¡Espérenme! yo también quiero aplaudir

Categoría: covid-19
Escrito por Yanet Alina Camejo Fernández
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niñaaplausostgocuba¿Qué sabe una niña de dos años de reconocimiento a los médicos? Tampoco sabe de Covid-19 ni del esfuerzo que hace un país para salir adelante contra una de las pandemias más fuertes de la historia. Sin embargo cada día a las 9 de la noche, Karol Sofía es la primera en aplaudir.

Esta pequeña de la comunidad santiaguera Los Nuevos Pinos, cercana a tres instituciones hospitalarias que atienden en la provincia a los enfermos por el coronavirus, sorprendió un día a su familia quienes desde el portal aplaudían a los médicos y enfermeras. “¡Espérenme, espérenme!, yo también quiero aplaudir”, dijo con emoción.

El gesto de la niña marcó a todos los presentes, ella que no conoce de esfuerzo, sacrificio, heroísmo y altruismo se sumó a este acto de agradecimiento que por las noches los cubanos les hacen a quienes se encuentran en la primera línea de batalla contra esta terrible enfermedad.

Y es verdad, el personal de Salud, incluidos todos,desde la recepcionista hasta los intensivistas que están salvando la vida, se merecen el reconocimiento del mundo.

Historias de entereza, entrega a sus pacientes, desvelos por las madrugadas y alegrías cuando hay mejoría, sobran por estos días en los medios de comunicación, y hasta al más fuerte se le eriza la piel o se emociona cuando muestran a esos galenos que se encuentran lejos de casa dando lo mejor de sí en tierras lejanas. Valientes, sí, como dice la canción del grupo Buena Fe.

Relatos de heroísmo hay cientos, y aunque no es perfecta, la medicina cubana, pone en muy alto el nombre de este archipiélago a nivel internacional.

Por eso y para que este esfuerzo no sea en vano colaboremos y seamos disciplinados con las medidas orientadas, quedémonos en casa como mejor vía para contener la transmisión y ayudar a que salgamos de esta situación lo antes posible.En estos momentos no hay espacio para la indolencia. Esta tarea se gana con la participación de todos. 

Mientras tanto, las palmadas seguirán siendo el sonido que retumbe en el silencio de las noches, llevando el abrazo, el cariño, la fuerza y el agradecimiento de la nación a estos trabajadores.

Sé que como Karol, son cientos los niños que religiosamente hacen “una fiesta” todos los días a las 9 de la noche.