“Al final tuve suerte”: joven médico santiaguero da negativo a Covid-19

Categoría: covid-19
Escrito por MARIA DE JESUS CHAVEZ VILORIO
Visto: 1365

Dr. Carlos foto tomada antes de la pandemia Sierra Maestra Santiago de CubaCarlos Manuel Domínguez Pérez tiene 26 años, y es residente de 3er año de Cardiología del Hospital Provincial Saturnino Lora. Su trabajo era en la primera línea, detectando casos sospechosos, por eso cuando comenzó a tener síntomas fue inmediatamente ingresado. Se me olvidaba decir que tengo el honor de contar a este joven médico entre mis amigos. Es gracias a esa amistad que surge esta entrevista por correo electrónico pues, en su modesto criterio, consideraba que no la merecía. Juzguen los lectores si es cierto o no.

A raíz de la actual pandemia de Covid-19 y su propagación por nuestra isla, el Ministerio de Salud tomó la decisión de crear en múltiples centros del país, tanto en hospitales como en policlínicos, unos cuerpos de guardia especiales, dedicados a la atención y clasificación de los cuadros respiratorios agudos. En caso de precisarlo, estos serían remitidos a una instalación acondicionada para su mejor vigilancia y estudio.

El Dr. Carlos nos cuenta: “En mi hospital, dicho cuerpo de guardia comenzó a prestar servicios a mediados de marzo. Al ser una decisión tomada con tan poco tiempo de antelación, dada la situación en la que nos encontrábamos, se decidió conformar cuatro equipos que trabajarían turnos de doce horas. Estarían conformados por un residente de las especialidades de Medicina Interna, Terapia, Cardiología y Alergia; un enfermero o enfermera y una auxiliar de limpieza; estos trabajarían durante el día junto a un Clínico especialista y una jefa de enfermería.

“Inicialmente se seleccionó a un compañero mío que comenzaría a trabajar inmediatamente en dicho lugar con la idea de, al culminar su período de trabajo de quince días, como se acordó en un inicio, ser relevado por otro compañero designado con antelación. Al iniciar el mes de abril, el reemplazo estaba indispuesto por enfermedad, así que me propusieron ocupar su lugar y relevarlo, a lo que accedí.

SM- ¿Los médicos tienen miedo a la hora de enfrentarse a algo así?

“Pues sí. Sobre todo porque estamos más claros que la mayoría de las personas de lo que significa verdaderamente la enfermedad. Pero desde nuestra formación como médicos se nos cita el Juramento Hipocrático, o la carta de Esculapio, aunque uno no entiende el significado real de esas palabras hasta que le toca vivirlas y actuar en consecuencia.

“Desde un inicio supe que iba a ser una tarea sumamente compleja y que estaría expuesto directamente a contagiarme porque, a pesar de los medios de protección y los cuidados que teníamos, siempre existe la posibilidad, por mínima que sea, y en la que desempeña un rol importante eso que llamamos suerte. La relación con mis nuevos compañeros de trabajo siempre fue lo más cordial posible fomentada, como pasa en muchas ocasiones, por el hecho de sabernos acechados por el mismo peligro.

“Hubo algunas dificultades, claro, porque por más preparado que uno esté para contingencias así, en la práctica lleva algo de tiempo adaptarlo todo. Por ejemplo, los test rápidos no llegaron hasta mi última semana, y notamos enseguida la diferencia, cómo nos facilitaban el trabajo. Pero se fueron venciendo poco a poco los detalles.

SM- ¿Tomaba algún tipo de medidas extraordinarias al salir del hospital?

“En esas dos semanas asistí a una gran variedad de pacientes con cuadros respiratorios, a muchos tuve que remitirlos por sospecha e incluso llegué a atender pacientes que luego fueron confirmados. En mi casa, desde un inicio, me mantuve en cuarentena en mi propia habitación, de la que salía solo a lo necesario, evitando así exponer a mi familia. Mi madre es terapista de experiencia; mi hermano, interno verticalizado en terapia y mi padre, que no pertenece al sector, pero de tanto vivir entre médicos algo siempre se pega, y cooperaron conmigo en este sentido.

SM- ¿Cómo terminó ingresado?

“Ya en mi última semana, comencé a presentar en horas de la noche un cuadro de tos con cierto malestar general y molestias en la garganta. Conociendo a lo que había estado expuesto en los últimos días, se lo comuniqué a mi familia y, al no poder viajar por ser de noche y no haber transporte, ya que vivo en el poblado de Sevilla, acudí al otro día al mismo cuerpo de guardia donde había estado trabajando, pero ya no como médico, sino como paciente.

“Mis compañeros coincidieron con mi criterio, ya que desde un primer momento sabía que iba a ingresar, y a pesar de un test rápido negativo, al tener solo 24 horas con síntomas, tener contacto con casos positivos y estar sintomático, decidieron remitirme al hospital Ambrosio Grillo. En dicho centro permanecí bajo observación varios días hasta que me tomaron la muestra para el PCR (Reacción en Cadena de la Polimerasa por sus siglas en inglés, que se usa para el diagnóstico de certeza) y cuyo resultado dio finalmente negativo de lo que me enteré ya bien entrada la noche.

“Es necesario un apartado para destacar la atención recibida por parte del personal, no solo médicos, sino todo el personal sanitario en general, que se portaron de la mejor forma posible a pesar de las arduas jornadas de trabajo que llevan a cabo y el poco tiempo de descanso que tienen dentro de la institución. También a mis amigos, familia y compañeros de trabajo, tanto antiguos en Cardiología como nuevos en el cuerpo de guardia, que estuvieron pendientes de mi evolución; de ellos recibí mensajes, correos, llamadas e incluso recados a través del teléfono de la sala. Mi odisea terminó en la madrugada, cuando un transporte me dejó en mi casa. En total estuve unos cuatro días ingresado.

SM- ¿Cómo se siente ahora, al pensar en lo cerca que estuvo de haberse enfermado?

“Al final tuve suerte. Desgraciadamente, no solo para Cuba, sino para el mundo entero, muchos no han tenido tanta fortuna, no solo por los millones ya de enfermos, sino por los cientos de miles de muertos que se cobra esta nueva pandemia que nos azota. Espero también que junto a las víctimas se recuerde a las personas que le han hecho frente. No tanto mi caso como el de mi compañero de año, que estuvo en el primer grupo de Grillo, y hace poco me llamó después de regresar a su casa contándome cómo sus vecinos del  edificio lo recibió con un aplauso que le humedeció los ojos. O el otro, que se encuentra en estos momentos en el Hospital Militar, lejos de su niña pequeña a la que no va a poder ver en muchos días.

“Y así el de muchos médicos, enfermeras, técnicos y muchos otros alrededor del mundo, que ya han dado la vida por enfrentar este desastre. Por ellos es que todas las noches, a las nueve, les dedicamos ese merecido aplauso, como débil muestra de agradecimiento porque, en nuestro interior, sabemos que nunca será suficiente.