No obstante a los resultados favorables de las últimas semanas en relación con la disminución de casos positivos a la COVID-19, con énfasis en la evolución positiva de provincias como Santiago de Cuba, es imprescindible la continuidad del cumplimiento de las medidas de prevención y control del contagio y la expansión del virus Sars-CoV2.
Las razones indican los riesgos que conllevaría a un posible nuevo contagio, la necesidad del aislamiento social y la cuarentena para erradicar la enfermedad del país, así como el no confiarse en momentos determinantes.
Con el objetivo de profundizar, desde la psicología, en las interioridades de este fenómeno para facilitar su comprensión y correcta asimilación en pos al bienestar social, a partir de los retos que impone la presente etapa, Sierra Maestra conversó con Yamilka Rodríguez Ramírez, Máster en Intervención Psicosocial en el desarrollo humano y Coordinadora Provincial del Programa de Salud Mental y abuso de sustancias.
¿Cuáles son las consecuencias del aislamiento social y la cuarentena para la población?
La sociedad humana se fundamenta en las relaciones sociales entre sus miembros. El hombre como ser social ha llegado a depender de la ayuda de los otros. Desde las ciencias psicológicas el término aislamiento social es más un síntoma que una estrategia, por lo que ha sido momento de análisis científico el cómo puede entorpecer desde la representación social de aislarse, cumplir con responsabilidad y disciplina esta condición.
Y es que el aislamiento sanitario/físico se hace acompañar de notables emergentes psicológicos por las características de la crisis sanitaria actual: súbita aparición y propagación del nuevo coronavirus que trae consigo un prolongado tiempo de convivencia entre incertidumbres, angustias y preocupaciones, junto a cambios bruscos en los estilos y modos de vida.
Estos condicionantes han propiciado alteraciones psicológicas, predominando como principales indicadores de motivo de consulta: trastornos ansiosos, depresivos, mixto ansioso-depresivo, estrés agudo, alteraciones adaptativas, del sueño; el miedo, la ira y la irritabilidad como síntomas más recurrentes.
Sin embargo, desde otro enfoque, la profesión de la Psicología brinda la posibilidad de evaluar diferentes vertientes que permiten explicar otros comportamientos a favor de la resiliencia, que garantiza niveles de afrontamientos óptimos a pesar de las crisis de la cotidianidad. De ahí el aislamiento social a individuos con tendencias proactivas le ha proporcionado la motivación por actuar, crear, facilitar, construir y transformar realidades complejas.
¿Cuáles son las particularidades de este comportamiento diferenciado entre los diferentes grupos etarios: adultos mayores, infantes, adolescentes, jóvenes?
Cada etapa del ciclo vital presenta especificidades. Estas características clínicamente permiten identificar estados de supuesta normalidad o definir diagnósticos psicopatológicos y, por consiguiente, evaluar estrategias para la orientación y la intervención terapéutica acertada.
La pandemia de 2020 ha permitido resaltar las características del psiquismo en los niños y niñas. Es decir, gestionar a nivel psicológico la situación de confinamiento debido a la crisis sanitaria y social causada por la COVID-19, es una tarea nueva y complicada para muchas familias, sobre todo cuando sus hijos preguntan constantemente sobre cada información que inevitablemente reciben por diversas vías.
Retomar la condición de nativos digitales se hace en este tiempo preocupante, porque la infomanía de los adultos y las redes sociales que participan como portadores, en ocasiones de las fakenews o falsas noticias, agravan la comprensión y el procesamiento de información adecuado de esta población.
La fuente más importante de las impresiones de los menores son sus relaciones con las otras personas adultas, y es que la satisfacción emocional contribuye a un desarrollo de la personalidad, de cualidades positivas y una buena actitud hacia los demás y las situaciones de la vida cotidiana.
Por lo que el acompañamiento se hace imprescindible, siempre y cuando el adulto no sea portador del miedo. Nuestros adolescentes acarrean sus crisis normativas, que induce desarrollo, cambio, adaptabilidad. Al agregarle esta emergencia que cambia sus proyectos de vida, la inmovilidad es primaria y casi una reacción “normal”.
Comienzan a suponer favorable la situación de no asistir a clases al mismo tiempo que entrelazan el conflicto de permanecer mucho tiempo en casa, con sus padres y en la monotonía de estar sin compartir con sus grupos de amigos, quienes adquieren un significado especial.
El adolescente y el joven al igual que etapas anteriores, necesitan de un adulto que lo acompañe para recibir, procesar y transformar informaciones, la diferencia es que apoyar no anula la capacidad de autonomía, de decidir, de asumir. Lo anterior es argumentación factible para prestar la debida atención a los comportamientos diversos que pueden surgir en estos tiempos.
La percepción del riesgo, la responsabilidad y la disciplina supone una búsqueda de identidad. La afirmación de conflictos familiares, la flexibilidad para fomentar valores y negociar en familia, consolidan a la comunicación como el único mediador entre las emociones y la realidad, desarrollando habilidades para la vida que le permite lidiar con la adversidad y las oportunidades.
A pesar de esto, la población infanto-juvenil se adapta rápido a las nuevas circunstancias e inmediatamente construye estrategias de aceptación y reorienta sus motivaciones y expectativas. En tanto los adultos mayores son presuntivamente desde la clínica la población más vulnerable, no solo desde la fragilidad evolutiva de su sistema inmunológico, sino por ser una etapa que se condiciona para otras pérdidas.
Junto a la representación social de la pandemia está la pérdida de la capacidad de cuidarse a sí mismo, la motilidad, el miedo a convertirse en una carga para los demás, afectando la autoestima y los estilos de vida. Procesos que con adecuadas redes de apoyo social puede ser transitado sin extremos malestares.
En efecto, la comprensión de nuestras emociones en este tiempo resulta vital para el correcto afrontamiento y actuar ante la pandemia. Desafíos individuales y colectivos que desde la psicología garantizan la salud física y mental.