De miedos y esperanzas

Categoría: covid-19
Escrito por ODETTE ELENA RAMOS COLÁS
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Dra. Anet ColÃs Ochoa và ctima de Covid 19. Santiago de Cuba11La doctora Anet Colás Ochoa es una joven de 29 años que trabaja en el Hospital Provincial Saturnino Lora de esta ciudad. Ya cumplió misión internacionalista en Bolivia y ahora pone todos sus esfuerzos en culminar su especialidad en Medicina Interna. Para ella la Covid-19 más que una enfermedad por tratar en sus pacientes, ha sido un verdadero desafío… vivido en carne propia.

Aún no entiende exactamente cómo fue, porque dice haber sido estricta con los protocolos de higiene y seguridad, pero asegura que se contagió trabajando en su hospital:

“Durante un turno de guardia comencé a sentir los primeros síntomas: rinitis, tos seca y febrícula. De inmediato fui al cuerpo de guardia del Policlínico Carlos J. Finlay al que pertenezco y allí me hicieron un test rápido que dio alterado, por lo que me trasladaron para el centro de aislamiento de la Facultad 2; siempre con la esperanza de que esta prueba estuviera positiva pero no a causa de la Covid.

“Al día siguiente, el 23 de enero, me realizaron el PCR y dos jornadas más tarde confirmaron la sospecha. Aunque era de esperarse yo estaba en shock. No podía entender cómo era posible si todo el tiempo usaba los medios de protección. Pensé enseguida en mi familia y las altas posibilidades de que todos estuvieran contagiados…

“A mi cabeza llegaban las imágenes de mi bebé de solo un año y dos meses, de mi madre hipertensa, mi esposo asmático como yo, y en todas las personas a las que tal vez había podido infectar y que estaban en riesgo. Retrocedí cada paso desde el momento que comenzaron los síntomas, mil veces en mi mente, y nunca supe quién pudo ser esa persona que me contagió”.

Así testimoniaba, visiblemente consternada la Dra. Anet, al tiempo que recomendaba protección constante, pues a ella nadie se lo contó: la Covid no tiene rostro, se encuentra en cualquier parte, a solo un suspiro de distancia, al simple tacto… al mínimo descuido.

“Fue entonces cuando me trasladaron al Hospital Militar Dr. Joaquín Castillo Duany, y allí estuve hasta el día 2 de febrero que me dieron el alta. Me pusieron tratamiento con Kaletra, Cloroquina y el Interferón, todos medicamentos muy fuertes, y tuve reacciones como vómitos, diarreas y escalofríos. El día antes del egreso hice una especie de alergia a la Cloroquina y hasta hoy estoy lidiando con ella.

“El panorama es bien complejo, tanto que aun siendo médico, una mujer de ciencia, todo ese tiempo rezaba y pedía a Dios mantenerme viva para mi bebé, porque sabía que ella necesitaba a su madre. En realidad allí todos rezábamos los unos por los otros, los demás pacientes te cuentan sus historias y uno se solidariza, y nos apoyábamos como podíamos… Era también una manera de lidiar con esta enfermedad tan terrible menos solos.

“Pero lo peor no fue precisamente lo que yo viví… lo peor fue la incertidumbre hecha certeza cuando al tercer día del ingreso en el Militar, me avisaron que mi niña era positiva y su papá estaba con ella en el “Pediátrico Norte” conocido como “La Ondi”, pues la bebé había presentado síntomas.

“Siempre intenté mantenerme fuerte y estable emocionalmente, pero por dentro era un manojo de miedos, nervios e impotencia… con mucha culpa. Yo fui la responsable de lo que me estaba pasando, de lo que nos estaba sucediendo a todos.

“Corrí con suerte: dos días después de que me dieron el alta mi pequeña ya estaba negativa… pero mi esposo se había contagiado cuidándola. Otro vaivén de emociones. No sabía qué sentir, si estar feliz o llorar. En fin, fueron días muy intensos, y añoraba que él estuviera bien”, dijo Anet Colás.

El Dr. Juan Manuel y la pequeÃa Aly mientras la niÃa se encontraba ingresada con la Covid 19. Santiago de Cuba1El Dr. Juan Manuel Fernández Ávila estuvo ocho días en La Ondi sin despegarse un instante de su pequeña Aly. Le tocó hacer todo lo que en la casa delegaba, y lo hizo muy bien. Durante ese tiempo tuvo que hacer malabares para que la bebé no extrañara a su mamá, a la que estaba tan acostumbrada, y se adaptara además al ambiente menos cálido del hospital.

Hacerle los días más llevaderos a su hija de 14 meses no fue sencillo, agravada la situación por el tratamiento que supone la Covid 19. Pero… ¿qué no hace un buen padre por un hijo?

“Tenía mucho miedo –nos cuenta Juanki, como le dicen todos en la casa-, sobre todo por la salud de la niña, uno nunca sabe cómo ellos van a reaccionar. Pero, por suerte, casi siempre son más fuertes que los adultos. Hay circunstancias en las que uno tiene que crecerse, y era mi responsabilidad estar ahí hasta que le dieron el alta. Entonces me enfermé yo”.

De pocas palabras, el Dr. Juan Manuel, comentó que cuando le hacen el último PCR a la niña también le realizan uno a él y este último da positivo. Ya había percibido pérdida del olfato y del gusto, y luego de ser ingresado sintió también decaimiento y una tos seca. Luego de varios días en tratamiento y de la prueba negativa, ya se encuentra en su hogar, aunque todavía no se recupera del todo.

“Es cierto, tenemos algunas secuelas: debilidad, astenia, fatiga, pérdida de peso y caída del cabello; además de las psicológicas que son posiblemente más delicadas. Me refiero a la ansiedad, el temor a ser contagiados de nuevo y a otras consecuencias más graves que pueden presentarse a largo plazo.

“No podemos perder la oportunidad, no obstante, de agradecer a los excelentes médicos, enfermeras y demás trabajadores del Militar, de La Ondi y hasta del centro de aislamiento, que se entregan a atender a los pacientes, y que aún con los medios de seguridad arriesgan su vida para salvar las de otros y a sus familias.

“El consejo para los santiagueros es cuidarse y no confiarse, el virus está en cualquier lugar y no discrimina, todos estamos expuestos y en peligro. En el caso de mi familia, la enfermedad fluyó de manera favorable, pero para otros el destino no es el mismo, y hay muchos que ya no están para contar su historia”, finalizó la doctora.