“Tía por qué usas nasobuco si aquí en Santiago de Cuba no hay Covid-19”, así me dijeron unas niña cuando iba de camino al círculo infantil a buscar a mis hijos. Les dije: “Para protegerme de las enfermedades”, y seguí mi camino, mientras ellas continuaban jugando en la acera.
Resulta que este hecho es muy común en nuestras calles, solo hay que recorrer Santiago de Cuba para observar a muchas personas sin este importante aditamento. Y aunque en reiteradas ocasiones se ha pedido por las autoridades del territorio el uso obligatorio, cierto es que “como hemos corrido con suerte porque no hemos tenido casos de coronavirus en los últimos días” las personas (no todas) han bajado la guardia y no se lo ponen. ¡Y mira que es importante usar mascarilla!
Estudios recientes epidemiológicos en Santiago de Cuba han demostrado cómo algunas enfermedades de transmisión respiratoria han reducido su incidencia en la provincia, probablemente asociado este patrón al impacto de las medidas aplicadas para la prevención y control de la Covid-19, fundamentalmente el aislamiento y distanciamiento social, el uso de nasobucos y la desinfección concurrente de las manos, objetos de uso frecuentes y superficies.
Al respecto el Doctor en Ciencias Médicas y Máster en Enfermedades Infecciosas, Luis Eugenio Valdés García nos comenta que las Infecciones Respiratorias Agudas (IRAs) se definen como el conjunto de infecciones del aparato respiratorio causadas por microorganismos virales, bacterianos y otros y cuyo cuadro generalmente dura un periodo menor de 15 días con la presencia de los siguientes síntomas: tos, rinorrea, obstrucción nasal, odinofagia, otalgia, disfonía, respiración ruidosa, dificultad respiratoria y que muchas veces puede estar acompañada de fiebre y malestar general.
“En 2019 en Cuba se brindaron 4 millones 389 mil 6 atenciones a estos cuadros, exhibiendo las mayores tasas de incidencia los niños menores de cinco años. Estas enfermedades muestran un patrón estacional, observándose las mayores incidencias en el último cuatrimestre del año. Los agentes etiológicos más vinculados a estos procesos son los virus influenza, rinovirus y sincitial respiratorio”, destacó.
El también Especialista de II Grado en Epidemiología y Profesor Titular de Epidemiología comunicó que en Santiago de Cuba anualmente se registran más de 400 mil atenciones y ocupan el sexto lugar dentro de las principales causas de muerte.
“Durante el 2020 la incidencia de atenciones médicas por IRAs ha mostrado cifras bajas que se inscribían en la zona de éxito del canal endémico. Simultáneamente al descenso de la incidencia de las IRAs hasta lo que va de año, se registraron patrones de variación similares en otras enfermedades de transmisión respiratoria como la varicela, la escarlatina y las meningitis virales, llamando la atención que en todas estas los descensos de la incidencia ocurrieron en el mismo periodo, el cual coincide con la aplicación de las medidas sanitarias antes señaladas para la prevención y control de la Covid-19.
“De las enfermedades de transmisión respiratoria presentadas, tres de estas generalmente muestran sus mayores incidencias en edades pediátricas (varicela, escarlatina y meningitis virales) población que por múltiples razones tuvo un mejor cumplimiento de las medidas de restricción al ser paralizado el curso escolar.
Otra medida que ha tenido impacto en la reducción de la transmisión ha sido el uso del nasobuco o mascarilla”, puntualizó.
La historia ha probado reiteradamente la importancia de este aditamento; fue el cirujano francés, Paul Berger en París, quien registró por primera vez su uso y se extendió entre el personal sanitario para protegerse de las enfermedades infecciosas a principio del siglo XX, destacándose su uso generalizado durante la pandemia de influenza (la gripe española) durante 1918.
Ya en tiempos más recientes países asiáticos como Japón, China y Korea es común que una parte importante de la población utilice este medio de protección de manera regular, ya bien sea para evitar las IRA o por la contaminación ambiental existente.
La pandemia de la Covid-19 ha obligado a generalizarlo demostrando su efectividad para proteger de la infección. Muchos estudios han confirmado que el uso del nasobuco o mascarilla es útil en la reducción de la propagación del coronavirus y de otros agentes que provocan enfermedades de transmisión respiratoria.
Según recomendó el Investigador Auxiliar de la Academia de Ciencias de Cuba y del Instituto Finlay de Vacunas, estas medidas mencionadas anteriormente y que son efectivas para la Covid-19, vale la pena mantener y cumplirlas en periodos cercanos cuando el riesgo de contagio puede incrementarse por la aparición de IRAs, sobre todo en la población infantil, una de las más afectadas por estas enfermedades.