El círculo infantil, una institución segura
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- Categoría: covid-19
- Escrito por Odette Elena Ramos Colás
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Los círculos infantiles de la provincia de Santiago de Cuba no han parado de brindar sus servicios incluso cuando más se ha arreciado la pandemia de la Covid 19 en el territorio. Sin embargo, muchas familias han optado por no llevar a sus niños y niñas de cero a 6 años para cuidarlos en casa, lo que por disposición de las autoridades del Ministerio de Educación no afecta su matrícula en las actuales circunstancias.
María Elena Mora Árias, médico residente de Higiene y Epidemiología, trabajadora del Centro Provincial de Higiene, Epidemiología y Microbiología (CPHEM) fue una de esas madres que en diciembre del 2020 cuando apareció la segunda oleada de la Covid 19, decidió de conjunto con su esposo sacar a su pequeño del círculo Ana de Quesada al que pertenece, pues según pensó en la casa iba a estar mejor cuidado y la exposición al virus sería menor.
“Lamentablemente, y lo digo con mucha tristeza, mi esposo se contagió. Él es Ingeniero en Telecomunicaciones de la Gerencia de Etecsa y el sábado 22 de enero comenzó con síntomas respiratorios y fiebre. Enseguida y para cuidar al niño le dije que tenía que ir para el policlínico, porque además en Etecsa estaba abierto un foco y la probabilidad de que fuera positivo era muy grande.
“Cuando acude a la mencionada institución de salud le realizan el test rápido y dio positivo. Lo trasladan a la Facultad 2 de la Universidad de Ciencias Médicas y allí le hacen el PCR. La toma de muestras llega el martes 26 positiva, y por supuesto de inmediato lo trasladan al Hospital Ambrosio Grillo.
“Como médico entiendo que todo el mundo no tiene la misma respuesta individual para enfrentar el virus y hay quien responde muy bien y experimenta su mejor forma que es la asintomática; hay quien responde mal y hace una sintomatología muy variada; y hay quien se complica hasta la muerte.
“Humberto, mi esposo, no tuvo la mejor evolución porque todos los días presentaba nuevos síntomas: tos, falta de aire, vómitos, diarreas..., es decir que cada jornada se complicaba más. En medio de tanto dolor e incertidumbre –dijo María Elena con lágrimas en sus ojos-, al quinto día nos hacen el PCR al niño y a mí, que éramos los contactos directos, y mientras yo resulté negativa, nuestro pequeño Mateo había dado positivo a la enfermedad.
“Fue un encuentro de sentimientos y emociones de los que aún no me he recuperado del todo. Mateo siempre estuvo asintomático. Él es un niño muy alegre, cariñoso, pero ya sentía mucho la ausencia de su papá. No es secreto para nadie que su papá es su vida, dado que yo por ser médico hago muchas guardias, no siempre estoy presente y Humberto se encarga mucho de él. La noticia fue muy impactante”.
Visiblemente entristecida y consternada la doctora María Elena Mora, argumentó en su testimonio que fueron muchas llamadas de aliento recibidas: de sus profesores, sus amigos, los vecinos, y las seños y la dirección del círculo infantil.
“Pero nadie podía dar el abrazo que tanto necesitaba, porque también estábamos en medio de un contagio y así es como se debía de actuar. Ingresé con mi niño el lunes 1ro de febrero en el Hospital Infantil Norte, la Ondi, del cual estoy eternamente agradecida porque llegué devastada y allí me dieron la psicoterapia que necesitaba.
“Sentí mucha culpa... ¿cómo habíamos contagiado al niño si lo sacamos del círculo para no exponerlo? Me sobrecogía la tristeza, la desesperación, porque no sabíamos la evolución que él podía tener. Hubiera preferido enfermarme yo mil veces y no él, pues es a partir de los dos años que el sistema inmune de los niños los empieza a defender, y mi Mateo tenía apenas dos años y pocos días. Fue muy complicado.
“Tuve la mejor atención en el Hospital Infantil Norte, pero no dormí esos cinco días. Solo de pensar que si me contagiaba... ¿con quién lo iba a dejar? Mi mamá que es médico internacionalista, está cumpliendo misión en Cabo Verde, en África, salvando vidas también de este coronavirus; y su otra abuela es una señora de avanzada edad, hipertensa, diabética, con una comorbilidad asociada muy grande. Entonces el desasosiego era tremendo.
“Afortunadamente cuando nos tomaron muestras al quinto día del ingreso, su PCR fue negativo al igual que el mío. Y qué alegría llegar a casa, porque mi esposo había sido dado de alta la jornada anterior. En ese reencuentro el abrazo y las lágrimas fueron eternas.
“Después de todo esto aprendí que no es el círculo como pensaba, el que podía haber contagiado al niño, sino que pudo ser en cualquier lugar y con cualquier persona. Y tal es así que después de tres meses de estar en casa fue su papá quien lo contagió: la persona que más lo ama en este mundo, y la que menos quería hacerlo.
“El sentimiento de culpabilidad aún no lo hemos superado, aunque Mateo no se ha quedado con ningún tipo de secuela y se ha incorporado a su vida muy normal”.
Según nos cuenta esta joven epidemióloga santiaguera el lunes 1ro de marzo recibe la llamada de la seño y la directora del círculo infantil Ana de Quesada para que lo incorporara, pues realmente ya no tenía lógica estar en la casa, si en definitiva había quedado demostrado que el hogar tampoco era tan seguro.
“El retorno al círculo ha sido maravilloso, nos recibieron con las manos abiertas estas valientes mujeres que saben enfrentar cualquier situación, aún más desde su posición de educadoras y de formadoras de niños, también como amigas, madres y consejeras.
“Han sido muchos los tropiezos que he pasado en mi andar como madre primeriza, pero las educadoras me han ayudado muchísimo y hoy agradezco realmente que mi bebé esté aquí, bien cuidado, para que yo pueda trabajar con tranquilidad sabiendo que las condiciones y las medidas higiénico sanitarias se cumplen al cien porciento.
“Espero que el coronavirus y la Covid 19 sea solo una amarga experiencia para muchos. Como epidemióloga solo me queda recomendar a los santiagueros que se cuiden, que no bajen la guardia, porque el hecho de que estén disminuyendo los casos en el territorio no significa que no haya un elevado riesgo; y por supuesto en los niños, las embarazadas y los ancianos, todo cuidado es poco dentro y fuera de la casa”.
Emocionada con su propia historia, María Elena concluyó diciendo:
“Creo que los círculos infantiles son instituciones que cumplen con todas las medidas higiénico sanitarias. Yo misma fui parte de un equipo de evaluación que visitó varias de estas instituciones; sin embargo, predominó la madre a la epidemióloga, y me equivoqué. Hoy ratifico lo que comprobé: el círculo es un lugar muy seguro; de hecho, los tres niños que se mantuvieron aquí no se han contagiado, mientras que algunos de los hijos de quienes decidimos sacarlos, han sido víctimas de esta pandemia”.
