Un telón verde delimita la zona de riesgo en uno de los pasillos del Hospital Militar Dr. Joaquín Castillo Duany. Desde que a Santiago de Cuba llegara el primer caso positivo al nuevo coronavirus ese centro asistencial ha acogido a los contagiados de buena parte de la región oriental del país.
Tras la cortina se encuentra Leudis Quintero Pérez, un joven psicólogo que durante 13 años ha laborado en ese lugar, y ahora asume el reto de velar por la estabilidad emocional de quienes enfrentan al virus en plena zona roja, desde el personal sanitario hasta los propios pacientes.
"Yo lo estoy haciendo todo, porque no nos podemos centrar solamente en la atención psicológica. El personal que está adentro trabaja bajo un nivel de presión que es muy complejo.
"Y para poder garantizar la dinámica de cuánto hacemos tenemos que volvernos polifuncionales. Eso también compete al psicólogo, que debe trabajar para que el estado de ánimo de todo el que está allí sea siempre alto", dice Leudis mientras toma unos minutos de su otro rol como mensajero para responder algunas preguntas de la prensa.
A él solo logro distinguirle una pequeña porción del rostro, abrigado ahora por el imprescindible nasobuco, un gorro verde en la cabeza y anchos espejuelos que delatan su dificultad para ver bien. Pero en este momento tal detalle no parece importarle mucho.
Con un lenguaje claro y pausado, afirma que con el profesional de la salud lo primero en la zona roja "es mantener un proceso de psicoterapia permanente para que la estadía sea la más eficiente posible, porque son cuatro horas de mucha tensión.
"Después que se termina el turno entramos en una fase de desensibilización sistemática para el logro de la relajación de ese personal que luego irá a descansar"; afirma, y claramente explica que en ocasiones el cansancio supera cualquier intento de terapia. En ese momento llegan otras alternativas:
"La técnica de relajación la estoy aplicando en el horario de almuerzo, que es cuando coincidimos en un mismo espacio. También la hago en los cambios de turno, entre un descanso y otro.
"En algunos momentos estoy en función de gestionar la entrada de medicamentos a la sala para que les llegue a tiempo a los pacientes necesitados. Ese flujo es muy importante y no debe parar", sentenció.
¿Cuánto le ha aportado esta vivencia a su quehacer profesional? El joven psicólogo explica que "mucho" y "parece ser fácil, pero si no se hace conciencia social de lo que estamos viviendo... Es una situación muy intensa que no permite pensar, que tienes que cumplir todo el tiempo con las medidas de seguridad, con un cambio constante de ropa. Una dinámica muy dura porque no tienes la opción de pararte, no te puedes parar.
"Y te hace crecer como profesional porque ves cómo una enfermedad puede acabar con la vida, cómo puede destruir a una persona. En ese instante también te percatas de cómo un grupo de profesionales no descansa para que en Santiago de Cuba siga existiendo la menor cantidad de muertes posibles. Estuve aquí cuando el primero que murió y fue duro. Muy duro", concluyó.