lejos de los suyos, Marlen repitió la experiencia como voluntaria cuando la situación epidemiológica del país empeoró. “Las jornadas de trabajo eran agotadoras, aunque nos cuidábamos y ayudábamos entre todos.

“Muchos pacientes resultaban positivos: niños, personas mayores;  recuerdo cuando la madre de una bebé de 10 meses fue confirmada, la niña se quedó con su abuela y pasó prácticamente todo el día llorando. Es difícil. Pensé mucho en mis amigos y en mi familia, siempre que hablábamos me pedían que me cuidara”, confiesa la futura periodista.

Recuerdas el valor de la vida

“Cuando terminábamos de trabajar y nos dirigíamos al lugar de descanso, los pacientes se paraban en sus balcones y gritaban nuestros nombres. Nos decían valientes, y entre frases de agradecimiento nos aplaudían y cantaban.

“La mayor alegría que me deja esta experiencia, es haber conocido a personas maravillosas. Compartir con los profesores, esta vez como compañeros de trabajo, pero principalmente el lazo que se creó entre mis compañeras de aula, que también participaron”, comenta Marlen. 

Para Reynileidis, la mayor recompensa es el agradecimiento de los pacientes. “Todavía me llaman y se interesan por mí, me recuerdan que fui importante en su bienestar emocional mientras estuvieron asilados, esos pequeños detalles son muy especiales”.

Ambas reconocen que esperar el resultado del PCR es un momento muy complicado. “Aunque la tensión se vive de principio a fin, en ese instante pasan muchas cosas por tu cabeza, recuerdas más que nunca el valor de la vida. A pesar de eso, vivimos experiencias únicas”, afirma Marlen, con la satisfacción del deber cumplido.